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POLITICA
Papelito jabla lengua
LA HABANA, julio (www.cubanet.org)
- El tercer período de sesiones de la VI
Legislatura de julio del presente año del
Poder Popular, iniciado el jueves 1 de julio del
presente año, tuvo como plato fuerte del
orden del día las medidas dictadas por
el gobierno de los Estados Unidos.
Al decir del régimen cubano, las medidas
se proponen destruir a la revolución cubana
con la ulterior anexión de la Isla. Según
el gobierno de la nación norteña,
su propósito es acelerar una transición
pacífica que lleve la democracia al pueblo
cubano, poniendo fin a la peor dictadura que recuerda
la historia del continente.
Al menos así se expresa en el informe
de 450 páginas elaborado por la Comisión
de Asistencia para una Cuba Libre, presidida por
el secretario de estado norteamericano Colin Powell,
que delinea un plan para la asistencia a una Cuba
post castrista.
Pero entre los dos gobiernos está el cubano
de a pie. Ese que constituye la abrumadora y la
casi totalidad de la población. El que
entre apagones, montado en camellos y con la cazuela
raquítica trabaja, y su sudor sirve de
manutención a la inútil y parasitaria
nomenclatura del régimen. Y ese cubano,
precisamente él, desconoce totalmente el
contenido del documento. No lo ha visto jamás.
O mejor dicho, lo ha visto a través de
la pantalla de la televisión oficialista,
en forma de una carpeta blanca en las manos del
presidente de los Estados Unidos George Bush,
y del presidente del parlamento cubano Ricardo
Alarcón.
Semejante atropello informativo es propio de
los regímenes totalitarios, ya sean de
corte fascista o marxista. El argumento que pretende
justificarlo es tan absurdo como ultrajante: el
pueblo no está preparado para conocer la
verdad de forma directa. Podría confundirse
o tergiversar los hechos con una lectura equivocada
e ideológicamente errónea de los
mismos. El estado omnipresente y omnisciente ha
de tomar la tarea en sus manos. La información
le ha de llegar a través de una estirpe
revolucionaria de comunicadores e intelectuales
comprometidos, que a modo de profetas, adivinadores
y hechiceros están facultados para la difícil
e insondable tarea de la interpretación
y divulgación de los hechos.
Los ejemplos más recientes, emparentados
con la situación presente, se remontan
a la ley Torricelly y a la ley Helms-Burton, generadoras
en su momento de una cantaleta propagandística
que con su bulla y estridencias inundó
nuestros campos y ciudades desde Guantánamo
hasta Pinar del Río.
Hoy le ha tocado el turno a este documento elaborado
por la Comisión Presidencial para la asistencia
a una Cuba Libre, basándose en lo cual
el mandatario norteño dictó un conjunto
de medidas que podrán ser todo lo objetables
que se quiera, pero que sin lugar a dudas alguna
apuntan al pecho económico del régimen
imperante en Cuba por más de 45 años.
Al pueblo le espera una etapa de rabietas, alardes
y bravuconerías, a las cuales se verá
obligado a sumarse.
Por el momento, y como era de esperar, la asamblea
del máximo órgano legislativo del
país aprobó por "unanimidad"
un documento que condena y califica con los peores
términos al documento de Washington.
Veremos, pues, a las multitudes formadas por
hombres, mujeres y niños; jóvenes,
viejos y ancianos; enfermos de los hospitales
siquiátricos y moribundos de las salas
de terapia intensiva, solidarizarse con el documento
y jurar fidelidad al abuelito de la nación,
al precio de la propia vida si fuera necesario.
Pero allá, en lo íntimo, todos
quisieran conocer el contenido del cartapacio
de 450 páginas que tanto enfurece a los
personeros del régimen. Nadie comprende
tanta renuencia a mostrar su contenido, siendo,
como dice el régimen, tan grosero y ofensivo
para con los cubanos. Tratándose, además,
del pueblo de la Isla, que al decir del gobierno
es entre la población mundial el más
culto y con mayor capacidad reflexiva.
Porque los apologistas del castrismo podrán
ser muy buenos interpretadores, pero no hay nada
como conocer las cosas de primera mano y de modo
directo. Para que cada cual saque sus propias
conclusiones. Y porque, además, como dicen
los chinos aplatanados: papelito jabla lengua.
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