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CULTURA
Chucho Obbatalá
Luis Cino
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Vestido
de blanco, con la bandera de la paz y rodeado
de palomas blancas, cuando calló el fragor
de las armas del Bastión 2004, Obbatalá
estuvo en La Habana.
Lo llevó el pianista y compositor Chucho
Valdés al escenario del teatro auditorio
"Amadeo Roldán" para clausurar
el Festival Jazz Plaza en su edición de
2004.
La suite sinfónica Obbatalá fue
estrenada por el afamado pianista cubano con el
concurso de su hermana Mayra Caridad Valdés,
el grupo Irakere y músicos de la Orquesta
Sinfónica Nacional.
El orisha fue invocado por el piano del virtuoso
cubano y con campanilla de plata. Ni así
logró salvar el festival, para muchos el
más deslucido de los últimos años.
Contra él conspiraron la pobre participación
de jazzistas extranjeros y el desmesurado ambiente
bélico creado en el país por la
realización del ejercicio militar que se
desarrolló del 13 al 19 de diciembre.
Ni siquiera logró salvarlo la presencia
del célebre compositor francés Michel
Legrand en uno de los conciertos.
Fue muy oportuno por parte de Chucho Valdés
invocar a Obbatalá. Dicen en la santería
que, padre y madre, rey y reina, creó a
los humanos. Les hizo las cabezas diferentes para
no confundirlos y para que pensaran distinto.
Por ello, las ideas y las palabras tienen muchos
caminos. Es el orisha de la pureza, el perdón
y el equilibrio. Cuando los dioses guerreaban,
rasgó su ropa blanca y pidió la
paz.
Si algún orisha es necesario por acá,
es él. Que traiga paz, equilibrio y tolerancia
para todos los cubanos. Supongo que Obbtalá
ya no esté tan bravo con Chucho Valdés.
El pianista firmó en el año 2003
una declaración en apoyo de la decisión
gubernamental de fusilar a tres jóvenes
negros que intentaron fugarse del paraíso
comunista robando una embarcación de pasajeros.
Los tres eran muy pobres y creyentes de la santería.
No sé si alguno de ellos usaba un collar
blanco. Obbatalá montaba sus cabezas porque
él es el dueño de todas las cabezas.
Dice el gobierno que eran delincuentes. Obbtalá
perdonó sus faltas y las de sus verdugos.
También perdonará a Chucho Valdés,
que seguro firmó porque tenía miedo.
Obbtalá siempre perdona a los hombres
lo que hacen.
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