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SOCIEDAD
Lágrimas con sonrisas
Guillermo Fariñas,
Cubanacán Press
SANTA CLARA, diciembre (www.cubanet.org) - Moré
piensa en las ya pasadas escuelas al campo de
su hija Celia, el primer novio que pidió
su mano, y en especial, en cada fiesta de fin
de curso donde, indefectiblemente se le obsequiaba
con las mejores calificaciones de su aula. Todo
esto le hacía olvidar su interna frustración:
no había podido hacerse de un diploma universitario.
La admiración de Moré por el castrismo
no le dejó tiempo para superarse. Primero
fue la clandestinidad, a lo que siguió
Playa Girón, la "lucha contra bandidos",
el Congo Belga con Che Guevara y Víctor
Dreque, la zafra de los 10 millones, Angola, Etiopía,
el contingente Blas Roca. Y sin darse cuenta,
llegó la jubilación.
Tarde comprendió que había subordinado
su realización personal a su hija, la exclusiva
heredera personal y sanguínea con que contaba
en esta vida. Pero ella no era el ser humano soñado.
Por el contrario, su proyección era pragmática,
distante e independiente. Aunque Celia se graduó
de doctora en Medicina Veterinaria, se negaba
a ejercer.
Moré es un cubano típico de piel
negra, alto, desgarbado y con una incipiente calvicie;
65 años maltratados, canas en su cabellera
rizada. Desde hace tres años Moré
prefiere sentarse en la amplia sala de su recién
remozada vivienda en el santaclereño barrio
El Condado, a ingerir bebidas alcohólicas,
a llorar cuando se acerca la Navidad ante el retrato
de su única hija, Celia, donde muestra
una mirada de asombro junto a la nieve.
Moré nunca podrá olvidar los ojos
de su bebita, que eran una mezcla de admiración,
asombro y orgullo en el ya lejano 1978, a su regreso
de Angola. Celia pasó más de un
mes durmiendo abrazada a su padre para que no
se le volviera a perder.
Para qué recordar aquella dinámica
familiar con compañeros del Ministerio
del Interior y Prevención Social del Poder
Popular, donde le presentaron pruebas de que su
hija Celia era una prostituta de extranjeros,
una estigmatizada "jinetera".
Moré dejó de dormir, vivía
en una constante zozobra. Celia se negaba a curar
animales. Su personalidad estaba volcada a "enganchar"
un extranjero que la sacase de este infierno cubano.
Él, su padre, soñaba con que la
detenían y sus huesos iban a dar a la cárcel
para prostitutas Villa Delicias.
En el año 2001 la suerte sonrío
a Celia y se casó con un italiano. Ahora
no quería venir de visita a ver a sus padres.
Se avergonzaba de que ellos no supiesen interactuar
civilizadamente con el primer mundo. Todo lo solucionaba
enviando muchos euros.
Otra lágrima corrió por el rostro
de Moré. Se tomó un buen trago de
ron Arrechavala de 7 años, el más
caro. Encendió el televisor Panasonic,
regalo del Día de los Padres, y pensó
que la desvergüenza tenía sus compensaciones
materiales en esta Navidad. La lágrima
arribó a unos labios sonrientes.
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