PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 12, 2004
 

POLITICA
Papelito jabla lengua

LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - El tercer período de sesiones de la VI Legislatura de julio del presente año del Poder Popular, iniciado el jueves 1 de julio del presente año, tuvo como plato fuerte del orden del día las medidas dictadas por el gobierno de los Estados Unidos.

Al decir del régimen cubano, las medidas se proponen destruir a la revolución cubana con la ulterior anexión de la Isla. Según el gobierno de la nación norteña, su propósito es acelerar una transición pacífica que lleve la democracia al pueblo cubano, poniendo fin a la peor dictadura que recuerda la historia del continente.

Al menos así se expresa en el informe de 450 páginas elaborado por la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre, presidida por el secretario de estado norteamericano Colin Powell, que delinea un plan para la asistencia a una Cuba post castrista.

Pero entre los dos gobiernos está el cubano de a pie. Ese que constituye la abrumadora y la casi totalidad de la población. El que entre apagones, montado en camellos y con la cazuela raquítica trabaja, y su sudor sirve de manutención a la inútil y parasitaria nomenclatura del régimen. Y ese cubano, precisamente él, desconoce totalmente el contenido del documento. No lo ha visto jamás. O mejor dicho, lo ha visto a través de la pantalla de la televisión oficialista, en forma de una carpeta blanca en las manos del presidente de los Estados Unidos George Bush, y del presidente del parlamento cubano Ricardo Alarcón.

Semejante atropello informativo es propio de los regímenes totalitarios, ya sean de corte fascista o marxista. El argumento que pretende justificarlo es tan absurdo como ultrajante: el pueblo no está preparado para conocer la verdad de forma directa. Podría confundirse o tergiversar los hechos con una lectura equivocada e ideológicamente errónea de los mismos. El estado omnipresente y omnisciente ha de tomar la tarea en sus manos. La información le ha de llegar a través de una estirpe revolucionaria de comunicadores e intelectuales comprometidos, que a modo de profetas, adivinadores y hechiceros están facultados para la difícil e insondable tarea de la interpretación y divulgación de los hechos.

Los ejemplos más recientes, emparentados con la situación presente, se remontan a la ley Torricelly y a la ley Helms-Burton, generadoras en su momento de una cantaleta propagandística que con su bulla y estridencias inundó nuestros campos y ciudades desde Guantánamo hasta Pinar del Río.

Hoy le ha tocado el turno a este documento elaborado por la Comisión Presidencial para la asistencia a una Cuba Libre, basándose en lo cual el mandatario norteño dictó un conjunto de medidas que podrán ser todo lo objetables que se quiera, pero que sin lugar a dudas alguna apuntan al pecho económico del régimen imperante en Cuba por más de 45 años.

Al pueblo le espera una etapa de rabietas, alardes y bravuconerías, a las cuales se verá obligado a sumarse.

Por el momento, y como era de esperar, la asamblea del máximo órgano legislativo del país aprobó por "unanimidad" un documento que condena y califica con los peores términos al documento de Washington.

Veremos, pues, a las multitudes formadas por hombres, mujeres y niños; jóvenes, viejos y ancianos; enfermos de los hospitales siquiátricos y moribundos de las salas de terapia intensiva, solidarizarse con el documento y jurar fidelidad al abuelito de la nación, al precio de la propia vida si fuera necesario.

Pero allá, en lo íntimo, todos quisieran conocer el contenido del cartapacio de 450 páginas que tanto enfurece a los personeros del régimen. Nadie comprende tanta renuencia a mostrar su contenido, siendo, como dice el régimen, tan grosero y ofensivo para con los cubanos. Tratándose, además, del pueblo de la Isla, que al decir del gobierno es entre la población mundial el más culto y con mayor capacidad reflexiva.

Porque los apologistas del castrismo podrán ser muy buenos interpretadores, pero no hay nada como conocer las cosas de primera mano y de modo directo. Para que cada cual saque sus propias conclusiones. Y porque, además, como dicen los chinos aplatanados: papelito jabla lengua.



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