|
PRISIONES
Recordando y comparando
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - La Comisión
Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación
Nacional dijo en estos días que en Cuba
existen actualmente 200 cárceles y cien
mil presos. ¡Ñooo! ¡Cuántas
cárceles y prisioneros!
La lectura de esos datos, recogidos por representantes
de la prensa extranjera acreditada en La Habana,
me trajo a la memoria recuerdos de mi Manzanillo
natal -yo nací en esa ciudad del sur de
Oriente de esta Isla, aunque mi inscripción
dice que nací en La Habana. De muy niño
me vi nuevamente en Manzanillo, visitando en el
vivac a un tío mío que había
sido detenido por darle un puñetazo a otro
hombre en un lugar público.
Pero, ¿cómo eran esas visitas?
Muy simple. El vivac estaba en pleno centro de
la ciudad, y los familiares de los allí
detenidos, sin ninguna autorización, iban
por una puerta trasera en el patio de ese lugar,
que tenía una reja alta, y ahí se
ponían a hablar con sus seres queridos
que habían sido detenidos por la policía.
Todas las tardes de los pocos días que
mi tío estuvo detenido en ese lugar, que
era el único que había en Manzanillo
para llevar a los detenidos, íbamos varios
miembros de la familia a conversar con mi tío.
Agrego a esto que a mi tío lo multaron
en el juicio por su agresividad, y ahí
terminó su mal rato. Luego, el hombre que
recibió en el rostro el puñetazo
y mi tío se hicieron un poco amigos. Parece
que antes todos éramos un poco caballeros.
De Manzanillo en esa época, los únicos
uniformados que recuerdo son los de la Marina
de Guerra, que tenían su cuartel frente
al mar, cerca de un lugar nombrado "Club
Diez". La gente pasaba frente al cuartel
y se ponía a hablar con el marinero que
estaba de guardia a la entrada del recinto. Era
así de fácil.
De Manzanillo, en esos tiempos no recuerdo ni
policías. Claro que seguramente los había,
pero parece que eran tan pocos que no se notaban.
Al único policía que recuerdo haber
visto era uno que fue novio de una tía
materna, y lo vi algunas veces en casa de mi abuela.
Andando el tiempo, unos cuantos años después
(1980) de aquella detención de mi tío,
yo también fui detenido por primera vez.
Mi delito fue no asistir a una movilización
militar. En Cuba, hasta los cincuenta años,
es obligatorio participar en actividades militares.
Me condujeron, desde mi casa, hasta la estación
de la Policía Nacional Revolucionaria de
2 y C, en la barriada del Vedado.
Me metieron en un calabozo que presuntamente
debía ser para cuatro personas, pero donde
llegamos a estar doce detenidos por diferentes
causas. Me incomunicaron, y durante los días
que estuve allí mi familia nunca pudo verme.
Después, aunque nunca fui sometido a juicio,
perdí el empleo.
Recuerdo que la segunda o tercera noche de estar
allí, en un calabozo cercano empezó
a gritar un niño -a juzgar por el sonido
de su voz creo que no pasaba de los 14 años-
por lo asustado que estaba.
Como molestaba con sus gritos, un policía
fue y comenzó a golpearlo. Todos escuchamos
perfectamente sus gritos de dolor y los improperios
que le decía el policía.
No protesté por aquel abuso y debí
hacerlo, aunque yo también estaba en un
calabozo y asustado. No haber protestado por los
golpes que le propinaron a aquel niño es
una culpa de la cual no he podido librarme.
La diferencia de un lugar de detención
entre la época de la juventud de mi tío
y los tiempos contemporáneos es abismal.
Me imagino que la diferencia entre el trato que
daba la policía a los detenidos y el que
se le da en la actualidad también es enorme.
Como enorme también debe ser la diferencia
entre la cantidad de policías que existían
antes de 1959 y los que existen ahora.
Ojalá que la Comisión Cubana de
Derechos Humanos y Reconciliación Nacional
-aunque probablemente conseguir esos datos debe
ser más difícil- pudiera dar a conocer
la cantidad de policías que existían
antes de que el actual régimen llegara
al poder, y el número actual.
De esa forma podríamos apreciar cómo
ha evolucionado -o involucionado- la cifra de
esos cuidadores del orden. Seguramente la diferencia
debe ser similar a los derechos ciudadanos que
existían antes de 1959 con los que existen
ahora.
|