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ECOLOGIA
Medio Ambiente (I)
Javier Machado, Cubanacán Press
SANTA CLARA, junio (www.cubanet.org) - Ya se
anuncian las lluvias de la retrasada primavera
mientras camino por la ciudad en una mañana
cualquiera de junio. Sus calles adoquinadas, orgullo
de un pasado de prosperidad, han sido sepultadas
bajo capas de asfalto. Las edificaciones muestran
toda la violencia del paso del tiempo, la falta
de pintura y el desorden institucional y ciudadano.
Santa Clara, la ciudad primada y bendecida por
Marta Abreu, se mantiene estática con el
decursar de los siglos, aunque se vaticina que
posiblemente ahora regrese en el tiempo a los
finales del XIX cuando las personas se iluminaban
con faroles y candelabros. En sus barrios más
pobres donde se aglutinaban los esclavos, ahora
libertos, prácticamente no se conoce qué
es el asfalto. Allí la insalubridad se
esparce alrededor de todo el conglomerado humano
como una constante diaria.
Santa Clara no es una excepción. Ocurre
a todo lo ancho y largo de la mayor isla de las
Antillas. Aquí se entremezclan las necesidades,
entiéndase, "de todo tipo", como
en un paraíso afrodisíaco. Para
los santaclareños, la vivienda, la alimentación,
el transporte y la insalubridad son elementos
de un fenómeno que no tiene solución
a la vista. No por gusto los comunicados de la
coalición Todos Unidos, proponen estos
cuatro aspectos como los más acuciantes
para los cubanos residentes en la isla.
En un día tan importante como el 5 de
junio, Día Mundial del Medio Ambiente,
quiero referirme a los elementos fundamentales
que afectan el medio ambiente y al ecosistema,
en este justo minuto en la ciudad y sus alrededores,
aunque haré énfasis especial en
el tema concreto de la falta de salubridad, aspecto
con coordenadas coincidentes al servicio de Salud
Pública, pero con matices completamente
diferentes.
Al hablar de la insalubridad, debo comenzar diciendo
que en la emulación de Servicios Comunales,
es Villa Clara la provincia ganadora a nivel nacional.
Eso nos hace pensar que en otras localidades y
provincias, las cosas andan peor aún que
en esta región donde está enclavada
la capital del centro, otrora el nudo de las comunicaciones
de Cuba.
Aunque se utilicen camiones no especializados
en la recogida de basura y los trabajadores por
cuenta propia con sus carretones tirados por caballos
se esmeran en el trabajo de recoger los desechos
del hogar amontonados en las aceras diariamente,
los elementos sólidos no son recogidos.
Ante esta disyuntiva, los pobladores acumulan
en cualquier espacio vacío los sedimentos
constructivos o, con especial facilidad, son vertidos
en una de las dos corrientes de agua que atraviesan
la ciudad, los ríos Bélico y Cubanicay.
Estos ríos han dejado de ser orgullo de
los santaclareños debido a que, de fuentes
de agua potable, recreación y esparcimiento,
han devenido en dos cloacas corrientes. Por allí
circulan todas las aguas albañales y residuos
de empresas e industrias, rellenando el zócalo
de los ríos, para reducir sus cauces en
la actualidad a dos surcos de agua contaminada,
olvidado para siempre que por allí corrían
sólo aguas cristalinas. Ambos ríos
en su recorrido se unen hacia la parte norte de
la antigua villa, donde en los años de
la república se construyó una planta
de tratamiento de residuales, en desuso desde
la década de 1960.
La planta potabilizadora es hoy un lugar apropiado
para el pasto de los animales, lo que obliga a
la corriente fluvial a verter los residuos a una
laguna de oxidación llamada Arroyo Grande
Uno. Esta laguna constituye todo un monumento
a la insensatez, autora de la mayor contaminación
ambiental que ocurre por los alrededores. Realmente
no es una laguna, sino una obra de ingeniería
o micropresa que almacena un gran volumen de líquido
y todos los residuales y contaminantes de las
industrias, hospitales y del sector residencial.
Arroyo Grande Uno constituye además la
principal fuente de abasto de agua a los canales
y sistemas de riego del mayor plan agrícola
del municipio, el Plan Yabú. Allí
se utilizan esas aguas para el bombeo y rebombeo,
a través de canales, con la finalidad de
irrigar los cultivos, lo que ha dañado
severamente el manto freático. Los habitantes
de la zona, quienes padecen las consecuencias
de la negligencia gubernamental, se ven obligados
a consumir el agua contaminada.
Recuerdo que cuando llegaban subsidios de Europa,
un profesor de Geografía del Preuniversitario
en el campo Yabú 4 se atrevió a
criticar públicamente la situación
de la contaminación de las aguas del Plan
Yabú, granero principal de la zona del
Cubanacán. El profesor, frente a un equipo
de alumnos, presentó una ponencia en la
exposición municipal y provincial de Círculos
de Interés. Los presentes, entre ellos
el jurado, prácticamente no entendían
lo que querían decir los alumnos en la
ponencia oral, con todos los símbolos de
elementos químicos enunciados y los nombres
científicos de parásitos y enfermedades.
Pero cuando el jefe del equipo anunció
que demostrarían todo lo explicado prácticamente,
los que estaban semidormidos abrieron sus ojos
alarmados.
Utilizando un recipiente de cristal con unos
peces de agua dulce traídos de otro lugar,
comenzaron a mezclar con un gotero, elementos
químicos en porcentajes inferiores a los
de los metales pesados que contenían los
residuales, provenientes de una sola industria;
la INPUD, encargada de producir utensilios domésticos,
y construida a principios de la Revolución.
Antes de tres minutos, los peces comenzaron a
buscar el oxígeno en la superficie del
agua, para morir antes de cinco. Era una denuncia
viva delante de todos. Los valientes muchachos
dijeron que los peces que vivían en la
actualidad en aquel ecosistema se habían
adaptado a las condiciones de la contaminación,
pero podían transmitir enfermedades y daños
irreparables a largo plazo a las personas que
los consumieran.
Hoy en día, elementos inescrupulosos o
ignorantes pescan en Arroyo Grande Uno para luego
vender por toda la ciudad a precios módicos
los peces allí capturados.
Pero de la misma forma que está afectado
el manto freático de la zona del Yabú
también lo está el de Santa Clara,
siendo ésa la razón por la que difícilmente
no estén contaminadas las aguas de los
pozos construidos aquí con el objetivo
del abastecimiento de agua potable de las viviendas,
agudizados con la construcción de letrinas
sanitarias en los patios ante el deficiente servicio
de alcantarillado para el traslado de las aguas
y residuos albañales.
Es muy común ver a los niños descalzos
caminando o jugando dentro de las aguas albañales
que corren por las cunetas de las calles o por
el medio de ellas, por salideros en la red de
alcantarillado.
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