PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 8, 2004
 

AGRICULTURA
Los cerdos también tienen hambre (I)

Ariel Delgado Covarrubias, UPECI

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - La revolución cubana ha cambiado y destruido tradiciones que eran muy queridas por el pueblo. Algunas de ellas, como las Navidades, se tratan de rescatar, aunque no con el sentido en que décadas atrás se celebraban por toda la nación.

Si entre los logros de este proceso están la educación, la salud pública y los deportes, entre sus grandes fracasos se ubican, en primer lugar, el desayuno, el almuerzo y la comida de todos los cubanos. En el afán revolucionador se pretendía elevar la alimentación popular, y para ello se transformaron las bases alimenticias del pueblo, perdiéndose con ello la tradición en el consumo de algunos alimentos.

Desde siglos atrás la cocina tradicional cubana se sustentaba en la utilización de carne de res, que era del consumo de la gran mayoría de los cubanos. Si en las mesas de los pudientes se engullían jugosos filetes, en la de los pobres eran comunes los platos con picadillo, ternilla para sopas y la considerada "carne de segunda", como la falda, en formas variadas (carne con papas, "ropa vieja", etc.) hasta llegar al consumo de platos que resultaban más económicos, como la pata y panza y el "rabo encendido".

Se pretendió sustituir la carne de res por el pollo, los pescados y la carne de cerdo. Tradicionalmente el cerdo era consumido fundamentalmente por las familias del campo, ya que dentro de la manteca se podían conservar trozos de carne cocida. Nacionalmente el cerdo tenía su momento culminante en la cena tradicional de Nochebuena y en la realización de eventos sociales y familiares, bodas, comidas donde se reunía a toda la familia. Y en las provincias orientales era muy común el "pan con macho", como le dicen por esos lares a los cerdos.

De todos los sustitutos propuestos para la carne de res, la de cerdo es la que mayor aceptación ha tenido, debido en primer lugar a su mejor y más fácil producción. Actualmente los extranjeros que visitan el país afirman que el plato tradicional cubano es con esa carne.

En los últimos decenios los estudios alimentarios han demostrado el resultado poco saludable del consumo elevado de las llamadas "carnes rojas". Se incluyen en éstas las del ganado bovino, el ovino, el caprino y los cerdos, pero esta última es la más perjudicial. Grandes religiones como la hebrea y la musulmana prohíben su ingestión, al considerar a ese animal como inmundo, y su explicación, fuera de todo dogma religioso, radica en su mala calidad para digerirse, su fácil descomposición, la presencia frecuente de enfermedades y al exceso de grasas muy dañinas para la salud. Esa es la carne que el socialismo brinda como principal fuente alimentaria al pueblo cubano.

Larga y penosa ha sido la trayectoria del desarrollo porcino del país. Como corresponde a toda economía planificada socialista, el Estado asumió la producción mayoritaria de esos animales. Se crearon gigantescos centros porcinos y se importaron pies de crías del extranjero para mejorar y desarrollar los ejemplares cubanos. En todo momento el aspecto determinante de esa producción lo constituyó la existencia de alimentos para garantizar su rápido crecimiento y ceba. Y ahí radicó su vulnerabilidad y principal limitación.

En 1971 y 1980 el país sufrió la epidemia de la llamada Fiebre Porcina Africana y cientos de miles de cerdos fueron sacrificados. No obstante, en 1989 se alcanzó la mayor cifra de carne acopiada, 103,000 toneladas. En esos momentos el Estado era el principal propietario de la masa porcina y el mayor productor.

Para alimentar a un millón y medio de cerdos, se importaban piensos del entonces campo socialista. Se consumía medio millón de toneladas de esos cereales. El costo de producción de una tonelada de carne era de 1,400 dólares, el doble de su precio en el mercado internacional. Tal derroche se vino abajo con el Muro de Berlín, y los cerdos, al igual que todo el pueblo, comenzaron a padecer hambre.

El cerdo es un animal muy sensible al hambre, pues sus defensas bajan notablemente ante la carencia de nutrientes, y así en 1993 la masa porcina se redujo a la tercera parte de la existente en 1989. En esos años la libra de carne de cerdo se llegó a cotizar hasta a 45 pesos. Parecía que los cerdos estaban llamados a desaparecer.


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