PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 22, 2004
 

CULTURA
Réquiem por Antonio Gades

Miguel Saludes

LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Las tablas están de luto. Ha cesado el taconeo del bailaor Antonio Esteve Ródenas, más conocido por el nombre artístico de Antonio Gades, que le acompañó en la fama. La noticia de su fallecimiento fue dada abrupta y de manera breve por la televisión cubana este 20 de julio. El bailarín español que reformó el flamenco, fue además un firme militante comunista y un gran admirador de la revolución cubana.

Los que rebasamos la edad de los años mozos recordamos aquellas películas de música con fuerte ritmo flamenco: Los Tarantos, Amor Brujo, El fuego Fatuo, Con el Viento Solano y Carmen, en versión de Carlos Saura, las cuales contaron con la excelencia de su actuación. Gades realizó frecuentes giras por Cuba, junto a su compañía. Dos veces presencié en vivo el arte de su baile haciendo pareja con la genial Cristina Hoyos. La última vez fue en un Teatro Avellaneda repleto que no se cansaba de aplaudirle en su presentación de Bodas de Sangre, estrenada en La Habana.

Tres facetas convivían con la persona del bailarín alicantino. Tres vertientes que pueden producir rechazo, aceptación y admiración a la vez: el artista, el comunista y el parcializado admirador del régimen cubano. Cuando se ha conocido la experiencia de la primera de estas características, el resto queda superado por ella. No es necesario compartir ideales para reconocer y disfrutar del don maravilloso del arte. Puede uno aplaudir hasta el delirio sin que las ideologías no compartidas impidan reconocer esa realidad. A ese Gades lo admiré sin límites. Aunque no compartía sus inclinaciones políticas, respetaba su determinación de ser consecuente con lo que creía o pensaba. Se manifestó comunista en medio de un franquismo que podía encarcelarle, cuando menos, por serlo. Luego siguió siéndolo cuando se derrumbó el entarimado sobre el que estaba montada aquella escenografía falsa de la última y definitiva etapa del socialismo triunfante. Al Gades comunista le respeto. Finalmente, mantuvo una controversial posición de parcialidad y silencio sobre los aspectos negativos del sistema de gobierno en Cuba, más por fidelidad a sus ideas que por apego comprometido a la verdad que decía servir. A ese Gades no lo admiro. Pudo haber alzado la voz contra lo mal hecho, sin dejar de ser artista y comunista. Nunca se expresó sobre la necesidad de las libertades de expresión y asociación que él mismo defendiera frente al régimen franquista. Casi al final de su vida tampoco se pronunció sobre las arbitrarias detenciones de setenta y cinco personas en Cuba, condenadas por pedir para su patria los mismos derechos conculcados por el régimen franquista a los españoles.

Recientemente recibió una importante condecoración que le otorgó el gobierno de Cuba y que le entregó personalmente el Jefe de estado cubano. Hay que recordar que Fidel Castro fue el padrino del matrimonio contraído el 5 de octubre de 1982 en La Habana entre la popular cantante española Marisol y Antonio Gades. Para los que estuvieron al tanto de la entrega de la medalla, el hecho fue un tanto sorpresivo, luego de la larga ausencia del bailarín en el ámbito noticioso del patio. Últimamente, cuando ello ocurre en nuestros predios, enseguida empiezan las elucubraciones de la gente sobre la mala salud del agraciado o lo poco de vida que debe quedarle. A Gades le quedaba ciertamente poco tiempo.

Hoy muchos preferirán callar y no decir nada sobre el artista desaparecido. Para esta determinación se tendrá en cuenta su valoración como figura política o la actuación en pro del sistema cubano. Sin embargo, pienso que la grandeza del arte que desbordó en vida supera esos conceptos. La impronta de Dios, manifestada en el regalo del don que marca la vida de una persona como elegida para expresar lo bello de la existencia, no puede quedar empañada por las actitudes pasajeras de la acción humana. Los criterios de tipo político han hecho silenciar también en nuestra parte el reconocimiento a tantas voces, brazos y corazones, que por encima de sus inclinaciones políticas o filosóficas han tenido la misión enaltecedora de enriquecer almas con su arte. Se ha pretendido opacar lo espiritual, que es lo único que cuenta con valor real. Los cubanos Celia Cruz, Jesús Díaz, Reinaldo Arenas, Levi Marrero, Ernesto Lecuona o los nacidos en otras latitudes como Marlon Brando, Pablo Neruda, Antonio Machado, Rafael Alberti, Violeta Parra, Guayasamin y tantos otros, son inmortales porque todos tienen en común un mismo origen creacional y además dieron lo mejor de sus vidas a la Humanidad: el arte del que estaban llenos. A ellos se une hoy, para entregar eternamente su baile sin igual, Antonio Gades de España, del mundo.

 



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