PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 5, 2004
 

SOCIEDAD
¡A esconderse que ahí viene la basura!

Emilio Rodríguez, Cubanacán Press.

SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - La rendición de cuentas del sector de Servicios Comunales ante el Parlamento cubano, efectuada el martes 29 de junio, me ha hecho reflexionar un tanto sobre el tema, pues suele ser común una retórica que promueve una imagen irreal, destinada a solapar un sinnúmero de errores e ineficiencias que afectan considerablemente la calidad de vida de nuestro pueblo.

Villa Clara, una de las provincias que tradicionalmente ocupan los primeros lugares en los chequeos emulativos que cada año efectúa el ramo, presenta serios problemas en la actividad. Recuerdo una ocasión en la que Santa Clara, su capital, fue proclamada como "La ciudad más limpia de Cuba", y sus habitantes se burlaban diciendo: "Si ésta es la más limpia, no queremos ver la más sucia".

Y no es que falte voluntad en esos humildes trabajadores que cada madrugada toman por asalto las calles de nuestras ciudades para regalarnos amaneceres hermosos, es que no existe voluntad, y muchas veces capacidad, en las direcciones a los distintos niveles para afrontar los retos que impone una tarea tan sacrificada.

Al comenzar el denominado "período especial", Santa Clara contaba con once carros recolectores de desechos sólidos en perfecto estado técnico, que cubrían las necesidades de una población de aproximadamente 200 mil habitantes, en una ciudad dividida por el sector en cinco zonas comunales, cada una de ellas con una plantilla propia que se subordinaba a la dirección municipal.

En 1997, de los 11 carros especializados (recolectores de desechos sólidos), sólo tres se mantenían en servicio, quedando los ocho restantes como fuente de repuestos para los aún activos. ¿Quién fue el culpable? Eso todavía es un enigma. No obstante, las autoridades del sector en la provincia no han sido menos que sus homólogos de todo el país y de todos los sectores de la sociedad cubana, y viajan juntos en el tren de las justificaciones, culpando al imperialismo y a su "inhumano y cruel bloqueo" de todo cuanto se pierde por su propia ineficiencia.

Una fuente bien informada, y cuya identidad no revelaré por razones obvias, ha narrado cómo esos carros recolectores fueron desapareciendo de nuestras calles. Según él, entraban al taller por problemas simples en el sistema eléctrico, o por deterioro de sus neumáticos, y se iban desmantelando, víctimas del canibalismo. Sus piezas pasaban a mejorar las condiciones de otro camión, o eran destinadas a otra empresa en pago por algún que otro favor de ésos que acostumbran a deberse los dirigentes en este país.

Los mecánicos podían haberlos salvado con un accionar oportuno, pero nada los alienta a ello. No existe trabajador más desatendido que el de servicios comunales. Sus salarios son extremadamente bajos, con normas realmente inhumanas. En la mayoría de las actividades tienen que buscar por medios propios los útiles necesarios para su trabajo. En el taller, los mecánicos han tenido que reparar camiones con restos de desperdicios humanos recogidos en los hospitales, pues la planta de fregado no funcionaba, lo que les ha ocasionado un alto riesgo para su salud.

Los recogedores de basura, que corren tras el camión lanzando latas y bolsas plásticas como si estuviesen participando en una prueba olímpica de biatlón, carecen de guantes apropiados para su labor. En cada zona comunal, cuyo número aumentó de 5 a 9, existe un grupo de hombres que tienen que introducirse en los depósitos de desechos en las zonas de edificios multifamiliares con los zapatos rotos, sin guantes y sin las herramientas adecuadas para limpiarlo. Todo este descuido en las condiciones de trabajo hace que el índice de accidentalidad y enfermedades profesionales sea alto.

Económicamente, por lo menos en Santa Clara, Servicios Comunales es un verdadero desastre. La incapacidad de su dirección para mantener el parque automotor ha provocado la necesidad de alquilar camiones a otras empresas para cubrir las necesidades de la población. La cifra exacta no ha estado a nuestro alcance, pero el pago mensual por concepto de alquiler de equipos a otras empresas es superior a los 10 mil pesos.

Por otra parte, los camiones rentados carecen de condiciones para la recogida, y ya es cotidiano verlos cargados por encima de sus capacidades, dejando a su paso un desagradable rastro que sugiere adoptar el consejo que ofrece aquel estribillo popularizado por la orquesta América en la primera mitad del Siglo pasado: ¡A esconderse que ahí viene la basura!

Esta es la realidad que no aparece en ningún informe. Así pues, mientras los servicios comunales son cada vez más ineficientes, sus directivos seguirán acudiendo cada año ante el Parlamento cubano con su retórica falaz.



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