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SOCIEDAD
Fuera de servicio
la mayor termoeléctrica de Cuba
LA HABANA, 6 de julio (Reinaldo
Cosano Alén / www.cubanet.org) - La termoeléctrica
"Antonio Guiteras", en Matanzas, la
mayor y más eficiente de Cuba, se encuentra
fuera de servicio.
En mayo ocurrió la rotura de una de sus
turbinas y no podrá entrar en servicio
por lo menos hasta agosto o septiembre. Es precisamente
en verano cuando casi se quintuplica la demanda
de electricidad, acentuada este año por
adversidades climáticas: enorme sequía
en casi todo el país y calor sofocante,
con regiones en las que el termómetro ha
llegado a marcar hasta 37 grados centígrados.
Frente al accidente de la "Antonio Guiteras",
las autoridades reaccionan imponiendo fuertes
medidas restrictivas al consumo y el reacomodo
de carga eléctrica en el sector estatal
-el mayor consumidor- y en el residencial.
En el sector estatal se exige el receso total
de las labores entre 7 y 10 de la noche de cada
día, excepto centros de producción
continua y de servicios, como hospitales y funerarias
y, en otro orden, la exigencia es desconectar
equipos de aire acondicionado, cámaras
de refrigeración, ascensores, luces prescindibles
y cualesquiera otros equipos, como computadoras,
en el horario pico diurno de las once de la mañana
a la una de la tarde.
Por otro lado, unidades productivas determinadas
han pasado a fase de receso o de mantenimiento
técnico.
Paradójicamente, la termoeléctrica
matancera sufre el accidente cuando recibía
mantenimiento técnico capital, y se aprestaba
a enfrentar la alta demanda energética
de cada verano.
Quedó suprimido también realizar
labores fuera de la jornada de trabajo que requieran
consumo de electricidad en los horarios pico,
particularmente nocturno, "mala costumbre"
entronizada en el país de completar tareas
productivas o burocráticas fuera del horario
de trabajo, lo que por lo general, encubre deficiencias.
Un puesto de mando, especie de tribunal de facto,
constituido por representantes del gobierno y
sus llamadas organizaciones políticas y
de masas, como parte de la regulación del
consumo de energía, es el encargado de
conocer infracciones de las medidas de emergencia
por parte de funcionarios o gerentes, y tomar
las medidas de rigor establecidas. Un cuerpo de
inspectores está encargado de presentarse
en los centros estatales a cualquier hora del
día y la noche, para vigilar el cumplimiento
de las normas restrictivas del gasto de electricidad.
El sector residencial, por su parte, enfrenta
frecuentes y prolongados cortes de electricidad.
Más en provincias que en la capital. Los
apagones alcanzan en ocasiones hasta ocho y diez
horas con la consiguiente irritación de
la población. Especialmente por quienes,
atacados por los mosquitos y el sofocante calor
en horas de la noche, tienen que cumplir a la
mañana siguiente la cotidiana jornada de
trabajo.
Tanto para uno como para otro sector, la Empresa
Cubana de Electricidad, sustituta de la eficiente
Compañía Cubana de Electricidad,
de capital norteamericano, nacionalizada en la
década de 1960, hace constantes llamamientos
a la ciudadanía para que contribuya al
ahorro de electricidad, incluidas grandes vallas
próximas a las principales carreteras.
Un ingeniero eléctrico que prefirió
no identificarse comentó: "El accidente
de la termoeléctrica de Matanzas se debió
a la deformación del eje central de una
turbina. Los peritos analizaron la conveniencia
de fabricar un nuevo eje o arreglar el defectuoso.
Se optó por la remodelación del
eje en el extranjero, a un costo de un millón
de dólares. La generalidad de las plantas
generadoras de energía del país
son de tecnología muy atrasada, obsoletas
y muy gastadoras. No tienen piezas de repuesto
por haber desaparecido los suministradores, por
lo común checos y soviéticos. Aunque
las termoeléctricas han recibido algunas
modernizaciones y mantenimiento técnico
programado, suelen presentar roturas con alguna
frecuencia".
