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PRISIONES
La paja en el ojo
ajeno
Emilio Rodríguez, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - La falta
de información, o mejor, la tergiversación
de ésta por parte del gobierno mantiene
al pueblo cubano en una especie de limbo en el
que le han hecho creer que vive bajo el régimen
más humano del mundo.
Desde el mismo 1 de enero de 1959 se viene escuchando
el discurso: "Aquí no se cometen abusos,
ni se tortura a nadie. Nadie puede decir que se
ha maltratado a un preso". ¡Vaya contradicción
entre el discurso y la realidad!
No pretendo ir muy lejos en el tiempo. Lo ocurrido
el pasado martes 6 de julio con el prisionero
político Jorge Luis García Pérez
(Antúnez) y sus familiares en la prisión
de máxima seguridad de Arisa en la provincia
de Cienfuegos, es suficiente para demostrar la
incongruencia.
Bertha Antúnez, hermana del reo político,
solicitó a las autoridades del penal, cuando
se retiraba de la visita, que le entregaran unas
postales enviadas a su hermano y que los carceleros
decidieron no hacerlas llegar al prisionero. El
oficial que supervisaba la visita le manifestó
que el encargado de entregárselas no se
encontraba, a lo que Jorge Luis reaccionó
indicando hacia otro uniformado, asegurándole
a su hermana: "¡Es ése que está
ahí!"
Suficiente fue aquello para que un número
indeterminado de guardias se abalanzaran sobre
el condenado y su familia, descargando sobre ellos
una interminable lluvia de golpes con manos y
pies; incluso, si no interviene la mano de uno
de los acompañantes de Bertha, un asiento
de madera esgrimido por uno de los uniformados
hubiera causado otras lesiones a Jorge Luis.
Pero eso no fue todo: Un niño de nueve
años, sobrino de Bertha Antúnez,
recibió un golpe a la altura del riñón
izquierdo, causándole un hematoma bien
pronunciado. Y a pesar de la descomunal e injustificada
golpiza recibida, los visitantes fueron conducidos
a una unidad de la policía en la ciudad
de Cienfuegos.
¿Qué argumento puede ser capaz
de justificar abusos como éste? Sólo
la intolerancia y el abuso de poder conllevan
a tales desmanes. Pero eso no se publica, ni se
analiza en las mal llamadas "mesas redondas".
Lo que hace la prensa oficialista es repetir el
discurso que le han impuesto, y dedicar su tiempo
a escudriñar en las páginas de Internet
-a las que no tiene acceso el pueblo- para establecer
comparaciones entre el sistema cubano y lo que
pueda ocurrir en otras latitudes.
Y no faltan, por supuesto, las críticas
al sistema norteamericano. Es ahí donde
aparecen los epítetos fuertes para calificar
al vecino, y la exaltación desmedida a
los agentes cubanos condenados por espiar -como
los identifica un colega: "Las cinco caritas"-
que, según la prensa oficialista, son ultrajados,
maltratados, vejados, negados sus derechos más
elementales. Pero hacen llamadas a Cuba, ven las
mesas redondas, escriben poemas y se les permite
enviarlos a la isla para que los publiquen como
"joyas de la literatura". También
sus familiares recorren el mundo pidiendo que
los liberen y fundan comités de apoyo a
su causa.
Lo que no dicen los comunicadores al servicio
del régimen cubano es lo que sucede en
el patio. Presentan imágenes de un sistema
carcelario que nada tiene que ver con la realidad.
Las prisiones, según lo que difunden, son
hoteles cuatro estrellas. Pero nada se habla de
golpizas como la recibida en Arisa por Jorge Luis
García Pérez (Antúnez) y
su familia. Tampoco se dice que a los familiares
de los prisioneros de conciencia, que no espiaron
a nadie, ni han hecho más que hacer uso
de sus derechos pacíficamente, se les niega
la posibilidad de hacer campaña por la
liberación de sus seres queridos, que se
les niega el permiso para salir del país
temporalmente, y que son hostigados constantemente
por las autoridades para que desistan de mantener
un acto tan inofensivo como el de asistir a una
iglesia los domingos.
Lo que sucede es que resulta muy fácil
ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el
propio. Es mejor hablar de lo que sucede en otros
lugares y ocultar la experiencia particular o
tergiversarla para venderla como buena a costa
de los supuestos abusos que cometen otros gobiernos.
Pero, señores, a otro con ese cuento.
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