PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 20 , 2004
 

HISTORIA
Tomás Romay, precursor de las ciencias médicas en Cuba

Miguel Saludes

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - En Cuba el último mes del año reserva un momento especial para el tributo a dos profesionales que siempre han contado con el mayor aprecio social en la Isla. El tercer día del mes ha sido escogido para dedicar un justo homenaje a los médicos y trabajadores de la salud y antes que termine el año, en la antesala de la Navidad, queda reservada una jornada para festejar a los maestros.

El nacimiento del sabio camagüeyano Carlos Juan Finlay, acontecido el 3 de diciembre de 1833, sirve de marco para reconocer el desempeño de los médicos de América.

Carlos J. Finlay centra en su persona la labor abnegada de todos los titulares de Cuba, y se hizo acreedor de ello fundamentalmente por la lucha que libró contra el agente transmisor de la fiebre amarilla, al que identificó. Pero además dio su aporte para vencer otros azotes, como el tétanos infantil en 1903, proponiendo la cura del ombligo de los recién nacidos. También intervino en los esfuerzos contra la filaria, el cólera, la disentería y la tuberculosis. Por esa causa la efeméride es ideal para que los galenos y personal paramédico reciban la felicitación y el cariño de sus pacientes y amigos. Dentro de la misma, es ya una tradición de los cubanos hacerles un obsequio, aunque sea sencillo, a estas personas en quienes depositan confiadamente su salud y que en los momentos duros de la enfermedad dan aliento dispuestos a servir con sus conocimientos en el noble propósito de curar los cuerpos dañados.

Dentro del mismo mes se conmemora el nacimiento de otra figura grande de la medicina cubana, tal vez algo olvidada. El 21 de diciembre de 1764, en Empedrado 71, hoy marcado con el 360, nació Tomás Romay, hijo del médico Lorenzo Romay y de María de los Ángeles Valdés Chacón.

Aunque Tomás Romay ocupa un lugar en las páginas donde están inscritos los grandes hijos de Cuba, en mi opinión su figura no ha sido destacada en toda su dimensión. El hecho que le coloca en lugar cimero de la ciencia médica cubana es la introducción que hizo en la Isla de la inoculación de vacunas, método desconocido por sus colegas coterráneos, hasta que el científico lo hace en 1802. La inoculación del pus de la viruela o variolización tuvo muchos detractores, pero la tenaz defensa hecha por su promotor, quien dio el ejemplo aplicándola en su propia familia, fue decisiva para aplicarla en nuestra patria.

Hombre de amplios conocimientos y cultura, no quedó circunscrito a su papel de médico, desarrollando una amplia actividad en diversos ámbitos del mundo sociocultural de su época. Fundó el Papel Periódico de La Habana, fue miembro directivo de la Sociedad Económica de Amigos del País, protector de estudiantes, promotor de la enseñanza de artes, profesor activo y médico en ejercicio. Podemos decir sin temor a parecer exagerados que Romay acometió una profunda labor como trabajador social, poniéndose al completo servicio de la comunidad que le rodeaba.

Pero la materia que absorberá la vida del joven Romay será la medicina. En 1789 se gradúa de Bachiller en esta ciencia en la Universidad de San Jerónimo, tres años después obtiene la cátedra de Patología y se gradúa de Licenciado. El 24 de junio de 1792 obtiene el doctorado, y pasa a ofrecer su servicio en numerosos centros hospitalarios e instituciones benéficas. Fue médico auxiliar en los hospitales de Marina, de la sala de enfermos en el Convento de Belén, médico general de la real Casa de Beneficencia, médico del convento de Santo Domingo, del colegio de niñas de San Francisco de Sales, del monasterio de Santa Catalina, del Real Colegio Seminario San Carlos, del Hospital Militar de San Ambrosio y el de extramuros.

El contacto directo con el mundo de los enfermos le caracteriza como profesor, al sacar a sus alumnos para que ejercieran el aprendizaje en las salas de los hospitales y para que realizaran autopsias en la morgue.

