PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 24 , 2004
 

SOCIEDAD
Lágrimas con sonrisas

Guillermo Fariñas, Cubanacán Press

SANTA CLARA, diciembre (www.cubanet.org) - Moré piensa en las ya pasadas escuelas al campo de su hija Celia, el primer novio que pidió su mano, y en especial, en cada fiesta de fin de curso donde, indefectiblemente se le obsequiaba con las mejores calificaciones de su aula. Todo esto le hacía olvidar su interna frustración: no había podido hacerse de un diploma universitario.

La admiración de Moré por el castrismo no le dejó tiempo para superarse. Primero fue la clandestinidad, a lo que siguió Playa Girón, la "lucha contra bandidos", el Congo Belga con Che Guevara y Víctor Dreque, la zafra de los 10 millones, Angola, Etiopía, el contingente Blas Roca. Y sin darse cuenta, llegó la jubilación.

Tarde comprendió que había subordinado su realización personal a su hija, la exclusiva heredera personal y sanguínea con que contaba en esta vida. Pero ella no era el ser humano soñado. Por el contrario, su proyección era pragmática, distante e independiente. Aunque Celia se graduó de doctora en Medicina Veterinaria, se negaba a ejercer.

Moré es un cubano típico de piel negra, alto, desgarbado y con una incipiente calvicie; 65 años maltratados, canas en su cabellera rizada. Desde hace tres años Moré prefiere sentarse en la amplia sala de su recién remozada vivienda en el santaclereño barrio El Condado, a ingerir bebidas alcohólicas, a llorar cuando se acerca la Navidad ante el retrato de su única hija, Celia, donde muestra una mirada de asombro junto a la nieve.

Moré nunca podrá olvidar los ojos de su bebita, que eran una mezcla de admiración, asombro y orgullo en el ya lejano 1978, a su regreso de Angola. Celia pasó más de un mes durmiendo abrazada a su padre para que no se le volviera a perder.

Para qué recordar aquella dinámica familiar con compañeros del Ministerio del Interior y Prevención Social del Poder Popular, donde le presentaron pruebas de que su hija Celia era una prostituta de extranjeros, una estigmatizada "jinetera".

Moré dejó de dormir, vivía en una constante zozobra. Celia se negaba a curar animales. Su personalidad estaba volcada a "enganchar" un extranjero que la sacase de este infierno cubano. Él, su padre, soñaba con que la detenían y sus huesos iban a dar a la cárcel para prostitutas Villa Delicias.

En el año 2001 la suerte sonrío a Celia y se casó con un italiano. Ahora no quería venir de visita a ver a sus padres. Se avergonzaba de que ellos no supiesen interactuar civilizadamente con el primer mundo. Todo lo solucionaba enviando muchos euros.

Otra lágrima corrió por el rostro de Moré. Se tomó un buen trago de ron Arrechavala de 7 años, el más caro. Encendió el televisor Panasonic, regalo del Día de los Padres, y pensó que la desvergüenza tenía sus compensaciones materiales en esta Navidad. La lágrima arribó a unos labios sonrientes.


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