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OLA
REPRESIVA
Crónica de un encuentro
Emilio Rodríguez, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - Idalberto
tomó posición en la puerta principal
de la policlínica "Marta Abreu",
situada en el reparto Riviera, al noroeste de
la ciudad de Santa Clara. Un aviso oportuno enviado
por un amigo desde la prisión "La
Pendiente" indicaba que el jueves 24 de junio
las autoridades del penal conducirían al
prisionero de conciencia Héctor Maseda
Gutiérrez a una consulta en ese centro
asistencial.
Era el momento propicio para conocerlo personalmente,
y expresarle su solidaridad, a nombre de todo
el equipo de trabajo que atiende a su familia
en cada visita. Además, "Nenito"-así
llaman sus amigos a Idalberto González
Gómez- fue el ejecutivo designado por la
dirección nacional del Movimiento Cívico
Nacionalista Cubano para atender a Maseda y a
su familia en el tiempo que permanezca confinado
en cárceles villaclareñas y por
más de un año ha alimentado la esperanza
y el deseo ferviente de estrechar la mano de quien,
para muchos, es un ídolo, por su carácter,
jovialidad y, por sobre todas las cosas, firmeza
de principios.
El sueño de "Nenito" había
quedado trunco en dos ocasiones, en las que el
aviso de conduce a un hospital de la ciudad llegó
con retraso. Esta vez no podía errar.
A las nueve de la mañana, un jeep del
Ministerio del Interior se detuvo frente a la
entrada principal del centro asistencial. Tres
guardias descendieron de él, y adoptaron
una formación que semejaba la que asumen
los aviones cuando van a entrar en combate. Más
tarde, cuando la escolta estuvo dispuesta, el
reo que aún se encontraba en el interior
del vehículo recibió la orden de
bajar. Y apareció Héctor Maseda,
casi invisible entre la barrera de uniformados,
obligado a quedar justo en medio de la formación,
como si se tratase de un connotado criminal y
terrorista.
Cuando se cumplió el ritual, aquella masa
verde olivo echó a andar hacia el interior
de la policlínica, arrastrando en su interior
a un hombre cuyo único "delito"
es pensar diferente al hombre que se hizo del
poder en Cuba fusil en mano.
Al ver el movimiento, "Nenito"se adelantó
para cumplir su cometido, pero el guardia que
cubría el flanco derecho de la formación
se adelantó, cerrándole el paso.
"¿Qué tal Nenito, cómo
te va?", preguntó Maseda al ver el
bloqueo que le hacían. Aunque nunca se
habían visto Maseda lo reconoció
sin dificultad. "Parece que no me vas a poder
saludar", añadió ó el
reo, que era arrastrado por la corriente verde
olivo hacia el interior del local.
Pero Idalberto, con sus 67 años cumplidos
y los 45 de oposición al régimen
cubano, no teme a la arrogancia de los uniformados,
ni a las armas que portan; por eso no cejó
en su empeño, y se dispuso a esperar que
sacaran al reo de la consulta para abordarlo a
toda costa.
Sólo cinco minutos después, la
escolta se alineaba para conducir a Maseda hasta
el vehículo que aguardaba en la puerta
del edificio. "Nenito" se incorporó,
y con pasos firmes salió a su encuentro.
No era necesario analizar mucho para darse cuenta
que nada lo iba a detener. El custodio que marchaba
al frente pareció haberlo comprendido y
se hizo a un lado, permitiendo el encuentro de
ambos.
Maseda tomó con vehemencia las manos del
anciano, estrechándolas entre las suyas,
atadas por unas esposas de metal frío y
reluciente; y apretándolas fuertemente
como para que no se le escaparan, entabló
un diálogo breve, casi en clave, pero emotivo
y cargado de un sentimiento que sólo experimentan
aquéllos a quienes les asiste la razón
y la verdad:
"¿Cómo está la gente?·,
preguntó Maseda al anciano.
"Ahí, firmes como siempre. Nadie
se destiñe".
"Qué bueno, cuánto me alegra
eso".
"Nenito", visiblemente emocionado,
recogió sus manos, y alzándolas
anudadas exclamó:
"¡Somos!"
"¡Claro que somos!", respondió
el reo, que ya no podía dilatar más
el encuentro.
Para la guarnición, aquellos cuarenta
segundos sólo representan un breve lapso
en el trayecto hacia el vehículo. Para
"Nenito", la realización de un
sueño que lo rejuvenece; y para Maseda,
que ha asumido con dignidad infinita su condena,
la certeza de contar con la solidaridad de muchos
que, como "Nenito", lo aprecian, admiran
y mantienen en alto las ideas por las cuales fue
llevado a prisión.
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