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AGRICULTURA
Abejas
indocumentadas en desgracia
Reinaldo Cosano Alén
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Aunque
ni africanas ni asesinas, a las abejas intrusas
instaladas sin permiso de nadie en la capital
les ha llegado su hora. Su mala hora.
Inmigrantes ilegales, sean laboriosos insectos
provincianos o compatriotas, también de
provincia, llegados a La Habana, seducidos ambos
por una misma atracción: hallar mejor medio
de vida, encontrarán una guerra sin cuartel.
Conciudadanos del "interior", como
se les dice, no pueden residir permanentemente
-a veces ni de tránsito- en La Habana,
porque lo prohíbe la ley de la emigración
interna. La respuesta a los violadores de la ley
es deportación y multas elevadas.
El provinciano, especialmente si es joven, justifica
sus ansias capitalinas por la falta de trabajo,
bajos salarios, miserias mayores y escasa distracción.
No están equivocados, aunque los que en
lucha contra viento y marea logran algún
espacio, aún bajo una escalera o puente,
comprueban más tarde que sus fantasías
pueblerinas se vuelven desilusión. La Habana,
también cargada de miserias, no les puede
dar lo soñado.
Las abejas, que no pueden articular palabras,
de otra forma entre sus congéneres dirán
lo mismo que el especialista del ministerio de
la Agricultura: la ausencia de suficiente flora
melífera para alimentarse -producto de
la deforestación, y tan aguda sequía
de casi una década- provoca que las colmenas
suelten enjambres en busca de comida. Es por esa
explosión "demográfica"
que las abejas se instalan en las ciudades y también
en la capital.
Para las pobrecitas abejas indocumentadas no
caben multas ni deportaciones, sino condena a
muerte.
Tampoco nadie las puede defender intentando indulto
o repatriación por el solo delito de ocupar
oquedades en una ciudad no muy limpia, ni porque
alguien proclame en su defensa que la abeja es
el ser viviente más útil y laborioso
de todo el planeta.
No las salva de la muerte siquiera repetir que
muchos de sus productos, además de su miel,
ayudan a mantener la salud humana. Paradójicamente,
el ministerio de la Agricultura ha expuesto que
esas abejas de "mal linaje" son potenciales
vectores de enfermedades.
No es amenaza del ministerio, ni palabras hueras.
El pasado año 80 colmenas de propietarios
particulares y 620 enjambres silvestres fueron
pasados por las armas químicas por el cuerpo
de bomberos de la capital y un equipo de fumigadores
del propio ministerio, en un programa que es parte
del saneamiento agrícola, según
el decreto 176 de 1992 del Comité Ejecutivo
del Consejo de Ministros.
Exterminadores de abejas de la capital dan el
dato cierto de personas que tuvieron que ser hospitalizadas
después de sufrir el ataque de hambrientas
abejas. Se sabe que estas abejas atacan si son
molestadas o atacadas.
El ministerio de la Agricultura explica que las
colonias sin control de estas abejas Apis Melifera
Ligusta, una variedad europea, pueden llegar a
ser reservorio de microbios y parásitos
que afectan colonias sanas bajo control epidemiológico,
empleadas en la polinización agrícola
y en la obtención de miel certificada.
También expone el ministerio de la Agricultura
que la eliminación de enjambres silvestres
tiene el propósito de proteger las especies
y sus colonias en centros estatales de crianza
de abejas reinas, y la introducción y generalización
de abejas meliponas, que no pican, y son genéticamente
más resistentes al clima. De no combatirse
las silvestres, pudieran entrecruzarse con la
Apis Melipona (cerfificada).
Un aspecto más en detrimento de la Melifera
Ligusta -dice el ministerio- es que están
dañadas por la alta polución de
la capital. También dijeron las autoridades
que su miel es de dudosa calidad, y es comercializada
por particulares ilegalmente; miel a la que muchas
persones acuden por razones alimenticias, médicas,
o sencillamente gustosas de miel.
El Estado, que ha tomado el control de la casi
totalidad de las colmenas instaladas por el ministerio
de Agricultura o particulares, no comercializa
la miel, ni la jalea real, ni otros productos
de las abejas, a no ser en tiendas donde se vende
en divisas; pero no se encuentran siempre en venta
ni en todas las tiendas, a precios demasiados
elevados. Hace décadas que de la dieta
del cubano ha desaparecido la miel, uno de los
principales alimentos de los insurrectos en nuestras
guerras de independencia, y en general, del cubano.
Los apicultores cubanos acopiaron el pasado año
-según información pública
de Israel Lozada, director nacional de Apicultura
del ministerio de Agricultura- 7,200 toneladas
de buena miel de abeja, la cifra más alta
de los últimos doce años, casi toda
destinada al mercado externo donde la tonelada
se cotiza a más de dos mil dólares.
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