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SOCIEDAD
Llegó la Navidad
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - El tiempo,
con su rápido aleteo, nos ha traído
la etapa navideña. Y sin embargo, parece
que fue ayer cuando pasamos las últimas
Navidades.
Así de volando se han ido los 365 días
del año sin que apenas nos hayamos dado
cuenta.
Esta es la sexta Navidad que celebran los cubanos
tras su reaparición en 1998, luego de casi
treinta años de silencio pascual. Ha sido
tan fuerte la voluntad "antinavideña"
del castrismo, que para restaurarla fue preciso
la visita del mismísimo Papa.
Cualquier podría preguntarse el por qué
de esa fobia del régimen cubano hacia tan
inofensiva y amorosa festividad. La respuesta
pasa por diferentes interpretaciones.
No son pocos los que piensan que todo se debe
a que el diablo fijó residencia en la Isla
a partir de enero de 1959. Tal presupuesto tiene
su razón de ser.
Otros, haciendo uso del análisis y la
razón, lo asocian con la naturaleza religiosa
de la Navidad, a la que el padre de la ideología
catalogaba como "opio de los pueblos",
mientras que muchos de sus seguidores ven en estas
fiestas una manifestación burguesa contra
la cual es necesario enfocar los cañones
de la revolución cultural.
En Cuba, particularmente, los bisoños
combatientes de las huestes marxistas al frente
del poder político tomaron como pretexto
para suspender las Navidades su coincidencia con
las zafras azucareras.
Sea como sea, el castrismo hizo trizas una festividad
que era símbolo de genuina cubanía
y marco insustituible para la manifestación
del amor y la unión familiar.
Cierto es que las autoridades comunistas no mataron
ni metieron en la cárcel a ningún
cubano por celebrar las Navidades, pero los pocos
que se atrevían a hacerlo mostraban suficiente
precaución y sigilo para no cargar el estigma
de "débiles ideológicos"
y "penetrados por el enemigo". Tales
sambenitos condenaban a una muerte en vida que
es la peor forma de andar en el mundo de los vivos.
Pero llegó al fin esta sublime etapa del
año con su Nochebuena, el fin de año
y los Reyes Magos.
Anunciándola, desde los primeros días
de diciembre se yergue el arbolito con guirnaldas
de luces de colores, cuyo titileo se hace más
o menos intenso según suben o bajan las
notas del villancico, creando un ambiente de música,
luz y color que llega al corazón y saca
las ocultas alegrías, por muy escondidas
que puedan estar en el aposento de las tristezas.
El arbolito es el heraldo de la Navidad, y ésta
es refugio de sueños, ilusiones y esperanzas.
Cuando ella llega, hasta el aire parece impregnarse
de un aroma distinto.
Pero este año el corazón de los
cubanos anda bien triste. Ya venía muy
mal con el encarcelamiento de los 75 periodistas
y opositores, con lo que se elevaba el número
a más de 300 presos políticos. A
ello se agrega el fusilamiento de tres desdichados
jóvenes.
A tan reciente herida se le suma el aumento generalizado
de precios en productos de primera necesidad que
se vendían en dólares (ahora en
chavitos), ocurrido a mediados de año,
y que se ha generalizado a todos los artículos
de uso y consumo humano. Como colofón,
la reciente devaluación interna del dólar
y el cese de su circulación en el país.
El hostigamiento y persecución a las "ilegalidades"
tiende sus tentáculos hacia los intentos
informales de "buscarse la vida" que
constituyen la tabla de salvación del ciudadano
común.
Mientras se asedia al cuentapropista con impuestos
y exigencias, el tomate se vende a ocho pesos
la libra en el mercado privado, y a seis en el
agromercado estatal (cuando llega), y a costa
de una larga cola. A siete u ocho pesos se vende
el mazo de diez cebollitas, y a tres o cuatro
la unidad de ají. El aumento de precios
sólo es comparable al de la represión
y la vigilancia, para cuya facilitación
se han reducido al mínimo los apagones
en Ciudad Habana.
El gobierno teme caerse y fracturarse en muchos
pedazos, mientras el pueblo teme morirse de hambre.
Ambos luchan por la subsistencia en medio de unas
Navidades de escasas alegrías y abundantes
tristezas.
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