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SOCIEDAD
La calle es de los
revolucionarios
Moisés Leonardo Rodríguez,
Grupo Decoro
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Si algo
ha abundado en Cuba en los últimos 45 años,
han sido las consignas, que no siempre han estado
desprovistas de un contenido real, como la que
asevera que "la calle es de los revolucionarios".
Andando por las calles de La Habana se puede
confirmar la veracidad de lo dicho en la consigna,
en correspondencia con la definición del
término revolucionario en los diccionarios
Pequeño Larouse Ilustrado y enciclopédico
de la Lengua Castellana: "promotor o partidario
de la revolución / alborotador, turbulento,
sedicioso, rebelde o innovador".
No es posible caminar unas cuadras cualquier
día por la tarde o a cualquier hora los
fines de semana sin toparse con los alborotados
y alborotadores jugadores de una original mezcla
de béisbol con quimbumbia (juego en que
se batea con un palo un pequeño pedazo
de madera).
Niños, adolescentes y jóvenes,
ante la falta de instalaciones deportivas suficientes
y eficientes e imposibilitados de adquirir guantes,
bates y pelotas, ya que se venden sólo
en dólares y a altos precios, satisfacen
sus necesidades de juego y entretenimiento con
un palo o tabla fina en lugar del bate, y utilizan
una pelota elaborada con tiras de cartón
de cajetillas de cigarrillos o bolitas de envases
de desodorante desechados, o sencillamente con
una tapa plástica de las botellas que acá
llamamos pepinos.
A la voz de play ball comienzan a disfrutar los
jugadores. A disfrutar sólo ellos, pues
los transeúntes que se ven obligados a
cruzar por la zona de juego corren el peligro
de ser golpeados por la "pelota" o por
una andanada de ofensas provenientes de los rebeldes
enardecidos en el turbulento ambiente del juego
callejero. Verdaderos dueños de las calles.
Con la llegada de los revolucionarios al poder,
desaparecieron grandes y pequeñas empresas
particulares. La demanda de productos y servicios,
no satisfecha por las empresas estatales, la cubren
en parte los vendedores de la bolsa negra. No
hay dudas, legítimos sediciosos que actúan
al margen de las normas dictadas por las autoridades.
Ellos han revolucionado la actividad del mercado
con su alboroto, rebeldía y espíritu
innovador. Ellos también se han apropiado
de las calles, así como de las escaleras,
salas de espera de los hospitales, terminales
de ómnibus y trenes. Estos también
confirman la consigna.
Copropietarios de las calles son asimismo los
que desfilan, realizan su guardia en el CDR y
el centro de trabajo. Los cumplidores de la emulación
socialista. Los que firman juramentos y antidialécticas
modificaciones constitucionales y cualquier otra
cosa demandada por la revolución, mientras
esperan silenciosos la llegada del cartero con
el aviso de haber sido ganadores en algún
sorteo de visas. Así han cumplido con aquello
de "revolucionarios ayer, revolucionarios
hoy y revolucionarios siempre"
hasta
que les convenga.
Haciendo uso y abuso de las libertades y el respeto
a las preferencias sexuales, comparten la propiedad
de las calles los alborotados, rebeldes e innovadores
trasvestis. Ellos (¿ellas?) deambulan,
como dice la letra de la canción de Los
Zafiros, "meneando sus cinturitas" y
"sonando sus chancletitas" en su incesante
búsqueda y captura de clientes nacionales,
y si son extranjeros, mejor.
Sin que con ello se agoten los ejemplos de alborotadores,
sediciosos, rebeldes e innovadores, sinónimos
de revolucionarios, adueñados de las calles
cubanas, finalizan esta lista los extranjeros
que caminan nuestras calles para palpar en vivo
los logros de nuestro pueblo, en calidad de turistas,
estudiantes, participantes en eventos internacionales
o acompañantes de enfermos de países
pobres.
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