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SOCIEDAD
Lindas cubanas
Tania Díaz Castro
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Analizar
los problemas que enfrenta la mujer cubana bajo
el castrismo no es tarea fácil. Las estadísticas
que pudieran servir para hacer una mejor valoración
de situaciones concretas, como por ejemplo, el
éxodo de mujeres que contraen matrimonio
con extranjeros para escapar del país y
otros aspectos importantes de nuestra grey femenil,
no están al alcance ni siquiera de la prensa
oficial.
La cifra total de mujeres jóvenes, por
lo general casadas con extranjeros de mucha más
edad que ellas, sólo la conoce el Estado.
Es posible que también sepa todas las que
han perdido la vida en el Estrecho de Florida.
No se olvida a Elizabeth Brotons, madre del niño
Elián González, joven matancera
que escapó del país de forma clandestina
en una frágil embarcación, para
llegar con su pequeño hijo a Estados Unidos.
Elizabeth murió en el mar y Elián
fue devuelto al padre y a las autoridades cubanas.
Con el fin de incorporar a la mujer cubana a
las tareas vinculadas con el mantenimiento del
régimen, se implantó la política
de la "igualdad de sexos". En ese sentido
la mujer cubana cayó en una trampa, porque
llevada a la práctica esa "igualdad",
dejó de ser la reina de la sociedad. Así,
ya no hay caballeros gentiles que la ayuden a
subir a un ómnibus y le cedan el asiento.
A empujones y codazos pueden verse hombres y mujeres
en las colas y en el transporte cubanos.
No sorprendería a nadie que en cualquier
momento el régimen de Fidel Castro acusara
a la Ley de Ajuste Cubano de ser culpable de que
miles de lindas cubanas marchen cada día
a cualquier país del mundo mediante un
contrato matrimonial carente de amor, sólo
para escapar de un régimen que ni siquiera
les brinda libertad.
Aspiraciones tan sencillas como alquilar un apartamento
donde vivir sola o acompañada, viajar al
extranjero como turista, alimentarse, vestir a
la moda, pertenecer a un partido político
que no sea el oficialista, crear una organización
de derechos humanos de forma legal, divorciarse
de un alto jefe político o ingresar a una
religión sin ser vigilada, no puede realizarlas
la mujer cubana. Ni siquiera puede expresar ante
el Estado sus quejas y conflictos económicos
como trabajadora, pues sólo cuenta con
una organización, la Federación
de Mujeres Cubanas, que responde incondicionalmente
a los postulados del gobierno.
En busca de libertad y prosperidad económica
la mujer cubana abandona su patria. A un costo
de casi mil dólares un extranjero puede
casarse con una cubana, sin contar los gastos
de su partida del país. Estas bodas se
han convertido en un espectáculo cotidiano
no sólo en barrios residenciales, sino
también en pueblos de campo y solares habaneros.
Pero también las hay que prefieren escapar
de forma independiente, como Sandra de los Santos
quien, desafiando la posibilidad de morir asfixiada,
se encerró en una caja de madera y viajó
en avión a los Estados Unidos en agosto
pasado como polizón.
Sandra, una linda mulata, de 24 años,
expresó recientemente al ser entrevistada
en Miami: "Nada ni nadie iba a impedirme
escapar del comunismo".
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