PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 23 , 2004
 

ECOLOGIA
Azúcar versus ambiente

Ariel Delgado Covarrubias, UPECI

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - En la prensa oficiosa cubana se publican artículos sobre los trabajos de reanimación y recuperación ambiental que se realizan en la Isla, que resultan del interés y regocijo de todos los que aman al planeta y su futuro.

Pero lamentablemente esas páginas no recogen todo lo que todavía hay que hacer en esa actividad, y que es mucho. Porque en los ecosistemas y los campos cubanos el daño ocasionado en menos de medio siglo resulta impresionante y preocupante a la vez por todo lo que queda por hacer.

Un ejemplo de ello es la actividad agrícola e industrial desarrollada en la producción de azúcar, que en un tiempo bastante prolongado fue la primera industria cubana. Para su gigantesca y millonaria producción se destinaron las mejores tierras del país y su parque industrial, de transporte y mecanización no evolucionó acorde al avance de esas tecnologías, con el consecuente daño a las tierras, las aguas y en general al medio ambiente cubano.

El cierre de casi la mitad de esa industria en la llamada Reestructuración del 2002 fue recibido con alivio y agrado entre los que vivían preocupados por sus efectos nocivos a los campos y ciudades cubanas, aparte de las consecuencias negativas de privar de sus trabajos tradicionales a muchos miles de obreros y la afectación socioeconómica causada a los bateyes que debían su existencia a esos destartalados ingenios.

Pero esa decisión administrativa gubernamental por sí sola no resuelve el problema. Queda mucho por hacer en la recuperación por los daños causados y más preocupación por las zonas que continúan bajo la presión de una campaña azucarera.

Informes del Ministerio de la Industria Azucarera, MINAZ, centro rector de la actividad productiva y al mismo tiempo encargado de velar por el mantenimiento de la calidad ambiental en sus campos y empresas, y que posee mecanismos especializados en esas funciones, han divulgado datos que llaman la atención por el perjuicio que puede ocasionar a la naturaleza.

A partir de la Reestructuración cuentan con 71 empresas azucareras, 14 mieleras, 25 agropecuarias, 13 destilerías y 11 fábricas de torula, estas últimas altamente contaminantes. Disponen además de 2,180,000 hectáreas de las mejores tierras del país, dedicadas 818,800 a la caña, 736,200 a forestales y frutas y 594,800 a producciones agropecuarias. Un verdadero gigante productivo con un ejército de trabajadores y empleados.

La producción azucarera y sus derivados generan 230 mil metros cúbicos de aguas residuales por día. Y una producción de 4 millones de toneladas de azúcar (potencial de lo que quedó en funcionamiento) produciría 1,260 toneladas de cachaza, 439 mil toneladas de ceniza, y 10,080 de bagazo. Ello sin contar los gases que se vierten, producto de la combustión de sus calderas, que se lanzan a la atmósfera.

Es la contaminación de las aguas terrestres y marinas el mayor problema que genera la industria. Diseminados por la mayoría de los municipios del país, aportan a la labor contaminante 130 fuentes generadoras de residuos líquidos y sólidos que se vierten en las cuencas hidrográficas, bahías, zonas costeras y aguas terrestres interiores, afectando con ello también a los suelos aledaños a los canales cuando éstos están en mal estado.

La cachaza, que constituye el 4 % de toda la caña molida, es el principal contaminante sólido y posee un elevado contenido de materia orgánica, en el orden de los 30 kilogramos por metro cúbico en término de demanda química de oxígeno, afectando con ello a las aguas. Se agrega a eso la deficiente gestión ambiental por parte de las fuentes generadoras en lo relacionado con la caracterización, segregación de sustancias nocivas y tratamiento de dichos residuales.

También afecta sobremanera a las fuentes hidrográficas los residuales de combustibles y lubricantes que se generan en las empresas de transporte y talleres de maquinaria agrícola del sector. Y hasta se reporta el vertimiento de residuos de fertilizantes y herbicidas en las orillas de los caminos o cerca de fuentes de abasto de agua, lo que es sumamente peligroso por su carácter biocida.

Contaminación aparte, otro serio problema que genera ese organismo es el consumo de altas cantidades de agua por sus instalaciones, que regresan contaminadas a la tierra. Se calcula que la industria consume 200 mil metros cúbicos de agua por día, el equivalente al necesario para una población de 4,300,000 habitantes.

En medio de la pertinaz sequía que hace una década afecta los campos cubanos, se han realizado serios esfuerzos por ahorrar el agua en los centrales, lo que ha permitido reducir el índice de consumo promedio de 1,69 metros cúbico por día a 0,72 metros cúbicos en los últimos cinco años. Esto ha permitido reducir el volumen de aguas contaminantes de la industria, pero se ha incrementado su densidad contaminante.

La contaminación atmosférica de la industria, aunque ha disminuido en algo, continúa como uno de los males causados a la naturaleza cubana. En muchos lugares hay una incorrecta ubicación de la industria con respecto a los asentamientos humanos, lo que provoca una deficiente calidad del aire que respiran los de bateyes y poblados.

En la actualidad 85 centrales utilizan el bagazo como combustible para sus calderas en tiempo de zafra, pero al concluir la contienda las refinerías continúan su trabajo con el consumo de ciertas cantidades de combustibles fósiles. El organismo central ha orientado la utilización de los residuos agrícolas cañeros, la paja y la biomasa para generar electricidad, ya que permiten que los gases emitidos por la combustión sean menos contaminantes.

Afectan también a la atmósfera los gases producidos por la quema de campos de caña, actividad que aunque se ha reducido al 10 %, todavía continúa alta, y se ha señalado como uno de los aspectos negativos de la última cosecha. Esa acción también afecta a los suelos y a los insectos beneficiosos.

Camiones y locomotoras de tecnología obsoleta también contaminan el aire con la emisión de los gases de sus motores de combustión interna, contribuyendo de esa forma a la destrucción de la naturaleza.

Pero no sólo se reduce este inventario de calamidades a las afectaciones a las aguas y la atmósfera. Más perjudicial resulta la actividad sobre los suelos, que merece tratamiento aparte.

¿Podrá el Ministerio de la Industria Azucarera erradicar los males acumulados durante más de un siglo e incrementados en la última mitad por las razones conocidas? Dicen ellos que voluntad y conocimientos existen, pero faltan recursos. La realidad es que ese trabajo va más allá de sus posibilidades, y el nivel de responsabilidad hay que buscarlo más arriba.


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