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DEPORTES
La otra cara de la moneda
Javier Machado, Cubanacán Press
SANTA CLARA, diciembre (www.cubanet.org) - Fue
algo inusual, pero ocurrió en el terreno
de pelota. Antes, los aficionados del deporte
nacional se habían puesto de acuerdo para
ir al estadio Sandino a aplaudir hasta la saciedad
al legendario director del equipo de Villa Clara
en la década de los 90, Pedro Jova.
De todos es conocida la racha adversa por la
que atraviesa el equipo naranja en la presente
Serie Nacional. Esa actitud del colectivo tal
parece que viene desde los últimos juegos
de la serie anterior, cuando en el play off final
frente a Industriales, el equipo naranja perdió
cuatro juegos al hilo. La mayoría de los
entendidos de ese deporte creen que se debe al
estado de ánimo de los atletas o al descontento
ante las "locuras" de Víctor
Mesa, su manager.
Jova reapareció este año como director
en nuestros clásicos nacionales, al frente
del sotanero equipo de Guantánamo, después
de siete años condenado al ostracismo deportivo.
Frente a su equipo estuvo este fin de semana en
Villa Vila Clara. Los aficionados sabían
que venía al estadio y se prepararon para
recibirlo como él se lo merece, allí,
en el Sandino, escenario de sus mayores hazañas
y victorias.
El anuncio del nombre Pedro Jova por la amplificación
local constituyó el momento oportuno para
la explosión de júbilo. Todo el
estadio se puso de pie y aplaudió en cerrada
ovación a su ídolo por varios minutos,
mientras que Víctor Mesa fue abucheado.
Pero hagamos un poco de historia.
El 22 de julio de 1997 una nota de prensa aparecida
en el libelo Granma, informaba al pueblo de Cuba
el desmantelamiento y descabezamiento del multicampeón
Villa Clara, todo un reservorio de simpatías
desde 1992 hasta esa fecha.
En esos cinco años el equipo naranja ganó
la zona oriental en cinco ocasiones, y obtuvo
tres campeonatos nacionales. A pesar del bate
de aluminio para acumular average, el pitcheo
de Villa Clara obtuvo en tres ocasiones el liderazgo
de carreras limpias, y acumuló íntegramente
en esos años el mejor promedio: 2.74 carreras
limpias permitidas por juego. El equipo, además,
fue el mejor en bateo, el que más carreras
anotaba, el que más extrabases conectaba,
el mejor a la defensa, representativo de que poseía
la mejor línea central del país.
En la presente campaña, directivos de
la Comisión Nacional de Béisbol
acordaron darle una oportunidad a Pedro Jova,
entregándole las riendas del equipo más
oriental del país, y para que el otrora
estelar torpedero prepare nuevos entrenadores
para que asuman la dirección de ese conjunto
en el futuro.
Sin embargo, con lo que no contaron los funcionarios
del deporte en Cuba fue con la acogida y las muestras
de simpatía que despertó la presencia
de Pedro Jova en su regreso al estadio Sandino,
ocurrido el pasado viernes 10 de diciembre, en
el primer encuentro de la serie Guantánamo-Villa
Clara.
Jova le comentó a un periodista local
antes del partido que no se sentiría bien
dirigiendo desde el dogout de visitador, pues
habían sido muchos los años dirigiendo
el Villa Clara en ese terreno como home club.
Sin embargo, ahora estaba como visitador en su
propia tierra. Prometió que trataría
de conducir a su equipo a la victoria y lo logró
con marcador final de 6 carreras por 1. También
alcanzó el éxito el sábado
en Encrucijada con un abultado y desproporcionado
marcador de 12 por 1. El domingo perdió
en la oncena entrada en Sagua la Grande, 1 por
0.
Abordado un comentarista local sobre el asunto,
confesó que él es amigo personal
de Víctor Mesa, y que se abstenía
de decir nada, porque si Víctor se enteraba
podía aparecerse en su trabajo para caerle
a batazos. Pero reconoció que lo ocurrido
el viernes por la noche en el Sandino fue una
gran lección, porque demostró que
el hombre es Jova y no Víctor Mesa.
