PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 17, 2004
 

SOCIEDAD
Cumplir quince

Adrián Leiva, Grupo Decoro

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Una tradición establecida en Cuba y que ha prevalecido pese a los cambios ocurridos en el entorno socio político de la Isla, es la fiesta de los Quince. La gran mayoría de las jóvenes cubanas de ayer y de hoy, al arribar a esa edad donde impera la belleza -no haber tenido quince es el peor insulto que se le puede dedicar a una fémina- tiene la ilusión de celebrar un convite donde al menos estén presentes, además de la familia, las amistades de la escuela y el barrio. Esta parte, si no esencial, al menos es imprescindible para las fotos de esa ocasión.

Lo peor que puede ocurrirle a una muchacha es que ese onomástico pase con más penas que glorias. Y esto puede ocurrir por dos razones: o bien los padres no cuentan con el dinero suficiente para poder adquirir el equipo que se precisa para vestir a la agraciada o las cosas fallan al no estar disponibles los productos necesarios para efectuar una fiesta donde la homenajeada disfrute en compañía de sus amistades una feliz noche que pueda guardar en sus recuerdos para toda la vida. Esto último, que pudiera ser lo más difícil, es precisamente uno de los riesgos que amenaza aguar la fiesta de la más preciosa quinceañera cubana.

Hace unos días mi hermana me pidió que le efectuara las gestiones pertinentes para la compra de los escasos productos que se entregan para cada adolescente del sexo femenino al llegar a la idílica edad de los quince años. Para mi sobrina había llegado el ansiado momento que pasa en un abrir y cerrar de ojos. Teóricamente el Estado debe garantizar cinco cajas de cerveza, dos botellas de ron, un cake y cincuenta panes para celebrar los quince. Pero esto muchas veces queda en la intención. En primer lugar con tan escasos recursos no se puede pretender hacer un festejo medianamente amplio. Se requiere complementar lo que falta para poder garantizar una buena fiesta, digna del acontecimiento que sólo ocurre una vez en la vida. Esto sin poner en consideración la calidad de lo asignado para la venta.

Al dirigirme a la unidad donde me correspondía presentar los documentos para la adquisición de las bebidas, el pan y el cake, luego de recibir la amable atención del encargado en la recepción de los pedidos, éste me explicó que no iba a ser posible la entrega de las cajas de cerveza por existir un atraso de casi ocho meses. O sea, que las jóvenes que han cumplido quince años desde febrero a la fecha no han podido comprar lo estipulado según las famosas normas. La razón de la falta de la bebida es que hay poca producción en la fábrica. Pero lo curioso es que lo mismo ocurrió con las dos botellas de ron, con un menor plazo en el retraso, pero con la misma explicación. Hay que tener en cuenta que el ron destinado para las fiestas de la población es de mucha menor calidad que el producido para la venta en los comercios en divisa. Sin embargo, en el sitio pude conocer que estas deficiencias no son sufridas únicamente por las quinceañeras, sino que las parejas que contraen matrimonio, para el cual tienen derecho a tres cajas de cerveza, se encontraban en idéntica situación.

Este hecho, generalizado en toda la capital del país, constituye un ejemplo bien claro de las necesidades que a diario tenemos que afrontar los cubanos. Lo más curioso es que se desconoce si realmente se soluciona este problema y se entregan los productos a las personas con derecho a comprarlos desde hace meses. Sobre esto no existe ninguna información que permita conocer hasta qué punto estos atrasos quedan en el borrón y cuenta nueva, mientras otros retardos de entregas se siguen acumulando sin solución.

Decepcionado, regresé a la casa dispuesto a dar la mala nueva a mi sobrina, quien no podría realizar sus planes de hacer una modesta fiestecita para compartir con sus amigos y compañeros de escuela. Pero la muchacha ni se inmutó cuando supo del tremendo problema. Solamente se limitó a contestar que no sentía extrañeza por esta inconveniencia, porque a casi todas sus compañeras de escuela les había ocurrido lo mismo. La diferencia era que muchas de ellas tenían la posibilidad de que sus parientes resolvieran la dificultad acudiendo al dólar -o mejor dicho, al chavito- y abastecer los quince con la eficacia de las tiendas para moneda fuerte, las que afortunadamente no reciben las consecuencias de la deficiente producción de las industrias que trabajan para abastecer a la población que vive de las cosas normadas y valoradas en moneda nacion


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