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ECOLOGIA
Azúcar
en tierra amarga
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - El deterioro
de los suelos cubanos es un proceso acumulativo
que data de siglos atrás. Los colonizadores
españoles encontraron una isla paradisíaca
llena de árboles con una total espesura,
estaciones climáticas bien definidas y
una variedad biológica y zoológica
sin igual.
En su establecimiento, desmontaron bosques para
construir sus asentamientos y tener tierras de
labranza, irrigadas por los limpios ríos
y de una fecundidad no existente en Europa. Ellos
no sabían el daño que causaban a
la naturaleza y esa transformación avanzó
con los años, los siglos, entre labranzas,
pastoreos y guerras, y así la tierra fértil
y hermosa de los inicios se fue perdiendo.
Hoy los hombres están conscientes del
daño que causan al medio con métodos
incorrectos de trabajo con la tierra. La civilización
mira a sus orígenes, y científicamente
trata de recuperar lo que todavía sea posible,
y mantener a toda costa lo que subsiste.
Toca a esta generación de cubanos no tan
sólo cambiar mejorando el sistema social
y político. También de rescatar
las riquezas naturales que forman parte de lo
autóctono, lo útil y lo propiamente
cubano. Resarcir lo que a pasos agigantados en
el último siglo se perdió es quizás
el principal reto de la nación, independientemente
de las ideologías.
Produciendo azúcar para el mundo se empobreció
la tierra. El cuadro hoy resulta desolador. Se
estima -y son cálculos conservadores- que
el 70 % de las tierras presentan algún
grado de deterioro ambiental. Y la producción
de azúcar ha sido en gran medida, responsable
de ello.
Las 818 mil hectáreas dedicadas a la caña
en el país representan el 30 % de toda
el área cultivable, situación propia
del monocultivo, mal que pretendieron achacar
a pasados sistemas políticos pero que ha
subsistido y evolucionado a formas superiores
en el actual.
Los llamados "métodos científicos"
de siembra, cultivo y cosecha de la caña
han provocado la degradación de los suelos
y con ello la pérdida de la productividad.
Esa degradación se debe en lo fundamental
a la compactación por el uso excesivo de
maquinaria agrícola, la erosión,
el drenaje deficiente, el laboreo excesivo, la
disminución de la materia orgánica,
la acidez y la salinización.
Lo peor de todo es que la caña de azúcar
es un cultivo que manejado adecuadamente contribuye
a la conservación de los suelos y a su
mejoramiento progresivo. Pero hasta la calidad
de la caña en esa función se ha
perdido.
Cerca del 20 % de las áreas de caña
corresponden a sólo dos variedades que
durante más de 20 años se han estado
plantando. En ese tiempo, han sufrido el correspondiente
deterioro por erosión genética y
ello las ha llevado a perder las características
por las que antes fueron seleccionadas. La exposición
a nuevos y viejos patógenos, el envejecimiento
y la falta de calidad en la producción
de la semilla originan la pérdida de los
genotipos.
También el uso de productos químicos,
entre ellos herbicidas, maduradores y fertilizantes,
ocasionan la pérdida de la biodiversidad
asociada al cultivo y causan una disminución
de organismos benéficos. Esto unido a la
casi nula rotación e intercalado de otros
cultivos ocasiona el declive de la biodiversidad
en esas tierras.
Otro factor clave ha resultado la deforestación.
Si bien ya no se desmontan bosques para sembrar
la caña como ocurrió durante la
mayor parte del pasado siglo, todavía se
utilizan algunas cantidades de leña al
inicio de las zafras por no contarse con el bagazo
necesario. Aunque el consumo de leña, que
fue de 198,200 toneladas en 1992, se ha reducido
a cerca de 50 mil anuales en la actualidad, todavía
resulta alto pese a la acertada política
de reforestación que se desarrolla en el
país.
No obstante, y a consecuencia de la reestructuración
azucarera, el Ministerio de la Industria Azucarera
dedicará 600 mil hectáreas al desarrollo
forestal del país, con bosques industriales
para utilizar la madera y la pulpa, y los bosques
naturales asociados a la producción de
frutales.
¿Podrá ese organismo solo enfrentar
tamaña tarea? Es dudoso, por no decir imposible.
Especialistas tiene y nadie mejor que ellos para
valorar objetivamente la magnitud de los daños
acumulados. Pero carecen de recursos hasta para
poder realizar las zafras con todos los implementos
y aseguramientos necesarios. Y la labor ambiental
de recuperación lleva, además de
tiempo, muchos recursos de los que no disponen.
Pese a los errores cometidos, tanto de carácter
objetivos como subjetivos, para utilizar su propia
lexicología, sus especialistas tienen el
interés de revertir ese proceso de destrucción
ambiental. Saben que el futuro de la nación
está en juego, y que con la disminución
de la productividad de los suelos, y con ellos
los rendimientos, una zafra eficiente será
una quimera.
Los gobernantes y funcionarios estatales de turno
tienen el deber y la obligación de contribuir
con los recursos necesarios para esa labor. La
tierra amarga no puede producir plantas dulces.
Es el mayor reto que queda a la sociedad cubana
del presente y del futuro.
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