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POLITICA
Resulta ser
Oscar Mario González,
Grupo Decoro
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Nunca es
tan añorada la libertad de expresión
como cuando la mentira, propagada por el estado,
se convierte en criterio único y se amplifica
sin que podamos rebatirlo o al menos denunciar
su falsedad.
Nunca se anhela tan entrañablemente difundir
la verdad como cuando ella es suplantada por la
mentira.
Tal es el caso de la algarabía orquestaba
por el gobierno cubano con motivo de las medidas
anunciadas por el presidente George Bush, cuya
finalidad es acelerar la inevitable transición
pacífica cubana, del totalitarismo castrista
a la democracia. Con ellas se busca frustrar las
intenciones gubernamentales de un cambio de poder
totalitario que equivaldría al mismo perro
con diferente collar.
Resulta ser que ahora el régimen pretende
sacar provecho del asunto, presentándose
como protector y defensor de la familia cubana.
Nada menos que un gobierno cuya ideología
que lo sustenta considera a la familia como una
institución social antinatural, producto
de la explotación y de la división
de la sociedad en clases antagónicas.
Resulta ser que aquéllos que desde 1959
dividieron a nuestras familias por razones políticas,
induciendo al "revolucionario" para
que renegara del hermano "gusano" o
del padre "desafecto"; y aquéllos
que alentaban a la madre para que delatara al
hijo contrarrevolucionario, y viceversa, ahora
pretenden venderse como defensores de la familia
cubana.
Aquéllos que para conceder un ascenso
laboral, un viaje al extranjero, el derecho a
estudiar en la universidad o a optar por un apartamento
de microbrigada en Alamar exigían la ausencia
de correspondencia con el familiar de Miami, Roma
o Madrid; aquéllos que calificaban las
relaciones hacia el pariente que vivía
en los Estados Unidos como signo de debilidad
ideológica, penetración enemiga,
blandenguería o deslealtad a la revolución,
dicen ser celadores de nuestras familias.
Resulta ser que los que atropellaron y pisotearon
el secular concepto de familia tan impregnado
en el alma nacional cubana, ésos que irónicamente
y con absoluto desprecio desconocieron, se burlaron,
hicieron mofa del tío abuelo y de la prima
del niño balserito Elián González,
identificándolos con el apelativo de "parentela";
ellos, nada menos que ellos, siempre ellos por
casi medio siglo, hoy se presentan como baluartes
de la familia cubana contra las perversas intenciones
del diabólico Bush. ¡Qué cinismo!
Resulta ser que quienes exigen al nacional un
permiso o una tarjeta blanca para entrar y salir
del territorio patrio; ésos que por casi
medio siglo y bajo tal disposición han
impedido que un hermano del exilio haya participado
de las exequias de la madre o del último
adiós al padre moribundo; ésos que
han impedido las visitas familiares con crueles
prohibiciones de última hora, dejando al
nieto y a la hija esperando. Son ellos, precisamente,
quienes gritan a favor de la libertad de movimiento.
¡Qué desvergüenza!
Peor aún saber que dentro y hasta fuera
de Cuba existan cubanos que consciente o inconscientemente
le hagan el juego al régimen totalitario
que entristece la nación. ¡Cuánta
ingenuidad, cuánta ignorancia, cuánto
egoísmo, y, otras veces, cuánta
sinvergüencería! ¡Cuán
triste papel el corresponder a las intenciones
de un gobierno que mató la tradicional
y hasta entonces inalterable unión de la
familia cubana! ¡Cuán doloroso es
abonar el árbol del veneno que llevó
la ponzoña de la desconfianza al sagrado
recinto de la familia cubana!
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