"Fue algo espontáneo de la afición
que se dio cita en el Sandino para aplaudir a
un señor manager, y con sus palmas protestar
en contra de los principios del sistema de dirección
de un hombre con graves problemas de carácter
como Víctor Mesa", expresó.
En Encrucijada algunos aficionados llevaron carteles
de apoyo a Jova y llegaron a gritar slongans como
"Jova dirige tú. Víctor ¡pa
la tonga!" Fue otra muestra del pueblo ante
una arbitraria decisión gubernamental,
y el apoyo a las palabras de Jova cuando dijo
al periódico Vanguardia: "Si me dan
la oportunidad, de nuevo dirigiré al Villa
Clara. Fue un equipo que me llevó y al
que llevé a la gloria en varios campeonatos".
La lección popular está dada. Ocurrió
esta vez en un evento deportivo. Quizás
mañana ocurra otra sorpresa protagonizada
por todo un pueblo, pisoteado por una dictadura
por más de 45 años.
Jova propiciaba un juego alegre, dinámico
y cohesionado de sus peloteros, lo que hizo que
el equipo gozara de la simpatía total de
un extremo a otro de la Isla. Incluso aún
hoy los aficionados recuerdan los memorables enfrentamientos
entre el Duque Hernández y Rolando Arrojo.
El primero en el box del equipo Industriales,
y Arrojo por los naranjas.
Según el ex pitching coach de ese equipo,
Orlando Chinea Paret, era imperdonable políticamente
que Villa Clara arrollara con el equipo Santiago
de Cuba, representante de la cuna de la revolución,
y que el pueblo siguiera con más avidez
al multicampeón del centro que los interminables
y aburridos discursos del Comandante en Jefe.
Chinea es del criterio que en esa época
de oro del equipo Villa Clara, comandado por Pedro
Jova, no hubo mitin político, parada militar,
conmemoración histórica, cumbres
o congresos más importante que un juego
de béisbol donde estuvieran los naranjas,
debido a que el equipo se había enraizado
en su pueblo y no había podido ser manipulado
por el Partido Comunista fuera del estadio de
pelota.
Fueron estas razones más que suficientes
para oler a oposición, especialmente porque
dentro y fuera del terreno de juego corrían
aires profesionales. Los atletas sólo se
concentraban en la entrega diaria sobre el terreno
y no escuchaban los teques políticos.
Nada pudieron hacerles dirigentes del partido
y del gobierno en su intento de educar a los peloteros
con estúpidos oportunismos politiqueros.
Ni resolvían las pésimas condiciones
de vida de los peloteros, la carencia de instrumentos
deportivos como spikes, guantes o pelotas, así
como la deficiente alimentación, las paupérrimas
condiciones de alojamiento o el ineficiente e
incómodo sistema de transporte.
Sin embargo, tomaron desquite al lavarse las
manos y dejar la tarea a la Seguridad del Estado,
para hacer público, ese día del
mes de julio de 1997 que el desmantelamiento y
descabezamiento de Villa Clara se debía
a que varios de sus jugadores, su manager y otras
personas habían tenido contacto telefónico
con el "pitcher traidor" Rolando Arrojo,
otrora estelar de los naranjas y el team Cuba.
La nota de prensa vinculó a Jorge Luis
Toca, a Ángel López, Eduardo Paret,
Orlando Chinea, al propio Jova y a otras figuras
suspendidas de por vida del deporte activo. La
mayoría, acompañada de otras personas,
se hicieron a la mar, aunque algunos aceptaron
vergonzosamente el sometimiento al régimen.
Esos elementos perduran en el subconsciente de
los aficionados a la pelota. Conocen que fue arbitrario
e injusto el proceder de las autoridades, porque
el deporte no debe medirse con reglas políticas.
En el recuerdo quedó el conocimiento de
que Pedro Jova fue en la década del 90
el mejor manager del béisbol cubano. Jova
y Ramón Carneado (años 70), son
los únicos directores de equipo que han
discutido en cinco o más ocasiones, de
forma consecutiva, un campeonato.
Estos méritos no son ajenos a los funcionarios
del béisbol en el país a todos los
niveles, ni de los comentaristas deportivos, aunque
no los reconozcan públicamente.
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