PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 7, 2004

CORRUPCION
Cordero del diablo

PINAR DEL RÍO, enero (www.cubanet.org) - Antonio Cordero va a su cita de siempre con el diablo. Antonio es un cordero que va a entregarse en sacrificio al altar de Lucifer. Hace tiempo que Antonio tiene un negocio privado donde gana buen dinero. Allí mismo, en su casa, él tiene una venta de alimentos, y muchas personas que pasan por el lugar hacen sus compras en el negocio de Antonio Cordero.

El apellido de Antonio le viene bien a su condición misma de persona. Hace rato que salió de su casa llevando el envoltorio de siempre, la misma jaba, y el dinero que entregará a una persona que hace rato es dueña absoluta de Antonio Cordero.

Al llegar a la casa de esa persona que es su dueño, Antonio toca suave y con miedo la puerta. Siempre le abre el mismo individuo. Un hombre de cabello colorado como una zanahoria y muchas pecas en el rostro. Un hombre horriblemente feo por dentro y por fuera a quien todos llaman "El Pinto", y es inspector estatal en la ciudad.

Los inspectores estatales en Cuba son gente seleccionada por las autoridades y tienen todas las atribuciones para acosar a los trabajadores dueños de pequeños negocios como el de Antonio Cordero. Multan a quienes quieren y les aplican a los multados las violaciones de reglas que ellos, como inspectores, inventan. Son multas elevadas que casi nadie puede pagar. Cuando esto ocurre y no se paga la multa, se pierde el derecho al pequeño negocio particular. Los inspectores aprovechan muy bien las atribuciones que le da el estado y salen a la calle con la espada del chantaje.

Antonio estaba contento en su negocio de venta particular de alimentos hasta el día en que "El Pinto" apareció en su vida. Llegó al negocio de Antonio y mostró el documento que lo identificaba como inspector. "El Pinto" encontró un pequeño error en la fecha de los papeles de Antonio, y esto fue fatal para él, que sólo tenía entonces, de cordero, el apellido.

"El Pinto" llenó los papeles que imponía a Antonio una multa de 3 mil pesos. Antonio se decidió por preguntarle al "Pinto" si podía llegarse a un arreglo. En ese momento Antonio comenzó a transformarse en cordero, sin saberlo.

- Cierra el negocio ahora mismo, y vamos a conversar allá adentro, en tu casa.

Así le dijo el inspector a Antonio y entraron en la casa a conversar. Allí quedó cerrado el acuerdo. No le pondría la multa, pero cada semana Antonio le entregaría en su casa al "Pinto" parte de los alimentos elaborados en el negocio. También le llevaría algo de dinero. "El Pinto" dio su palabra de confiable inspector estatal cubano de que nunca más molestaría a Antonio.

Antonio vio los cielos abiertos, sin darse cuenta de que entregaba su alma al mismo diablo. Dejaba parte de su dinero todos los viernes en las manos del chantajista mayor entre los inspectores de la ciudad.

Hoy es viernes, y cuando vi salir de su casa a Antonio Cordero pensé que sería bueno escribir esta crónica para ustedes que viven fuera de la Isla, porque es algo bien triste que un hombre como Antonio se veía obligado a semejante humillación, por obra y gracia de un inspector escogido por las autoridades de esta ciudad de Pinar del Río. cnet/06


 


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