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AGRICULTURA
Los cerdos también tienen hambre (II y final)
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Las
tímidas reformas económicas emprendidas
en 1994 llegaron a salvar la producción
porcina del país. El Estado cedió
a los particulares la crianza de esos animales
ante la imposibilidad de disponer de los piensos
necesarios para su alimentación. La creación
ese mismo año de los mercados agropecuarios
de libre concurrencia impuso precios que estimulaban
a su producción.
Ya para el año 2002 la masa porcina del
país se calculaba en dos millones de cerdos,
de los cuales el 70 % pertenecían al sector
privado. Ese sector posee más de 900 mil
reproductoras, una masa superior a la que mantiene
el estado en sus instalaciones. Y según
datos publicados en 2003 la producción
de esa carne ascendió a 50,700 toneladas,
la mitad de lo alcanzado en 1989, de las cuales
el 50 % correspondió al sector cooperativo
campesino.
Del total de la producción estatal, 20
mil toneladas corresponde a los convenios porcinos
con los campesinos, mediante el cual el Estado
les suministra pies de crías y parte de
la alimentación, que generalmente no es
de la mejor calidad, y el resto debe aportarlo
el criador. En correspondencia, el campesino debe
vender parte de su producción al Estado,
a 10 pesos la libra.
En las empresas porcinas estatales se ha impuesto
la norma de consumir sólo 3,5 toneladas
de piensos industriales por cada tonelada de carne
producida, la mitad de lo consumido en 1989. De
esa forma su costo estaría entre 600 y
640 dólares la tonelada, lo que la haría
competitiva ante los precios del mercado internacional.
Como se puede apreciar, lo determinante en esa
producción es la existencia de alimentos
de calidad que permitan una mejor conversión
en la relación pienso invertido por carne
producida. En los años 90 el Estado se
dedicó a sembrar soya con la esperanza
de poder garantizar la producción de aceite
y alcanzar una base alimentaria sólida
para los cerdos. Pero ese plan fracasó
al resultar los costos de producción muy
superiores a los existentes en el mercado internacional.
En medio de la elevada escasez de divisas y la
falta de financiamiento exterior, y por otra parte
adversas condiciones climatológicas que
han desembocado en una prolongada y aguda sequía,
la alimentación de los cerdos se ha convertido
en un gran problema. Se calcula que para lograr
el abastecimiento requerido y con ello bajar los
precios, hace falta una producción anual
equivalente a 190,300 toneladas.
Ante tal situación surge una nueva esperanza
con una planta forrajera, el sorgo. Originaria
de Africa Central, es una gramínea parecida
al maíz que crece hasta tres metros, muy
resistente a la sequía y de menores requerimientos.
Además de necesitar mucha menor cantidad
de agua que esa gramínea para formar un
kilogramo de materia seca, el sorgo ante una prolongada
sequía puede retener su crecimiento y emprenderlo
más tarde, cuando obtiene el agua necesaria.
Conocedores de esas ventajas, especialistas del
ministerio de la Agricultura trabajan en su desarrollo.
La Universidad Central de Villa Clara dispone
de 47 variedades de ese grano para estudiar y
seleccionar las mejores opciones para la siembra
en el país. Ya desde el pasado año
el sector cooperativo y campesino cosechó
sorgo en algo más de 9,300 hectáreas
en las provincias de Holguín, Villa Clara,
Granma y Ciego de Avila, en especial para dedicarlo
a semilla.
Los especialistas consideran que además
de la falta de semillas en cantidades suficientes
para extenderlo por todo el país, conspira
la falta de conocimiento de las características
de ese cultivo por parte de los productores y
la carencia de una organización productiva
que permita iniciar su producción a gran
escala.
Se considera que el sorgo puede llegar a cubrir
el 70 % de los piensos necesarios para la alimentación
de los cerdos del país, y se pone especial
énfasis para su desarrollo en las provincias
orientales, donde la sequía adquiere límites
alarmantes y este cultivo puede hacer productiva
numerosas tierras afectadas por la falta de agua.
¿Será el sorgo la gramínea
milagrosa que permitirá saciar el hambre
de los cerdos y permitir una producción
elevada de su carne, para saciar a su vez la alta
demanda que requiere la población? Especial
preocupación tienen los especialistas con
la política de precios a seguir con este
nuevo producto agropecuario, pues precios adecuados
permitirían un mayor incentivo en su producción.
Pero la trayectoria de la política con
otros productos, puede ser que el sorgo, al igual
que el maíz y la soya, no pasen de ser
un interesante experimento. De no ser así
podría ser una parte importante de la solución.
Mientras tanto los cerdos, al igual que los humanos,
tienen hambre, y mucha.
Los
cerdos también tienen hambre (I)
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