Su actuar como científico tampoco quedó restringido dentro del campo de la medicina. Su discurso sobre los obstáculos que impedían el progreso de colmenas melíferas en la isla de Cuba y las medidas para fomentarlas es apreciado por los doctos colegas de la sociedad habanera. Incursiona en el periodismo, la poesía y la oratoria. Luchó contra el escolasticismo, favoreciendo una reforma de la enseñanza y la aplicación de métodos experimentales y de observación en las investigaciones médicas. Publicó un discurso sobre la conveniencia de ubicar las sepulturas fuera de las áreas pobladas, diez años antes de que el obispo Espada lograra ese objetivo.

Uno de los primeros estudios realizados en Cuba sobre la fiebre amarilla fue hecho por el Dr. Romay. El trabajo quedó plasmado en la conferencia Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente Vómito Negro, del 5 de abril de 1797. Con ella quedó inaugurada la literatura médica científica cubana y el primer ciclo del estudio de la terrible enfermedad. Los resultados de su investigación, volcados en una copiosa bibliografía, sirvieron años después a Finlay como antecedente para descubrir el vector transmisor. En muchos casos la disertación de Tomás Romay sobre esta materia supera la de otros autores extranjeros, sosteniendo con firmeza el criterio de la no-contagiosidad del mal.

Quizás las convicciones religiosas y el respeto que profesaba, a veces de manera desmedida, hacia los derechos de la Metrópoli elevándolos a la categoría de terrenos, ensombrecieron su personalidad. Pero esto no fue óbice para el amor que demostró a su tierra, a la que quiso ver grande, rica y próspera. Si por una parte es cierto que no subvirtió el sistema colonial, es indudable que abrió los caminos que llevarían a ese fin.

Odiaba la injusticia y el despotismo, pero no encaró adecuadamente la solución a sus causas, una contradicción común a muchos hombres atrapados en la contradicción de ver las cosas, comprenderlas pero sin decidirse a cambiarlas enteramente. No obstante, no se puede soslayar su contribución al tránsito hacia la nacionalidad, a la que ayudó a dar forma y sentido.

El concepto que tuvo sobre la enorme responsabilidad y la humanidad que identifican el trabajo de un médico está en plena vigencia: "…todo exige impetuosamente la más constante y eficaz asistencia, una compasión sin límites, una afabilidad inalterable y todos los auxilios y consuelos que puede dispensar la ciencia más benéfica y la sensibilidad más oficiosa. Sí, lo merecen todos los enfermos, porque todos son hombres y pertenecen a la misma especie." Este pensamiento expresado por Romay será asumido en la realidad cuando ya en la ancianidad -murió en 1849- acude a servir contra el cólera morbo en momentos en que faltaban médicos y ciudadanos dispuestos a enfrentar la epidemia, mientras no pocos huían aterrorizados para evitar contaminarse.

Estos dos médicos ilustres, glorias de Cuba y de América, pusieron su obra al calor del Evangelio, que les sirvió de fuente de fortalecimiento e inspiración. De la fe profunda de estos hombres apenas se habla en el presente. Pero es bueno saber y constatar, cómo en la actualidad muchos de los médicos que reciben el homenaje de la gente agradecida, acuden a su vez a dar tributo a Carlos J. Finlay a través de misas hechas en su memoria.

Una gran parte de nuestros profesionales de la salud, lejos de ser ateos, reconocen el don que el Señor ha puesto en sus manos y lo manifiestan en su día.

De Finlay a Romay puede ser una bella jornada, de ésas que tanto se suelen hacer en Cuba, donde además de congratular la consagración de los médicos se aprecie en todo su valor la figura de uno de los precursores de la medicina cubana, quien también puede ser considerado maestro de generaciones, incluyendo la nuestra.

Fuentes bibliográficas.
José López Sánchez. Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. A. de Ciencias de Cuba. La Habana. 1964.
Palabra Nueva No 120.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster