PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 2, 2004
 

OLA REPRESIVA
Crónica de un encuentro

Emilio Rodríguez, Cubanacán Press

SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - Idalberto tomó posición en la puerta principal de la policlínica "Marta Abreu", situada en el reparto Riviera, al noroeste de la ciudad de Santa Clara. Un aviso oportuno enviado por un amigo desde la prisión "La Pendiente" indicaba que el jueves 24 de junio las autoridades del penal conducirían al prisionero de conciencia Héctor Maseda Gutiérrez a una consulta en ese centro asistencial.

Era el momento propicio para conocerlo personalmente, y expresarle su solidaridad, a nombre de todo el equipo de trabajo que atiende a su familia en cada visita. Además, "Nenito"-así llaman sus amigos a Idalberto González Gómez- fue el ejecutivo designado por la dirección nacional del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano para atender a Maseda y a su familia en el tiempo que permanezca confinado en cárceles villaclareñas y por más de un año ha alimentado la esperanza y el deseo ferviente de estrechar la mano de quien, para muchos, es un ídolo, por su carácter, jovialidad y, por sobre todas las cosas, firmeza de principios.

El sueño de "Nenito" había quedado trunco en dos ocasiones, en las que el aviso de conduce a un hospital de la ciudad llegó con retraso. Esta vez no podía errar.

A las nueve de la mañana, un jeep del Ministerio del Interior se detuvo frente a la entrada principal del centro asistencial. Tres guardias descendieron de él, y adoptaron una formación que semejaba la que asumen los aviones cuando van a entrar en combate. Más tarde, cuando la escolta estuvo dispuesta, el reo que aún se encontraba en el interior del vehículo recibió la orden de bajar. Y apareció Héctor Maseda, casi invisible entre la barrera de uniformados, obligado a quedar justo en medio de la formación, como si se tratase de un connotado criminal y terrorista.

Cuando se cumplió el ritual, aquella masa verde olivo echó a andar hacia el interior de la policlínica, arrastrando en su interior a un hombre cuyo único "delito" es pensar diferente al hombre que se hizo del poder en Cuba fusil en mano.

Al ver el movimiento, "Nenito"se adelantó para cumplir su cometido, pero el guardia que cubría el flanco derecho de la formación se adelantó, cerrándole el paso.

"¿Qué tal Nenito, cómo te va?", preguntó Maseda al ver el bloqueo que le hacían. Aunque nunca se habían visto Maseda lo reconoció sin dificultad. "Parece que no me vas a poder saludar", añadió ó el reo, que era arrastrado por la corriente verde olivo hacia el interior del local.

Pero Idalberto, con sus 67 años cumplidos y los 45 de oposición al régimen cubano, no teme a la arrogancia de los uniformados, ni a las armas que portan; por eso no cejó en su empeño, y se dispuso a esperar que sacaran al reo de la consulta para abordarlo a toda costa.

Sólo cinco minutos después, la escolta se alineaba para conducir a Maseda hasta el vehículo que aguardaba en la puerta del edificio. "Nenito" se incorporó, y con pasos firmes salió a su encuentro.

No era necesario analizar mucho para darse cuenta que nada lo iba a detener. El custodio que marchaba al frente pareció haberlo comprendido y se hizo a un lado, permitiendo el encuentro de ambos.

Maseda tomó con vehemencia las manos del anciano, estrechándolas entre las suyas, atadas por unas esposas de metal frío y reluciente; y apretándolas fuertemente como para que no se le escaparan, entabló un diálogo breve, casi en clave, pero emotivo y cargado de un sentimiento que sólo experimentan aquéllos a quienes les asiste la razón y la verdad:

"¿Cómo está la gente?·, preguntó Maseda al anciano.

"Ahí, firmes como siempre. Nadie se destiñe".

"Qué bueno, cuánto me alegra eso".

"Nenito", visiblemente emocionado, recogió sus manos, y alzándolas anudadas exclamó:

"¡Somos!"

"¡Claro que somos!", respondió el reo, que ya no podía dilatar más el encuentro.

Para la guarnición, aquellos cuarenta segundos sólo representan un breve lapso en el trayecto hacia el vehículo. Para "Nenito", la realización de un sueño que lo rejuvenece; y para Maseda, que ha asumido con dignidad infinita su condena, la certeza de contar con la solidaridad de muchos que, como "Nenito", lo aprecian, admiran y mantienen en alto las ideas por las cuales fue llevado a prisión.



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