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AGRICULTURA
Las UBPC y la fantasía de la recuperación agropecuaria
(I)
LA HABANA, enero (www.cubanet.org)
- Cuando en 1993 el gobierno castrista creó
las Unidades Básicas de Producción
Cooperativa (UBPC) cifró sus esperanzas
de que en esa dirección produciría
una rápida recuperación del agro
cubano.
Para ese año la producción agrícola
había descendido a niveles alarmantes.
El fracaso del llamado "Plan Alimentario",
que movilizó cientos de miles de trabajadores
a sembrar y cultivar plátanos por el sistema
llamado "micro jet", sumió a
la población en la hambruna. Las enfermedades
se multiplicaron. Apareció la neuropatía
periférica en condición de epidemia.
El gobierno responsabilizó al alcohol y
al tabaquismo como sus causas. El pueblo sabía
que era hambre.
Esta medida, considerada la más trascendental
entre las que se han dado en llamar "reformas
económicas", provocó una transformación
en la estructura agrícola nacional. Las
nuevas cooperativas tomaron algunos conceptos
de las cooperativas campesinas, pero su diferencia
principal estriba en la propiedad de la tierra.
El Estado la entrega a colectivos de trabajadores
en usufructo gratuito, lo que le otorga la prerrogativa
de disolverlas o someterlas a modificaciones.
Como experiencia es inédita en Cuba, pero
sus antecedentes se pueden encontrar en lo que
el propio Karl Marx llamó "Modo de
Producción Asiático": la tierra
pertenece al Emperador y la entrega a comunas
que la hacen producir y aportan un alto por ciento
al "poder central". Ese modo de producción
conlleva la subordinación total de los
integrantes de las comunas al Emperador, máxima
figura política, social y religiosa y ha
sido signo distintivo de esas sociedades (china,
coreana, vietnamita, laosiana, etc.) donde el
comunismo ha tenido tierra fértil para
arraigarse. Es la subordinación de la individualidad
a la comunidad y al poder omnímodo del
Estado.
La creación de las UBPC fue el reconocimiento
implícito del fracaso de una política
agraria sustentada en empresas estatales con grandes
extensiones de tierra y recursos ilimitados para
hacerla producir (tractores, maquinaria agrícola,
semillas, fertilizantes, pesticidas, instalaciones,
etc.), que con el fin del llamado "campo
socialista" ya no podían disponer.
El objetivo manifestado por el Estado era buscar
la forma de que el ahorro y las iniciativas florecieran
en esos colectivos, para salir de la inercia en
que se había sumido la agricultura estatal
durante el Período Especial.
Pero el surgimiento de las mismas estuvo matizado
por errores que se arrastraban de las granjas
estatales. A las UBPC se les entregó en
sus inicios una cantidad de tierras que objetivamente
sus integrantes no podían atender. Se les
traspasó medios de producción muy
deteriorados por la falta de mantenimiento, muchos
rotos y sin piezas de repuesto. Las tasaciones
no se ajustaron al precio real y se les entregaron
instalaciones improductivas y en mal estado.
En el aspecto financiero, las empresas del ministerio
de la Agricultura reportaban en 1993 una pérdida
neta global de más de 1,811 millones de
pesos. Ese estado financiero negativo fue heredado
en gran parte por las nuevas entidades.
Después de este incierto arranque, diez
años después se reporta la existencia
de 1,728 UBPC en la agricultura no cañera,
que ocupan 1,320,000 hectáreas de tierra
-el 18 % del área total agrícola
del Ministerio de la Agricultura. Muchas tierras
fueron devueltas a las empresas estatales por
los cooperativistas que no podían atenderlas
eficientemente.
Del total de esas UBPC, 644 se dedican a la ganadería
vacuna; 476 a los cultivos varios; 324 al café
y al cacao y 102 a cítricos y frutales.
Sus aportes a la producción nacional global
son significativos. En viandas acopian el 20 %
de la cosecha nacional, pero en hortalizas sólo
alcanzan el 10 % del total. En la papa tienen
el 46 % de la recolección global, y en
plátano su volumen alcanza el 22 %. En
los frutales predomina el cítrico, con
el 52 % de la cosecha y en el café tienen
el 20 % de los granos cosechados y el 36 % del
cacao. Las ganaderas son mayoritariamente lecheras,
acopiando el 34 % del registro nacional y sólo
el 7 % de la entrega de carne vacuna.
Todo esto en una década caracterizada
por extensos períodos de sequía
en toda la isla con mayor énfasis en la
región oriental, y el azote de cinco huracanes
entre los años 1996 y 2002. Plagas y enfermedades
han atacado los cultivos de papa, café
y arroz, disminuyendo por esas causas sus rendimientos.
Visto así, se podría pensar que
todo marcha viento en popa, pero las cifras mueven
a engaño cuando no se conoce a profundidad
el real estado de estas entidades. Su eficiencia
dista de lo alcanzado por los cooperativistas
campesinas y los productores independientes. ¿Por
qué? cnet/27
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