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AGRICULTURA
El talón de Aquiles
de la zafra (I)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - En el siglo
XIX el sabio cubano Alvaro Reynoso alcanzó
celebridad mundial por sus estudios sobre la caña
de azúcar. El cultivo de esta gramínea,
proveniente de la India, estaba en su apogeo cuando
décadas atrás los esclavos haitianos
destruyeron los ingenios y los campos de la perla
del imperio colonial francés, en esos momentos
la principal productora del dulce en el mundo.
El sabio cubano brindó entonces importantes
consejos a la agricultura cañera, con la
convicción de que del buen resultado del
cultivo, la cosecha y el corte de la caña,
dependía en alto grado la producción
de azúcar. Pero dice un refrán que
"nadie es profeta en su propia tierra"
y él no fue la excepción.
Muchas décadas transcurrieron para que
los colonos cubanos consideraran sus consejos.
El primero de ellos, lograr siembras intensivas
y no extensivas, como se hacían anteriormente.
A mediados del pasado siglo los colonos cubanos
tenían buenos rendimientos por hectárea,
y se realizaron las zafras más grandes
de la historia hasta ese entonces.
Pero a partir de 1959 esa situación se
revirtió. Con una concepción "científica"
y utópicos planes de producción
millonarios, el trabajo de los colonos de más
de medio siglo se vino abajo. Se expandió
el cultivo que, carente de los cuidados necesarios,
se hizo extensivo disminuyendo el por ciento de
población cañera en los campos y
bajó el rendimiento de azúcar por
tonelada de caña cortada. Se diversificaron
las variedades de la planta para hacer más
vital el sistema ante el surgimiento de nuevas
plagas, pero las nuevas eran de menor rendimiento
en sacarosa.
Los años 80 fueron en su conjunto los
de mejores resultados en la producción
de azúcar del período castrista.
En la década entre 1982 y 1992 todas las
zafras fueron de más de 7 millones de toneladas
del dulce y los rendimientos cañeros se
ubicaron en más de 51 tonelada por hectárea.
Dos contiendas, la de 1989 y 1990 lograron más
de 8 millones 100 mil toneladas, y la primera
alcanzó la cifra récord de 64 toneladas
de caña por hectárea, con 83,138
toneladas de caña molida en la cosecha,
hazaña no igualada.
Esos logros se debían, en primer lugar,
al apoyo soviético y del llamado campo
socialista, que permitía disponer de grandes
recursos en mecanización, combustible,
fertilizantes, hierbicidas y pesticidas y todo
el aseguramiento material necesario, ya que la
Unión Soviética pagaba el azúcar
cubano a precios preferenciales.
Tal uso de los adelantos técnicos tuvieron
un alto costo en el aspecto ambiental y agrotécnico.
La mecanización provocó la compactación
de los suelos, y el corte de las cuchillas de
las combinadas dañó las cepas -los
especialistas consideran que tal corte provoca
pérdidas entre el 15 y el 20 % de la caña
molible y presenta en su aplicación altos
costos.
El uso de grandes cantidades de agentes químicos
en forma de fertilizantes, hierbicidas y pesticidas
rompió el equilibrio en diferentes sistemas
ecológicos, que todavía no se han
recuperado. En fin, es más el daño
que la ganancia productiva, muy por el contrario
de los consejos del sabio cubano.
La crisis azucarera se hizo notar en 1993, cuando
las zafras se redujeron bruscamente a cantidades
que no excedieron los 4 millones 400 mil toneladas.
El sistema azucarero cayó en bancarrota,
y de nada valía la sustitución de
ministros y la remoción de cuadros a todos
los niveles. Las causas del desastre se patentizaban
en todos los sectores del sistema, pero especial
resonancia tenía el pobre rendimiento de
la agricultura cañera, privada ahora de
todos los medios técnicos y químicos
ante la caída del "socialismo real
europeo".
El rendimiento agrícola de la caña
nacionalmente cayó a la mitad de los años
80, no superando las 39 mil toneladas por hectáreas.
En 1993, año en que se inicia el derrumbe
azucarero, la superficie de caña cosechada
fue de 1,550,000 hectáreas, pero se molieron
sólo 58 mil toneladas y el rendimiento
agrícola fue de 37,4 toneladas por hectárea.
Se une a eso la mala estrategia de subordinar
las posibilidades técnicas y de producción
a la obtención de un resultado productivo,
alegando la necesidad imperiosa de cumplir compromisos
de exportación y la consecuente obtención
de divisas. Para nadie en Cuba es un secreto que
el tiempo óptimo de zafra se inicia a mediados
de noviembre o diciembre y debe concluir a finales
de abril, poco antes de la entrada de la época
de lluvias.
Sin embargo, se hizo habitual que la zafra se
extendiese a mayo y hasta junio en muchos casos,
cuando bajan los niveles de rendimiento y con
ello la eficiencia, y lo peor, ante la falta de
caña disponible se cortaban las cepas planificadas
para las zafras venideras, sin estar éstas
en su estado óptimo de maduración.
Es decir, pan para hoy y hambre para mañana.
Pero éstos no son los únicos elementos
de lo que constituye el talón de Aquiles
de la zafra azucarera cubana, que se concentra,
en lo fundamental, en la agricultura cañera.
El
talón de Aquiles de la zafra (II)
El
talón de Aquiles de la zafra (III)
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