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SOCIEDAD
Cumplir quince
Adrián Leiva, Grupo Decoro
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Una
tradición establecida en Cuba y que ha
prevalecido pese a los cambios ocurridos en el
entorno socio político de la Isla, es la
fiesta de los Quince. La gran mayoría de
las jóvenes cubanas de ayer y de hoy, al
arribar a esa edad donde impera la belleza -no
haber tenido quince es el peor insulto que se
le puede dedicar a una fémina- tiene la
ilusión de celebrar un convite donde al
menos estén presentes, además de
la familia, las amistades de la escuela y el barrio.
Esta parte, si no esencial, al menos es imprescindible
para las fotos de esa ocasión.
Lo peor que puede ocurrirle a una muchacha es
que ese onomástico pase con más
penas que glorias. Y esto puede ocurrir por dos
razones: o bien los padres no cuentan con el dinero
suficiente para poder adquirir el equipo que se
precisa para vestir a la agraciada o las cosas
fallan al no estar disponibles los productos necesarios
para efectuar una fiesta donde la homenajeada
disfrute en compañía de sus amistades
una feliz noche que pueda guardar en sus recuerdos
para toda la vida. Esto último, que pudiera
ser lo más difícil, es precisamente
uno de los riesgos que amenaza aguar la fiesta
de la más preciosa quinceañera cubana.
Hace unos días mi hermana me pidió
que le efectuara las gestiones pertinentes para
la compra de los escasos productos que se entregan
para cada adolescente del sexo femenino al llegar
a la idílica edad de los quince años.
Para mi sobrina había llegado el ansiado
momento que pasa en un abrir y cerrar de ojos.
Teóricamente el Estado debe garantizar
cinco cajas de cerveza, dos botellas de ron, un
cake y cincuenta panes para celebrar los quince.
Pero esto muchas veces queda en la intención.
En primer lugar con tan escasos recursos no se
puede pretender hacer un festejo medianamente
amplio. Se requiere complementar lo que falta
para poder garantizar una buena fiesta, digna
del acontecimiento que sólo ocurre una
vez en la vida. Esto sin poner en consideración
la calidad de lo asignado para la venta.
Al dirigirme a la unidad donde me correspondía
presentar los documentos para la adquisición
de las bebidas, el pan y el cake, luego de recibir
la amable atención del encargado en la
recepción de los pedidos, éste me
explicó que no iba a ser posible la entrega
de las cajas de cerveza por existir un atraso
de casi ocho meses. O sea, que las jóvenes
que han cumplido quince años desde febrero
a la fecha no han podido comprar lo estipulado
según las famosas normas. La razón
de la falta de la bebida es que hay poca producción
en la fábrica. Pero lo curioso es que lo
mismo ocurrió con las dos botellas de ron,
con un menor plazo en el retraso, pero con la
misma explicación. Hay que tener en cuenta
que el ron destinado para las fiestas de la población
es de mucha menor calidad que el producido para
la venta en los comercios en divisa. Sin embargo,
en el sitio pude conocer que estas deficiencias
no son sufridas únicamente por las quinceañeras,
sino que las parejas que contraen matrimonio,
para el cual tienen derecho a tres cajas de cerveza,
se encontraban en idéntica situación.
Este hecho, generalizado en toda la capital del
país, constituye un ejemplo bien claro
de las necesidades que a diario tenemos que afrontar
los cubanos. Lo más curioso es que se desconoce
si realmente se soluciona este problema y se entregan
los productos a las personas con derecho a comprarlos
desde hace meses. Sobre esto no existe ninguna
información que permita conocer hasta qué
punto estos atrasos quedan en el borrón
y cuenta nueva, mientras otros retardos de entregas
se siguen acumulando sin solución.
Decepcionado, regresé a la casa dispuesto
a dar la mala nueva a mi sobrina, quien no podría
realizar sus planes de hacer una modesta fiestecita
para compartir con sus amigos y compañeros
de escuela. Pero la muchacha ni se inmutó
cuando supo del tremendo problema. Solamente se
limitó a contestar que no sentía
extrañeza por esta inconveniencia, porque
a casi todas sus compañeras de escuela
les había ocurrido lo mismo. La diferencia
era que muchas de ellas tenían la posibilidad
de que sus parientes resolvieran la dificultad
acudiendo al dólar -o mejor dicho, al chavito-
y abastecer los quince con la eficacia de las
tiendas para moneda fuerte, las que afortunadamente
no reciben las consecuencias de la deficiente
producción de las industrias que trabajan
para abastecer a la población que vive
de las cosas normadas y valoradas en moneda nacion
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