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SOCIEDAD
¡A esconderse que
ahí viene la basura!
Emilio Rodríguez, Cubanacán
Press.
SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - La rendición
de cuentas del sector de Servicios Comunales ante
el Parlamento cubano, efectuada el martes 29 de
junio, me ha hecho reflexionar un tanto sobre
el tema, pues suele ser común una retórica
que promueve una imagen irreal, destinada a solapar
un sinnúmero de errores e ineficiencias
que afectan considerablemente la calidad de vida
de nuestro pueblo.
Villa Clara, una de las provincias que tradicionalmente
ocupan los primeros lugares en los chequeos emulativos
que cada año efectúa el ramo, presenta
serios problemas en la actividad. Recuerdo una
ocasión en la que Santa Clara, su capital,
fue proclamada como "La ciudad más
limpia de Cuba", y sus habitantes se burlaban
diciendo: "Si ésta es la más
limpia, no queremos ver la más sucia".
Y no es que falte voluntad en esos humildes trabajadores
que cada madrugada toman por asalto las calles
de nuestras ciudades para regalarnos amaneceres
hermosos, es que no existe voluntad, y muchas
veces capacidad, en las direcciones a los distintos
niveles para afrontar los retos que impone una
tarea tan sacrificada.
Al comenzar el denominado "período
especial", Santa Clara contaba con once carros
recolectores de desechos sólidos en perfecto
estado técnico, que cubrían las
necesidades de una población de aproximadamente
200 mil habitantes, en una ciudad dividida por
el sector en cinco zonas comunales, cada una de
ellas con una plantilla propia que se subordinaba
a la dirección municipal.
En 1997, de los 11 carros especializados (recolectores
de desechos sólidos), sólo tres
se mantenían en servicio, quedando los
ocho restantes como fuente de repuestos para los
aún activos. ¿Quién fue el
culpable? Eso todavía es un enigma. No
obstante, las autoridades del sector en la provincia
no han sido menos que sus homólogos de
todo el país y de todos los sectores de
la sociedad cubana, y viajan juntos en el tren
de las justificaciones, culpando al imperialismo
y a su "inhumano y cruel bloqueo" de
todo cuanto se pierde por su propia ineficiencia.
Una fuente bien informada, y cuya identidad no
revelaré por razones obvias, ha narrado
cómo esos carros recolectores fueron desapareciendo
de nuestras calles. Según él, entraban
al taller por problemas simples en el sistema
eléctrico, o por deterioro de sus neumáticos,
y se iban desmantelando, víctimas del canibalismo.
Sus piezas pasaban a mejorar las condiciones de
otro camión, o eran destinadas a otra empresa
en pago por algún que otro favor de ésos
que acostumbran a deberse los dirigentes en este
país.
Los mecánicos podían haberlos salvado
con un accionar oportuno, pero nada los alienta
a ello. No existe trabajador más desatendido
que el de servicios comunales. Sus salarios son
extremadamente bajos, con normas realmente inhumanas.
En la mayoría de las actividades tienen
que buscar por medios propios los útiles
necesarios para su trabajo. En el taller, los
mecánicos han tenido que reparar camiones
con restos de desperdicios humanos recogidos en
los hospitales, pues la planta de fregado no funcionaba,
lo que les ha ocasionado un alto riesgo para su
salud.
Los recogedores de basura, que corren tras el
camión lanzando latas y bolsas plásticas
como si estuviesen participando en una prueba
olímpica de biatlón, carecen de
guantes apropiados para su labor. En cada zona
comunal, cuyo número aumentó de
5 a 9, existe un grupo de hombres que tienen que
introducirse en los depósitos de desechos
en las zonas de edificios multifamiliares con
los zapatos rotos, sin guantes y sin las herramientas
adecuadas para limpiarlo. Todo este descuido en
las condiciones de trabajo hace que el índice
de accidentalidad y enfermedades profesionales
sea alto.
Económicamente, por lo menos en Santa
Clara, Servicios Comunales es un verdadero desastre.
La incapacidad de su dirección para mantener
el parque automotor ha provocado la necesidad
de alquilar camiones a otras empresas para cubrir
las necesidades de la población. La cifra
exacta no ha estado a nuestro alcance, pero el
pago mensual por concepto de alquiler de equipos
a otras empresas es superior a los 10 mil pesos.
Por otra parte, los camiones rentados carecen
de condiciones para la recogida, y ya es cotidiano
verlos cargados por encima de sus capacidades,
dejando a su paso un desagradable rastro que sugiere
adoptar el consejo que ofrece aquel estribillo
popularizado por la orquesta América en
la primera mitad del Siglo pasado: ¡A esconderse
que ahí viene la basura!
Esta es la realidad que no aparece en ningún
informe. Así pues, mientras los servicios
comunales son cada vez más ineficientes,
sus directivos seguirán acudiendo cada
año ante el Parlamento cubano con su retórica
falaz.
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