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SALUD
PUBLICA
Antesala del miedo
PINAR DEL RÍO, enero (www.cubanet.org)
- Pocas son las personas que no temen al dentista.
Uno se decide a visitar a estos especialistas
cuando ya no queda más remedio. El dolor
de muelas es algo irresistible. Pero donde usted
de verdad se pone a prueba es cuando le dicen
que hay que trabajar su boca sin anestesia.
Hace unos días me vi obligado a enfrentar
al dentista. Por suerte tengo un amigo estomatólogo.
Mi dolor de muelas ya no daba tiempo para más.
Es bien sabido que un hombre tiene ciertos límites
para resistir dolores. Yo había llegado
a mi límite, y mi amigo estomatólogo
me citó para las 3 de la tarde.
Llegué puntual a la cita, con el miedo
a cuestas. El dentista atendía a un señor
elegante. Estaba listo para la extracción.
Lo vi aferrarse al sillón y pensé
por un momento que dejaría las manos en
los brazos de mueble. Mi amigo dentista batallaba
con la muela del hombre. Un grito del paciente
puso punto final al martirio y mi amigo le mostró
la pieza extraída.
- Tenía un absceso, compay. Mire qué
tremendo cordal. Usted debió sufrir mucho
con eso allá adentro.
La palidez del hombre mostraba lo que había
sufrido. Salió rápido del salón
y entró una mujer de mediana edad. Saludó
risueña a mi amigo, lo cual me extrañó,
pues a la consulta del dentista nadie entra sonriendo.
La mujer se acomodó en el sillón
y mi amigo comenzó su trabajo de empastarle
una pieza luego de anestesiarla.
Terminó su trabajo y la mujer se retiró
satisfecha. En ese momento empecé a ponerme
nervioso. Era mi turno. Mi amigo me indicó
que subiera al sillón. Para mi sorpresa,
tomó la hipodérmica para anestesiarme.
Mientras trabajaba me iba explicando.
- Esa señora tiene familia en el extranjero,
por eso le puse anestesia para trabajarla.
Con la boca dormida por el efecto de la anestesia,
lo interrogué: "Pero, ¿le diste
la anestesia tú?"
- ¡Qué va! Ella me dio el dinero,
yo tengo un contacto que la consigue.
Hizo el trabajo hablando y echando bromas para
mantenerme tranquilo. Pero yo estaba relajado
desde que noté la existencia de la anestesia
para mí.
La extracción fue juego de muchachos,
sin dolor apenas. Ya cuando me iba, mi amigo me
dio una palmada en la espalda despidiéndome.
- Ya sabes, cada vez que me necesites aquí
me tienes, con anestesia para ti. Los amigos están
para servirse, ¿no?
Yo no podía hablar por lo de la extracción,
pero le hice una seña de agradecimiento.
Un rato después llegué a la parada
del ómnibus. Allí estaba, cargando
aún con la palidez de un muerto el hombre
elegante que antecedió a la mujer en el
dentista. Alguien comentó que al señor
le había dado una fatiga y hubo que socorrerlo.
Media hora después aún estábamos
en la parada esperando el ómnibus. Pensé
que es verdaderamente difícil el transporte
en Cuba, y mucho más la ausencia de anestesia
para trabajos de estomatología. Seguramente
el señor elegante está de acuerdo
conmigo. cnet/06
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