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CORRUPCION
Cordero del diablo
PINAR DEL RÍO, enero (www.cubanet.org)
- Antonio Cordero va a su cita de siempre con
el diablo. Antonio es un cordero que va a entregarse
en sacrificio al altar de Lucifer. Hace tiempo
que Antonio tiene un negocio privado donde gana
buen dinero. Allí mismo, en su casa, él
tiene una venta de alimentos, y muchas personas
que pasan por el lugar hacen sus compras en el
negocio de Antonio Cordero.
El apellido de Antonio le viene bien a su condición
misma de persona. Hace rato que salió de
su casa llevando el envoltorio de siempre, la
misma jaba, y el dinero que entregará a
una persona que hace rato es dueña absoluta
de Antonio Cordero.
Al llegar a la casa de esa persona que es su
dueño, Antonio toca suave y con miedo la
puerta. Siempre le abre el mismo individuo. Un
hombre de cabello colorado como una zanahoria
y muchas pecas en el rostro. Un hombre horriblemente
feo por dentro y por fuera a quien todos llaman
"El Pinto", y es inspector estatal en
la ciudad.
Los inspectores estatales en Cuba son gente seleccionada
por las autoridades y tienen todas las atribuciones
para acosar a los trabajadores dueños de
pequeños negocios como el de Antonio Cordero.
Multan a quienes quieren y les aplican a los multados
las violaciones de reglas que ellos, como inspectores,
inventan. Son multas elevadas que casi nadie puede
pagar. Cuando esto ocurre y no se paga la multa,
se pierde el derecho al pequeño negocio
particular. Los inspectores aprovechan muy bien
las atribuciones que le da el estado y salen a
la calle con la espada del chantaje.
Antonio estaba contento en su negocio de venta
particular de alimentos hasta el día en
que "El Pinto" apareció en su
vida. Llegó al negocio de Antonio y mostró
el documento que lo identificaba como inspector.
"El Pinto" encontró un pequeño
error en la fecha de los papeles de Antonio, y
esto fue fatal para él, que sólo
tenía entonces, de cordero, el apellido.
"El Pinto" llenó los papeles
que imponía a Antonio una multa de 3 mil
pesos. Antonio se decidió por preguntarle
al "Pinto" si podía llegarse
a un arreglo. En ese momento Antonio comenzó
a transformarse en cordero, sin saberlo.
- Cierra el negocio ahora mismo, y vamos a conversar
allá adentro, en tu casa.
Así le dijo el inspector a Antonio y entraron
en la casa a conversar. Allí quedó
cerrado el acuerdo. No le pondría la multa,
pero cada semana Antonio le entregaría
en su casa al "Pinto" parte de los alimentos
elaborados en el negocio. También le llevaría
algo de dinero. "El Pinto" dio su palabra
de confiable inspector estatal cubano de que nunca
más molestaría a Antonio.
Antonio vio los cielos abiertos, sin darse cuenta
de que entregaba su alma al mismo diablo. Dejaba
parte de su dinero todos los viernes en las manos
del chantajista mayor entre los inspectores de
la ciudad.
Hoy es viernes, y cuando vi salir de su casa
a Antonio Cordero pensé que sería
bueno escribir esta crónica para ustedes
que viven fuera de la Isla, porque es algo bien
triste que un hombre como Antonio se veía
obligado a semejante humillación, por obra
y gracia de un inspector escogido por las autoridades
de esta ciudad de Pinar del Río. cnet/06
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