PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 9, 2004

SALUD PUBLICA
Antesala del miedo

PINAR DEL RÍO, enero (www.cubanet.org) - Pocas son las personas que no temen al dentista. Uno se decide a visitar a estos especialistas cuando ya no queda más remedio. El dolor de muelas es algo irresistible. Pero donde usted de verdad se pone a prueba es cuando le dicen que hay que trabajar su boca sin anestesia.

Hace unos días me vi obligado a enfrentar al dentista. Por suerte tengo un amigo estomatólogo. Mi dolor de muelas ya no daba tiempo para más. Es bien sabido que un hombre tiene ciertos límites para resistir dolores. Yo había llegado a mi límite, y mi amigo estomatólogo me citó para las 3 de la tarde.

Llegué puntual a la cita, con el miedo a cuestas. El dentista atendía a un señor elegante. Estaba listo para la extracción. Lo vi aferrarse al sillón y pensé por un momento que dejaría las manos en los brazos de mueble. Mi amigo dentista batallaba con la muela del hombre. Un grito del paciente puso punto final al martirio y mi amigo le mostró la pieza extraída.

- Tenía un absceso, compay. Mire qué tremendo cordal. Usted debió sufrir mucho con eso allá adentro.

La palidez del hombre mostraba lo que había sufrido. Salió rápido del salón y entró una mujer de mediana edad. Saludó risueña a mi amigo, lo cual me extrañó, pues a la consulta del dentista nadie entra sonriendo. La mujer se acomodó en el sillón y mi amigo comenzó su trabajo de empastarle una pieza luego de anestesiarla.

Terminó su trabajo y la mujer se retiró satisfecha. En ese momento empecé a ponerme nervioso. Era mi turno. Mi amigo me indicó que subiera al sillón. Para mi sorpresa, tomó la hipodérmica para anestesiarme. Mientras trabajaba me iba explicando.

- Esa señora tiene familia en el extranjero, por eso le puse anestesia para trabajarla.

Con la boca dormida por el efecto de la anestesia, lo interrogué: "Pero, ¿le diste la anestesia tú?"

- ¡Qué va! Ella me dio el dinero, yo tengo un contacto que la consigue.

Hizo el trabajo hablando y echando bromas para mantenerme tranquilo. Pero yo estaba relajado desde que noté la existencia de la anestesia para mí.

La extracción fue juego de muchachos, sin dolor apenas. Ya cuando me iba, mi amigo me dio una palmada en la espalda despidiéndome.

- Ya sabes, cada vez que me necesites aquí me tienes, con anestesia para ti. Los amigos están para servirse, ¿no?

Yo no podía hablar por lo de la extracción, pero le hice una seña de agradecimiento. Un rato después llegué a la parada del ómnibus. Allí estaba, cargando aún con la palidez de un muerto el hombre elegante que antecedió a la mujer en el dentista. Alguien comentó que al señor le había dado una fatiga y hubo que socorrerlo. Media hora después aún estábamos en la parada esperando el ómnibus. Pensé que es verdaderamente difícil el transporte en Cuba, y mucho más la ausencia de anestesia para trabajos de estomatología. Seguramente el señor elegante está de acuerdo conmigo. cnet/06



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