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CULTURA
Réquiem por Antonio
Gades
Miguel Saludes
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Las tablas
están de luto. Ha cesado el taconeo del
bailaor Antonio Esteve Ródenas, más
conocido por el nombre artístico de Antonio
Gades, que le acompañó en la fama.
La noticia de su fallecimiento fue dada abrupta
y de manera breve por la televisión cubana
este 20 de julio. El bailarín español
que reformó el flamenco, fue además
un firme militante comunista y un gran admirador
de la revolución cubana.
Los que rebasamos la edad de los años
mozos recordamos aquellas películas de
música con fuerte ritmo flamenco: Los Tarantos,
Amor Brujo, El fuego Fatuo, Con el Viento Solano
y Carmen, en versión de Carlos Saura, las
cuales contaron con la excelencia de su actuación.
Gades realizó frecuentes giras por Cuba,
junto a su compañía. Dos veces presencié
en vivo el arte de su baile haciendo pareja con
la genial Cristina Hoyos. La última vez
fue en un Teatro Avellaneda repleto que no se
cansaba de aplaudirle en su presentación
de Bodas de Sangre, estrenada en La Habana.
Tres facetas convivían con la persona
del bailarín alicantino. Tres vertientes
que pueden producir rechazo, aceptación
y admiración a la vez: el artista, el comunista
y el parcializado admirador del régimen
cubano. Cuando se ha conocido la experiencia de
la primera de estas características, el
resto queda superado por ella. No es necesario
compartir ideales para reconocer y disfrutar del
don maravilloso del arte. Puede uno aplaudir hasta
el delirio sin que las ideologías no compartidas
impidan reconocer esa realidad. A ese Gades lo
admiré sin límites. Aunque no compartía
sus inclinaciones políticas, respetaba
su determinación de ser consecuente con
lo que creía o pensaba. Se manifestó
comunista en medio de un franquismo que podía
encarcelarle, cuando menos, por serlo. Luego siguió
siéndolo cuando se derrumbó el entarimado
sobre el que estaba montada aquella escenografía
falsa de la última y definitiva etapa del
socialismo triunfante. Al Gades comunista le respeto.
Finalmente, mantuvo una controversial posición
de parcialidad y silencio sobre los aspectos negativos
del sistema de gobierno en Cuba, más por
fidelidad a sus ideas que por apego comprometido
a la verdad que decía servir. A ese Gades
no lo admiro. Pudo haber alzado la voz contra
lo mal hecho, sin dejar de ser artista y comunista.
Nunca se expresó sobre la necesidad de
las libertades de expresión y asociación
que él mismo defendiera frente al régimen
franquista. Casi al final de su vida tampoco se
pronunció sobre las arbitrarias detenciones
de setenta y cinco personas en Cuba, condenadas
por pedir para su patria los mismos derechos conculcados
por el régimen franquista a los españoles.
Recientemente recibió una importante condecoración
que le otorgó el gobierno de Cuba y que
le entregó personalmente el Jefe de estado
cubano. Hay que recordar que Fidel Castro fue
el padrino del matrimonio contraído el
5 de octubre de 1982 en La Habana entre la popular
cantante española Marisol y Antonio Gades.
Para los que estuvieron al tanto de la entrega
de la medalla, el hecho fue un tanto sorpresivo,
luego de la larga ausencia del bailarín
en el ámbito noticioso del patio. Últimamente,
cuando ello ocurre en nuestros predios, enseguida
empiezan las elucubraciones de la gente sobre
la mala salud del agraciado o lo poco de vida
que debe quedarle. A Gades le quedaba ciertamente
poco tiempo.
Hoy muchos preferirán callar y no decir
nada sobre el artista desaparecido. Para esta
determinación se tendrá en cuenta
su valoración como figura política
o la actuación en pro del sistema cubano.
Sin embargo, pienso que la grandeza del arte que
desbordó en vida supera esos conceptos.
La impronta de Dios, manifestada en el regalo
del don que marca la vida de una persona como
elegida para expresar lo bello de la existencia,
no puede quedar empañada por las actitudes
pasajeras de la acción humana. Los criterios
de tipo político han hecho silenciar también
en nuestra parte el reconocimiento a tantas voces,
brazos y corazones, que por encima de sus inclinaciones
políticas o filosóficas han tenido
la misión enaltecedora de enriquecer almas
con su arte. Se ha pretendido opacar lo espiritual,
que es lo único que cuenta con valor real.
Los cubanos Celia Cruz, Jesús Díaz,
Reinaldo Arenas, Levi Marrero, Ernesto Lecuona
o los nacidos en otras latitudes como Marlon Brando,
Pablo Neruda, Antonio Machado, Rafael Alberti,
Violeta Parra, Guayasamin y tantos otros, son
inmortales porque todos tienen en común
un mismo origen creacional y además dieron
lo mejor de sus vidas a la Humanidad: el arte
del que estaban llenos. A ellos se une hoy, para
entregar eternamente su baile sin igual, Antonio
Gades de España, del mundo.
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