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SOCIEDAD
No son los mejores
pero son los elegidos
Jesús Hernández
Medina, Cubanacán Press
SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - Caminado
por las calles de cualquier pueblo cubano es algo
común apreciar la masa enorme de trabajadores
sociales, policías o maestros emergentes.
Los primeros son fácilmente identificables
por su uniforme característico, que consiste
en una muda de ropa que en cualquier tienda en
divisas tendría un precio de entre 20 y
30 dólares, algo imposible para cualquier
cubano de a pie, incluidos médicos y maestros,
los que están dentro de los que mejor remuneración
reciben.
Todos estos grupos disfrutan de privilegios que
jamás pudimos soñar los profesionales
de este mismo país, formados bajo las sombras
de los llamados Plan A y B. Nosotros no tuvimos
privilegio alguno, aunque nuestra preparación
es muy superior a la de los grupos privilegiados
de hoy. Pero parece ser que los profundos y famosos
planes A y B de formación de profesionales
no fueron ni serán nunca, los verdaderos
programas de la Revolución.
Yo personalmente conozco a muchos trabajadores
sociales y maestros emergentes de las primeras
graduaciones, porque por fortuna, muchos de ellos
fueron mis alumnos. Por eso puedo afirmar que
en abrumadora mayoría son los peores estudiantes,
los de más bajo nivel, los más despreocupados
y por supuesto, los que no lograron coger una
carrera universitaria de forma directa. Sin embargo,
hoy se las regalan, se les entregan productos
de aseo de valor dolarizado, un uniforme con el
que han soñado muchos universitarios, un
maletín que ronda el precio entre 8 y 10
dólares, alimentación superior a
la de cualquier otro estudiante cubano y con un
absurdo salario de 340 pesos al graduarse, lujo
que no es concedido a ningún otro profesional
del país.
Me pregunto cómo verán esta situación
aquellos estudiantes del Pre Universitario que
son ejemplo en rendimientos académicos,
que tienen los primeros escalafones y que llegan
a la universidad por mérito propio y tienen
que arreglárselas con un estipendio de
15 a 45 pesos cubanos. Estos estudiantes a veces
no tienen ropa ni útiles para enfrentar
la carrera, son los que no tienen aseo personal
y en muchos casos les es imposible comprarlo en
dólares. Estos aunque se conviertan en
profesionales de relieve mundial, quizás
nunca se les premie con una computadora y cuando
se gradúen después de cinco duros
años, tendrán que conformarse con
un mísero salario de 195 pesos por su trabajo.
¿Será justo esto que nos está
pasando? Realmente no lo creo, pero hay un hecho
claro que salta a la vista, y es que para aquellos
sacrificados de los planes A y B, en un día
normal de los primeros años de la década
del 90, almorzábamos con altísima
frecuencia un poco de arroz con un buchito de
café o un poco de harina con azúcar.
Esta generación, que es joven aún,
pero no tan joven e inmadura como la de hoy, está
más curtida y preparada para enfrentar
las miserias morales y materiales que vive nuestro
pueblo. Es la generación que no permite
que la engañen o que la traten de comprar
con regalos y privilegios. Por eso no caemos dentro
de la categoría de "Programas de la
Revolución", por eso nos tratan de
otra manera, por eso estamos como estamos.
Aclaro que en lo personal no tengo nada en contra
de los trabajadores sociales, ni de los policías
o de los miembros de los grupos arriba mencionados,
pero sí estoy en contra de la desigualdad
y la división de nuestra sociedad, porque
todos tenemos los mismos derechos. Cuántos
investigadores trabajan hoy sin una computadora;
cuántos escritores, médicos o especialistas
en atención secundaria, quienes realizan
importantísimas investigaciones, corren
la suerte de vivir en la inercia y en el olvido.
Creo que toda esa gente y muchas otras que no
puedo mencionar para no hacer interminable la
lista, merecen por mérito propio ser reconocidos.
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