La termoeléctrica de Felton, en la provincia
Holguín, hace poco quedó desconectada
de la red nacional por rotura, aunque pocos días
después fue reincorporada.
La creación de la compañía
cubano-canadiense ENERGÁS, que emplea gas
natural de los yacimientos de Boca de Jaruco (La
Habana) y Varadero (Matanzas) para la generación
eléctrica constituyó una speranza
de mejoría del servicio eléctrico.
Se dice que el proyecto inicial era construir
diez de estas medianas pero eficientes y ecológicamente
limpias plantas generadoras. Sólo existen
dos.
Por otro lado, apenas se utilizan otras fuentes
energéticas alternativas naturales para
la obtención de energía, a pesar
de las enormes posibilidades con que la naturaleza
dotó a nuestro país, entre ellas
la solar, eólica, de mareas y geotérmicas;
aunque en los últimos años se le
da buen destino a la biomasa residual de las zafras
azucareras en la obtención de electricidad
complementaria. También se produce -en
pequeña escala- biogás a partir
de desechos de la ganadería. Pero demasiado
insuficiente.
Formó parte casi indisoluble del paisaje
agrario hasta 1959, la notable cantidad de molinos
de viento para la extracción de agua de
pozos y para accionar generadores de electricidad,
principalmente para el alumbrado de viviendas
campesinas. Hoy parece rareza de museo encontrarse
con algunos de ellos, eficientemente funcionando,
casi todos de manufactura norteamericana (Boston).
Y aunque el estado cubano también los produce
en pequeño número, es mucho más
raro su empleo por evidente falta de persistencia
y mantenimiento técnico que, por cierto,
es mínimo lo que se requiere.
Viene al caso la enorme piscina excavada en la
roca costera marina en la populosa barriada capitalina
de Alamar, hace alrededor de quince años,
en la que se invirtieron cuantiosos recursos materiales
y financieros, destinada al disfrute de los moradores
de Alamar. A la piscina se le instaló un
grupo de molinos de viento que cumplían
la importante y permanente misión de obtener
directamente el agua del mar, y renovarla. Además,
el agua se obtenía de forma gratuita, ecológicamente
sana y proveyendo sanidad a bañistas y
al entorno.
A diferencia de aquellos molinos gigantes que
atacaron a su paso a Don Quijote, "desfaciendo
entuertos", estos otros gigantes de Alamar
fueron atacados, destruidos, desaparecidos por
un enemigo taimado, aunque siempre presente: la
desidia.
Las ciudades, por su parte, estuvieron "adornadas"
en proporción cada vez mayor hasta 1959
por económicos calentadores de agua solares,
que coronaban techos de viviendas, hoteles, hospitales,
industrias. Llama la atención que tan utilitario
adminículo fuera instalado siguiendo un
interés económico, a pesar de los
bajos precios del combustible y el escasísimo
conocimiento sobre ecología de aquella
época.
Todo aquello fue cayendo en el vacío porque
Cuba se hizo dependiente del petróleo soviético
y fueron desoídas muchas voces que alertaban
sobre la necesidad de poner en funcionamiento
fuentes de energía alternativa, porque
no es suficiente la extensión a zonas capitalinas
del uso de gas natural.
Las pequeñas cantidades de crudo extraídas
en el territorio nacional -apenas un millón
de toneladas- tiene la desventaja de ser muy sulfuroso
y extremadamente viscoso, y su empleo es casi
utilizado por completo en industrias cementeras
y de generación eléctrica, que implica
costosos mantenimientos especializados a conductoras
por incrustaciones de azufre y otras materias
extrañas.
Paradójicamente, las incomodidades por
los apagones esta vez no son achacables a la escasez
de crudo, que generosos convenios entre Venezuela
y Cuba hace fluir, sino por la parada de una planta
generadora tan vieja como el régimen que
gobierna a los cubanos.
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