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PRISIOINES
¿Quién eres?
Guillermo Fariñas Hernández,
Cubanacán Press
SANTA CLARA, junio (www.cubanet.org) - Un día
de principios de enero de 2003 fui sacado junto
al colombiano Mauricio de la celda 1 de la Sala
de Penados por delitos contra la Seguridad del
Estado que radica en el hospital militar Carlos
J. Finlay de Ciudad de Habana, pasando a la que
tenía el dígito 3. Allí estabas
tú, Léxter Téllez Castro.
Tengo dudas, muchísimas, especialmente
después del 26 de abril de este año,
por eso quiero preguntarte; ¿Quién
eras verdaderamente cuando compartimos juntos
durante dos meses y algunos días, las mismas
ideas, esperanzas y sufrimientos?
Eres un hombre joven, diría que demasiado
para el sofisticado adversario al que nos enfrentamos
a diario, pero venías bien recomendado.
Cantaban loas sobre ti Berta Antúnez, Martha
Beatríz, María Elena Alpízar,
Juan Carlos González Leiva y otros excelentes
cubanos.
A la hora de las comidas te echabas a llorar
porque te avergonzabas ante mi inclaudicable situación
de prolongado ayuno. ¿Eran tus lágrimas
verdaderas o el resultado de un entrenamiento
histriónico?
¿Fue un montaje tu enfrentamiento físico
con el guardia que me faltó el respeto
en una de aquellas mañanas? Conozco que
dentro de cualquier red de contrainteligencia
existen los "agentes afectivos" ¿Intentabas
manipularme o consolidarte como un agente friend
o amigo?
Recuerdo que un día me propusiste, cual
un hijo, que comiera a hurtadillas debajo de las
sábanas. Fue cuando te dije que era un
hombre de principios y no aspiraba a ser un farsante.
Varias veces me pediste disculpas por el incidente,
posiblemente porque ya habías reconocido
que los opositores pacíficos no somos eso
que dice la propaganda castrista o ¿era
una trampa con vídeo del departamento 21?
Posiblemente ya habías comprendido que
con los represores cubanos no se puede traspasar
la línea divisoria porque su máxima
es "Roma paga a los traidores pero después
los desprecia". Comprendiste que la crudeza
de los policías políticos no tiene
límites y ahora ya no recuerdan las delaciones
anteriores. Sencillamente eres un hijo más
de Saturno.
Creo en el hombre como ser social, pero no asimilo
debilidades, por eso admiro la posición
digna de Pedro Luis Boitel y sueño, como
Martin Luther King.
No sé si se te habrán cerrado las
puertas del paraíso. Pero como ves, sigo
teniendo dudas, porque no sé aún
a quién dirijo estas líneas, si
al agente Ignacio del Departamento de Seguridad
del Estado o a Léxter, el opositor que
conocí entre rejas.
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