PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 3, 2004
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ECOLOGIA
Medio Ambiente (I)

Javier Machado, Cubanacán Press

SANTA CLARA, junio (www.cubanet.org) - Ya se anuncian las lluvias de la retrasada primavera mientras camino por la ciudad en una mañana cualquiera de junio. Sus calles adoquinadas, orgullo de un pasado de prosperidad, han sido sepultadas bajo capas de asfalto. Las edificaciones muestran toda la violencia del paso del tiempo, la falta de pintura y el desorden institucional y ciudadano.

Santa Clara, la ciudad primada y bendecida por Marta Abreu, se mantiene estática con el decursar de los siglos, aunque se vaticina que posiblemente ahora regrese en el tiempo a los finales del XIX cuando las personas se iluminaban con faroles y candelabros. En sus barrios más pobres donde se aglutinaban los esclavos, ahora libertos, prácticamente no se conoce qué es el asfalto. Allí la insalubridad se esparce alrededor de todo el conglomerado humano como una constante diaria.

Santa Clara no es una excepción. Ocurre a todo lo ancho y largo de la mayor isla de las Antillas. Aquí se entremezclan las necesidades, entiéndase, "de todo tipo", como en un paraíso afrodisíaco. Para los santaclareños, la vivienda, la alimentación, el transporte y la insalubridad son elementos de un fenómeno que no tiene solución a la vista. No por gusto los comunicados de la coalición Todos Unidos, proponen estos cuatro aspectos como los más acuciantes para los cubanos residentes en la isla.

En un día tan importante como el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, quiero referirme a los elementos fundamentales que afectan el medio ambiente y al ecosistema, en este justo minuto en la ciudad y sus alrededores, aunque haré énfasis especial en el tema concreto de la falta de salubridad, aspecto con coordenadas coincidentes al servicio de Salud Pública, pero con matices completamente diferentes.

Al hablar de la insalubridad, debo comenzar diciendo que en la emulación de Servicios Comunales, es Villa Clara la provincia ganadora a nivel nacional. Eso nos hace pensar que en otras localidades y provincias, las cosas andan peor aún que en esta región donde está enclavada la capital del centro, otrora el nudo de las comunicaciones de Cuba.

Aunque se utilicen camiones no especializados en la recogida de basura y los trabajadores por cuenta propia con sus carretones tirados por caballos se esmeran en el trabajo de recoger los desechos del hogar amontonados en las aceras diariamente, los elementos sólidos no son recogidos. Ante esta disyuntiva, los pobladores acumulan en cualquier espacio vacío los sedimentos constructivos o, con especial facilidad, son vertidos en una de las dos corrientes de agua que atraviesan la ciudad, los ríos Bélico y Cubanicay.

Estos ríos han dejado de ser orgullo de los santaclareños debido a que, de fuentes de agua potable, recreación y esparcimiento, han devenido en dos cloacas corrientes. Por allí circulan todas las aguas albañales y residuos de empresas e industrias, rellenando el zócalo de los ríos, para reducir sus cauces en la actualidad a dos surcos de agua contaminada, olvidado para siempre que por allí corrían sólo aguas cristalinas. Ambos ríos en su recorrido se unen hacia la parte norte de la antigua villa, donde en los años de la república se construyó una planta de tratamiento de residuales, en desuso desde la década de 1960.

La planta potabilizadora es hoy un lugar apropiado para el pasto de los animales, lo que obliga a la corriente fluvial a verter los residuos a una laguna de oxidación llamada Arroyo Grande Uno. Esta laguna constituye todo un monumento a la insensatez, autora de la mayor contaminación ambiental que ocurre por los alrededores. Realmente no es una laguna, sino una obra de ingeniería o micropresa que almacena un gran volumen de líquido y todos los residuales y contaminantes de las industrias, hospitales y del sector residencial.

Arroyo Grande Uno constituye además la principal fuente de abasto de agua a los canales y sistemas de riego del mayor plan agrícola del municipio, el Plan Yabú. Allí se utilizan esas aguas para el bombeo y rebombeo, a través de canales, con la finalidad de irrigar los cultivos, lo que ha dañado severamente el manto freático. Los habitantes de la zona, quienes padecen las consecuencias de la negligencia gubernamental, se ven obligados a consumir el agua contaminada.

Recuerdo que cuando llegaban subsidios de Europa, un profesor de Geografía del Preuniversitario en el campo Yabú 4 se atrevió a criticar públicamente la situación de la contaminación de las aguas del Plan Yabú, granero principal de la zona del Cubanacán. El profesor, frente a un equipo de alumnos, presentó una ponencia en la exposición municipal y provincial de Círculos de Interés. Los presentes, entre ellos el jurado, prácticamente no entendían lo que querían decir los alumnos en la ponencia oral, con todos los símbolos de elementos químicos enunciados y los nombres científicos de parásitos y enfermedades. Pero cuando el jefe del equipo anunció que demostrarían todo lo explicado prácticamente, los que estaban semidormidos abrieron sus ojos alarmados.

Utilizando un recipiente de cristal con unos peces de agua dulce traídos de otro lugar, comenzaron a mezclar con un gotero, elementos químicos en porcentajes inferiores a los de los metales pesados que contenían los residuales, provenientes de una sola industria; la INPUD, encargada de producir utensilios domésticos, y construida a principios de la Revolución. Antes de tres minutos, los peces comenzaron a buscar el oxígeno en la superficie del agua, para morir antes de cinco. Era una denuncia viva delante de todos. Los valientes muchachos dijeron que los peces que vivían en la actualidad en aquel ecosistema se habían adaptado a las condiciones de la contaminación, pero podían transmitir enfermedades y daños irreparables a largo plazo a las personas que los consumieran.

Hoy en día, elementos inescrupulosos o ignorantes pescan en Arroyo Grande Uno para luego vender por toda la ciudad a precios módicos los peces allí capturados.

Pero de la misma forma que está afectado el manto freático de la zona del Yabú también lo está el de Santa Clara, siendo ésa la razón por la que difícilmente no estén contaminadas las aguas de los pozos construidos aquí con el objetivo del abastecimiento de agua potable de las viviendas, agudizados con la construcción de letrinas sanitarias en los patios ante el deficiente servicio de alcantarillado para el traslado de las aguas y residuos albañales.

Es muy común ver a los niños descalzos caminando o jugando dentro de las aguas albañales que corren por las cunetas de las calles o por el medio de ellas, por salideros en la red de alcantarillado.



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