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AGRICULTURA
El talón de Aquiles
de la zafra (II)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - En 1862
el sabio cubano Alvaro Reynoso escribió:
"No me cansaré de censurar la conducta
de los hacendados que dejan de atender los cuidados
más urgentes y se dedican a sembrar desde
primavera hasta finales de julio". Si sustituyéramos
el término "hacendado" por el
de dirigente, bien podría ser el consejo
de un tecnócrata actual que con toda la
razón del mundo se dirige a una dirigencia
que sólo sabe cumplir "órdenes
de arriba".
La siembra y la atención a las cañas
es uno de los problemas clave de este proceso.
La estrategia de siembra aplicada hasta el presente
consiste en sembrar más del 50 % de la
caña en el período menos apropiado,
la llamada Siembra de Primavera, dejando de esa
forma de atender debidamente las caballerías
de retoño que representan producción
segura.
Las socas y los retoños constituyen entre
el 80 y el 90 % de la caña a moler en la
zafra venidera y son, por lo general, desatendidas
en el momento crítico, los meses de marzo
a junio, período en el cual el esfuerzo
se concentra en las siembras.
Lo conveniente y apropiado sería desplazar
las labores de siembra hacia el período
óptimo, entre julio y septiembre, conocida
como Siembra de Frío, que proporciona mayores
rendimientos y garantiza el crecimiento de la
producción en los próximos 18 meses.
En el período de marzo a junio lo recomendable
es sembrar cultivos de ciclo corto, como maíz,
boniato, calabaza y soya entre otros, en las tierras
que posteriormente serán sembradas de caña
y después, con un laboreo mínimo
preparar los terrenos para la siembra de caña
de frío. Así, además de mejores
rendimientos, se logra la diversificación
necesaria y la recuperación de la riqueza
de esas tierras.
Otro aspecto que incide en los resultados negativos
de la agricultura cañera es el bajo nivel
poblacional de la planta en los sembrados. Se
considera que alrededor del 30 % del terreno sembrado
de caña carece de ese cultivo, lo que contribuye
a los bajos rendimientos y al mal aprovechamiento
de los fertilizantes.
Los fertilizantes son costosos y sólo
se recomienda su empleo donde mejores resultados
se obtengan. En la actualidad, una tonelada de
amoniaco y una de urea equivalen a 10 y 6 toneladas
de esos fertilizantes aplicados en la década
de los 80. Y como es de suponer, la desolación
de las áreas cañeras incide negativamente
en el aprovechamiento de los fertilizantes.
En cuanto a los hierbicidas, actualmente se consumen
217 gramos por tonelada de caña, mientras
que en la década de los 80 sólo
se consumían 108. Esa desproporción
negativa, en medio de la carestía de esos
medios por su alto costo y efecto perjudicial
al medio se debe, en lo fundamental, al bajo volumen
de caña obtenido por área.
Un estudio realizado hace algunos años
por el Centro de Estudio de la Economía
Cubana (CEEC) y el Centro de Investigaciones de
la Economía Internacional (CIEI), ambos
de la Universidad de La Habana, señaló
una serie de factores que también inciden
negativamente en la producción agrícola
cañera, entre ellos la falta de calidad
en la preparación de las tierras, que violenta
el ciclo requerido. Tampoco la calidad de la semilla
empleada en la siembra es la apropiada, y empeora
la situación el empleo de fuerza de trabajo
movilizada, no capacitada técnicamente
para esas labores y para colmo, con muy poco control
de la actividad por parte de los responsables
de los sembrados.
Influyen también, según opinión
autorizada de los investigadores, la elaboración
de elevados planes que no se corresponden con
las posibilidades objetivas de las unidades productivas
ni con sus recursos, en aras del cumplimiento
de un plan diseñado por instancias superiores,
más políticas que económicas
y el empleo de tecnologías de elevado insumo
y costos.
La maquinaria agrícola y sus implementos
tienen largos años de vida y su depreciación
es elevada, con un mayor consumo de combustibles
y lubricantes y alto índice de roturas,
con carencia de numerosos repuestos, provocando
con ello un elevado gasto, cuando lo mejor sería
su renovación.
También inciden los problemas organizativos
de las campañas de siembra, por no poseer
una adecuada programación y no considerar
esa actividad como una inversión. Ello
trae un bajo nivel de participación de
las UBPC (Unidades Básicas de Producción
Cooperativas) en la preparación de las
tierras por falta de implementos.
La hierba y su eliminación es otro elemento
importante en el proceso. Según los especialistas,
anualmente se producen pérdidas ocasionadas
por las malas hierbas del orden de los 2 millones
de toneladas de azúcar. Como el costo de
los hierbicidas es muy elevado en el mercado internacional,
la actividad se realiza principalmente de forma
manual, y no siempre con la calidad necesaria.
No existe el concepto de limpiar de malas hierbas
primero, y sembrar después, lo que ocasiona
pérdidas y elevados niveles de baja población
en los sembrados.
Estos son algunos de los elementos que determinan
que la agricultura cañera sea el talón
de Aquiles de la zafra azucarera cubana, pero
no son los únicos. El mal es de fondo y
viene de más atrás, de esos primeros
años del inicio del castrismo, y por mucho
que se ha tratado de dar soluciones -porque conocimiento
y experiencia en estas labores hay- los frenos
vienen "de arriba", del sistema político,
económico y social.
El
talón de Aquiles de la zafra (I)
El
talón de Aquiles de la zafra (III)
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