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ECONOMIA
Los sin tierra del
Caribe
Roberto García Cabrejas, Partido del
Pueblo
SANTIAGO DE CUBA, mayo (www.cubanet.org) - He
llegado a una triste e inevitable conclusión:
los cubanos que vivimos en la Isla no somos sólo
pobres, sino que vamos más allá.
Entramos en la categoría de indigentes
obligados a vivir como tales, y que la menor intención
de soñar siquiera con un poco de prosperidad,
e intentar, como todo ser humano con sentido común,
modernizar y mejorar nuestras paupérrimas
formas y estilos de vida, resulta una ofensa,
y a su vez un desafío al gobierno de la
Isla.
Es conocido que algunas personas en Cuba que
obtienen pequeños ingresos que les proporcionan
utilidades para sobrellevar la vida diaria (entiéndase,
por ejemplo, poseer un auto, equipo de CD, video
y algunos adelantos tecnológicos inalcanzables
para los cubanos del siglo XXI) son miradas con
recelo y tildadas de imperialistas, egoístas,
consumidores, despilfarradores, y para colmo,
son acusadas de traidores espirituales a las conquistas
del socialismo. Para estos "traidores"
con afán de desarrollo y progreso, las
autoridades han creado un aparato de espionaje
interno, encargado, junto con los Comités
de Defensa de la Revolución, de un chequeo
constante de los ingresos económicos que
poseen, qué comen, qué beben, qué
marca de ropa usan, y hasta qué preservativos
utilizan para hacer el amor.
Es así que ya podemos decir sin temor
a equivocarnos que existen cuatro categorías
de cubanos: los indigentes, los pobres, una clase
media y otra muy rica; esta última caracterizada
por dos elementos: el compromiso político
y la impunidad de que gozan, ya que son protagonistas
dentro de la élite del poder.
En la categoría de los pobres, que se
pueden calcular en un 60 por ciento, encontramos
agrupados a deportistas de alto rendimiento, cantantes
y músicos ideológicamente bien definidos,
médicos que se encuentran laborando en
otras naciones supuestamente bajo las banderas
del internacionalismo (pero que cobran sueldos
en divisas), personas que reciben remesas del
exterior (fundamentalmente de los Estados Unidos),
así como dulces y simples "jineteras"
(prostitutas).
En alrededor del 30 por ciento se encuentran
los indigentes, sector poblacional con un modesto
salario de 230 pesos mensuales (8 dólares).
Estas personas posiblemente visiten dos veces
por año las tiendas recaudadoras de divisas,
ya que al año perciben 96 dólares
que, canjeados en moneda nacional equivaldrían
a 2,592 pesos.
Podríamos decir que existe un 5 por ciento
de personas que ocuparon altos cargos en diversos
ministerios en un momento dado, y que extorsionaron
de tal manera que les ha permitido asegurar de
cierta forma el futuro. Estos señores pertenecen
a una esfera de clase media, y dicho esto, si
tenemos en cuenta que la corrupción es
un fenómeno global, social, político,
y también del sector privado, y que en
nuestra Isla, como todos conocen que el término
privado pertenece exclusivamente a los baños
públicos, vemos descaradamente cómo
las riquezas son repartidas entre unas pocas personas
cercanas al poder político. Esto, indudablemente,
alarma considerablemente cuando somos un poco
más de 11 millones de cubanos.
Negarle a los cubanos el desarrollo económico
y social, privarlos de los derechos humanos elementales,
así como de la verdadera libertad, ha sido
una constante por más de 45 años.
Vemos con dolor y sana envidia cómo los
países democráticos del mundo se
agrupan en bloques económicos para el mejoramiento
de sus pobladores y sus respectivos países,
llámese Unión Europea, ALCA, MERCOSUR,
mientras que aquí en la Isla un grupo conocido
de fanáticos del poder recortan día
a día la canasta familiar del criollo,
que en vez de incrementarse va en declive estrepitosamente.
