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AGRICULTURA
Los cerdos también tienen hambre (I)
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - La revolución
cubana ha cambiado y destruido tradiciones que
eran muy queridas por el pueblo. Algunas de ellas,
como las Navidades, se tratan de rescatar, aunque
no con el sentido en que décadas atrás
se celebraban por toda la nación.
Si entre los logros de este proceso están
la educación, la salud pública y
los deportes, entre sus grandes fracasos se ubican,
en primer lugar, el desayuno, el almuerzo y la
comida de todos los cubanos. En el afán
revolucionador se pretendía elevar la alimentación
popular, y para ello se transformaron las bases
alimenticias del pueblo, perdiéndose con
ello la tradición en el consumo de algunos
alimentos.
Desde siglos atrás la cocina tradicional
cubana se sustentaba en la utilización
de carne de res, que era del consumo de la gran
mayoría de los cubanos. Si en las mesas
de los pudientes se engullían jugosos filetes,
en la de los pobres eran comunes los platos con
picadillo, ternilla para sopas y la considerada
"carne de segunda", como la falda, en
formas variadas (carne con papas, "ropa vieja",
etc.) hasta llegar al consumo de platos que resultaban
más económicos, como la pata y panza
y el "rabo encendido".
Se pretendió sustituir la carne de res
por el pollo, los pescados y la carne de cerdo.
Tradicionalmente el cerdo era consumido fundamentalmente
por las familias del campo, ya que dentro de la
manteca se podían conservar trozos de carne
cocida. Nacionalmente el cerdo tenía su
momento culminante en la cena tradicional de Nochebuena
y en la realización de eventos sociales
y familiares, bodas, comidas donde se reunía
a toda la familia. Y en las provincias orientales
era muy común el "pan con macho",
como le dicen por esos lares a los cerdos.
De todos los sustitutos propuestos para la carne
de res, la de cerdo es la que mayor aceptación
ha tenido, debido en primer lugar a su mejor y
más fácil producción. Actualmente
los extranjeros que visitan el país afirman
que el plato tradicional cubano es con esa carne.
En los últimos decenios los estudios alimentarios
han demostrado el resultado poco saludable del
consumo elevado de las llamadas "carnes rojas".
Se incluyen en éstas las del ganado bovino,
el ovino, el caprino y los cerdos, pero esta última
es la más perjudicial. Grandes religiones
como la hebrea y la musulmana prohíben
su ingestión, al considerar a ese animal
como inmundo, y su explicación, fuera de
todo dogma religioso, radica en su mala calidad
para digerirse, su fácil descomposición,
la presencia frecuente de enfermedades y al exceso
de grasas muy dañinas para la salud. Esa
es la carne que el socialismo brinda como principal
fuente alimentaria al pueblo cubano.
Larga y penosa ha sido la trayectoria del desarrollo
porcino del país. Como corresponde a toda
economía planificada socialista, el Estado
asumió la producción mayoritaria
de esos animales. Se crearon gigantescos centros
porcinos y se importaron pies de crías
del extranjero para mejorar y desarrollar los
ejemplares cubanos. En todo momento el aspecto
determinante de esa producción lo constituyó
la existencia de alimentos para garantizar su
rápido crecimiento y ceba. Y ahí
radicó su vulnerabilidad y principal limitación.
En 1971 y 1980 el país sufrió la
epidemia de la llamada Fiebre Porcina Africana
y cientos de miles de cerdos fueron sacrificados.
No obstante, en 1989 se alcanzó la mayor
cifra de carne acopiada, 103,000 toneladas. En
esos momentos el Estado era el principal propietario
de la masa porcina y el mayor productor.
Para alimentar a un millón y medio de
cerdos, se importaban piensos del entonces campo
socialista. Se consumía medio millón
de toneladas de esos cereales. El costo de producción
de una tonelada de carne era de 1,400 dólares,
el doble de su precio en el mercado internacional.
Tal derroche se vino abajo con el Muro de Berlín,
y los cerdos, al igual que todo el pueblo, comenzaron
a padecer hambre.
El cerdo es un animal muy sensible al hambre,
pues sus defensas bajan notablemente ante la carencia
de nutrientes, y así en 1993 la masa porcina
se redujo a la tercera parte de la existente en
1989. En esos años la libra de carne de
cerdo se llegó a cotizar hasta a 45 pesos.
Parecía que los cerdos estaban llamados
a desaparecer.
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