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SOCIEDAD
Las complicaciones de Julio
Richard Roselló
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Julio
Arrieta González envió a la prensa
independiente una carta, en la que parece ver
la vida como una habitación con todas las
puertas cerradas. Julio narra una serie de truculentos
episodios que le han ocurrido durante estos últimos
catorce años.
Residente en calle 19 No. 2602 entre 26 y 28
del municipio Bahía Honda, en la occidental
provincia de Pinar del Río, refiere ser
un veterano de Angola con cinco condecoraciones
ganadas. Fue, además, delegado al XII Festival
de la Juventud y los Estudiantes en Moscú,
ex miembro de las tropas de destino especial y
ex segundo secretario de la Unión de Jóvenes
Comunistas (UJC) en su natal localidad.
Pero la carta de Julio desliza otras informaciones
que constituyen la paradoja a tan ganados méritos.
Este fiel lector de la desaparecida revista soviética
Spunik, pensó, como tantos miles de criollos,
que Cuba iba a realizar el proceso de renovación
del glasnost y la perestroika que acontecía
aceleradamente en la Unión Sovietica y
en el resto de los países del bloque socialista.
Julio refiere que a principios de los 90 dejó
el cargo dentro de la UJC "por cuestiones
de puntos de vista políticos". Entonces,
fue expulsado de la unidad de tropas especiales
en Pinar del Río por "no confiable"
ante tal responsabilidad.
Desde luego, a partir de ahí las cosas
se le fueron complicando mes tras mes. En el 95,
dice, a su esposa le fue impuesta injustamente
una multa de 200 pesos por inspectores de comercio,
por venta "ilegal" de pan con lechón,
aún cuando ésta poseía autorización
de cuentapropista para hacerlo. Finalmente, se
vieron obligados a entregar ese permiso de venta
pública.
Un buen día del 96, mientras Julio y familia
vivían en la incertidumbre, la policía
allanó su domicilio por tenencia ilegal
de carne de res, que nunca se encontró.
"Es evidente", apunta Arrieta, "que
querían molestar".
Buscando labrarse la vida honradamente para alimentar
a sus tres hijas, Julio saca otra patente de vendedor
que sólo le durará cuatro meses.
Se le niega esta oportunidad, por un "exceso
de sobre control sobre mí por parte de
los inspectores", apunta en la carta.
Lo cierto es que Julio no ha encontrado un filón
para su tranquilidad, viviendo, al parecer, entre
el hostigamiento y el rechazo.
Durante el 2000 se le castiga con una multa y
es encerrado en los calabozos de la unidad de
la policia de Bahía Honda por provocaciones.
Su humilde vivienda de madera es excluida de todo
beneficio en la entrega de materiales para reparación
de los daños producidos por huracanes y
ciclones que han pasado por dicha zona. Pero esto
no basta.
También su integridad ha sido atacada
con difamaciones de su carácter ante la
opinión pública.
Juio asegura no darle un golpe a nadie, pero
las provocaciones son demasiado descaradas, de
manera que "no queda otra cosa que pensar
de que es con la anuencia de ellos".
El verdadero problema de Julio, es el haberse
quitado la careta. Simplemente se resiste a estar
"de acuerdo con el modo en que se administra
su país ¿eso es delito"?, pregunta.
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