Es inconcebible que Cuba, tradicional productor
y exportador de azúcar, tenga que importar
algunas cantidades de Brasil, y recortar año
tras año la cuota que se vende al ciudadano,
si bien es cierto que las dificultades en la producción
azucarera y el bajo nivel de los precios internacionales,
unido a la reestructuración que se está
produciendo en este sector son factores que limitan
ostensiblemente los niveles deseados en este inestable
renglón.
De los 155 centrales azucareros en funcionamiento,
fueron cerrados 70, mientras que 71 continuarían
produciendo azúcar, y otros 14 se dedican
a la producción de mieles. A juzgar por
fuentes del gobierno, en el año 2003 el
país percibió un pequeño
crecimiento y de alto desarrollo, pero debemos
señalar que el desarrollo no debe confundirse
con el crecimiento, y que para lograr el verdadero
desarrollo es necesario crecer sostenidamente.
Sólo así es posible establecer políticas
que permitan una mayor equidad en la distribución
del producto, y políticas sociales que
conlleven a un mayor bienestar social.
Así el producto interno bruto que mide
la suma de valores de bienes y servicios producidos
por cualquier economía en un período
determinado, en el año 2003 creció
1,1 respecto a 2002; y 3,4 para el período
1995-2003. Insuficiente para las necesidades del
país. Esta cifra no se acerca tampoco al
producto interno bruto del año 1989. Se
estima que de mantenerse las tendencias actuales,
el nivel de 1989 sería recuperado al concluir
el año 2010. Sin embargo, es significativo
que al finalizar el año 2003 el valor total
del PIB es del 11 por ciento inferior al nivel
que tenía 1989.
Por otra parte, las exportaciones de níquel
generarían más de 500 millones de
dólares en el año 2003. La producción
de ese año fue de 85 mil toneladas, beneficiando
ostensiblemente este sector por el mejoramiento
de los precios internacionales.
De hecho, el turismo decreció un 4 por
ciento, principalmente por la coyuntura depresiva
en los principales mercados del mundo, unido esto
a la convulsa situación internacional,
en correspondencia con los ataques terroristas
del 11 de septiembre de 2001.
El desempleo, por otra parte, se reportó
en 5.5 por ciento, y la tasa de inflación
de 6.0 por ciento. El salario medio tuvo un ligero
crecimiento de 182 a 234 pesos. Pero este aumento,
sin la creación de bienes y servicios,
afectó el equilibrio de las finanzas públicas,
tomando en consideración que el estado
cubano paga salarios a supuestos trabajadores
que no producen, ya sean obreros de la industria
azucarera que cerraron sus ingenios, o en las
escuelas para jóvenes sin empleo, en las
que se encuentran más de 100 mil jóvenes.
El tabaco, otro pilar económico importante,
se mantuvo estable en el año 2003, recuperándose
de sus bajas en años anteriores, producto
de la destrucción de los semilleros por
fenómenos meteorológicos que afectaron
la Isla.
Es cierto que el embargo económico de
los Estados Unidos incide en el desarrollo normal
de la economía cubana, aparejado en nuestro
tiempo por la situación internacional,
que es muy complicada para el gobierno de la Isla,
que recientemente asestó un duro golpe
a la creciente oposición interna. Por ende,
sus relaciones con la Unión Europea, su
más importante socio comercial, sufrieron
daños muy serios, a tal punto que el gobierno
de La Habana retiró su solicitud de ingreso
a los beneficios del acuerdo de Cotonou.
No es posible una pronta recuperación
de la economía, pero una democratización
de la sociedad cubana sería un paso de
avance a los ojos del mundo entero, así
como la invitación al diálogo respecto
a los derechos humanos.
Así el país podría funcionar
con mecanismos y estructuras económicas
nuevas, en aras de alcanzar un crecimiento económico
sostenido, político, social. Quien lo agradecerá
eternamente es la patria, nuestro pueblo. Esos
que hoy son indigentes merecen un futuro mejor.
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