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PRISIONES
El edén de los traidores
Emilio Rodríguez, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - Hace sólo
unas horas recibí la noticia de que el
prisionero de conciencia Jorge Luis García
Pérez "Antúnez" se encuentra
en huelga de hambre en una de las celdas de castigo
de la prisión de Ariza, en la sureña
provincia de Cienfuegos.
Esta es la enésima vez que Antúnez
se ve obligado a someter su cuerpo a la abstinencia
de alimentos y, como siempre lo hace para protestar
por los abusos que se cometen en el sistema carcelario
cubano, me interesé por el motivo que lo
indujo a tal decisión.
Su cuñado Alejandro García Sardiñas
no vaciló en explicarme. "La víspera
del 26 de julio, un grupo de reclusos circuló
por la prisión tocando una conga, simulando
el júbilo de los condenados por la fecha
que se avecinaba. La mayoría eran condenados
por tráfico de drogas. Los presos alegres
pudieron llegar hasta la puerta de la celda donde
se encuentra Antúnez, un lugar donde el
acceso es restringido, y allí hicieron
una parada para lanzar una sarta de consignas
pro-gubernamentales. "Tú sabes como
es Antúnez", me dijo. "Te podrás
imaginar todo lo que hizo para responder a esa
provocación".
No es necesario contar con una buena imaginación
para crear en la mente la imagen de lo que aconteció
en aquel lugar. La trayectoria de Antúnez
no deja lugar a la especulación.
En efecto, el reo de conciencia arremetió
contra la turba que lo importunaba lanzando consignas
contra el gobierno, y se declaró inmediatamente
en huelga de hambre con la exigencia de recibir
un desagravio de parte de las autoridades del
penal.
Lo sucedido con Antúnez no es un hecho
casual ni aislado. Lo mismo ha ocurrido en otros
centros penitenciarios donde se encuentran confinados
prisioneros políticos, aun cuando no sea
en fechas como la escogida por los improvisados
congueros de Ariza. Tampoco se trata del surgimiento
milagroso de la conciencia revolucionaria de criminales;
el asunto versa en torno a ciertos beneficios
que reciben algunos reclusos por prestar servicios
tan denigrantes como éstos.
Según noticias provenientes de la prisión
de Ariza, algunos de los insólitos manifestantes
ya han sido estimulados con pabellones conyugales
de 24 horas, y no es de dudar que el beneficio
alcance a la totalidad del grupo.
A finales del año 2002, un dúo
de reclusos atacó en el comedor del penal
La Pendiente al prisionero político Ramón
Herrera Corcho. Ante la queja presentada a las
autoridades por el incidente, la respuesta fue
trasladar al reo político a la prisión
de Guamajal, conocida por los desmanes que en
ella se cometen, y otorgar a los agresores una
visita de estímulo.
En el mes de septiembre de 2003 el prisionero
de conciencia Léster González Pentón
fue amenazado con una cuchilla por un recluso
común. De igual forma se presentó
la queja a las autoridades correspondientes, pero
en esta ocasión no se logró respuesta
alguna.
Son incontables los casos que se han denunciado
por hechos similares a los narrados anteriormente,
pues se trata de una práctica sistemática
destinada a socavar la moral y combatividad del
presidio político cubano. Un método
que intenta silenciar las voces que a pesar de
los martirios se alzan desde lo más sombrío
de las prisiones cubanas para denunciar las violaciones
que en ellas se cometen.
Ahí está el ejemplo del propio
Antúnez, uno de esos prisioneros políticos
a los que se ha tratado de silenciar a golpes.
Reciente está la golpiza recibida por él
y sus familiares en esa misma prisión de
Ariza, hace poco menos de un mes, aunque en esa
ocasión los protagonistas fueron, abiertamente,
los guardias del penal.
Lo triste y vergonzoso del asunto es que en las
cárceles cubanas pululan los incautos,
que venden sus sucios servicios a los uniformados
para prolongar el martirio de quienes afrontan
con dignidad la crudeza del presidio político,
y lo hacen a cambio de una visita, un pabellón
conyugal, o una simple jaba de alimentos extra,
que son los podridos frutos que se pueden obtener
en el edén de los traidores.
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