PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 2 , 2004
 

AGRICULTURA
Abejas indocumentadas en desgracia

Reinaldo Cosano Alén

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Aunque ni africanas ni asesinas, a las abejas intrusas instaladas sin permiso de nadie en la capital les ha llegado su hora. Su mala hora.

Inmigrantes ilegales, sean laboriosos insectos provincianos o compatriotas, también de provincia, llegados a La Habana, seducidos ambos por una misma atracción: hallar mejor medio de vida, encontrarán una guerra sin cuartel.

Conciudadanos del "interior", como se les dice, no pueden residir permanentemente -a veces ni de tránsito- en La Habana, porque lo prohíbe la ley de la emigración interna. La respuesta a los violadores de la ley es deportación y multas elevadas.

El provinciano, especialmente si es joven, justifica sus ansias capitalinas por la falta de trabajo, bajos salarios, miserias mayores y escasa distracción. No están equivocados, aunque los que en lucha contra viento y marea logran algún espacio, aún bajo una escalera o puente, comprueban más tarde que sus fantasías pueblerinas se vuelven desilusión. La Habana, también cargada de miserias, no les puede dar lo soñado.

Las abejas, que no pueden articular palabras, de otra forma entre sus congéneres dirán lo mismo que el especialista del ministerio de la Agricultura: la ausencia de suficiente flora melífera para alimentarse -producto de la deforestación, y tan aguda sequía de casi una década- provoca que las colmenas suelten enjambres en busca de comida. Es por esa explosión "demográfica" que las abejas se instalan en las ciudades y también en la capital.

Para las pobrecitas abejas indocumentadas no caben multas ni deportaciones, sino condena a muerte.

Tampoco nadie las puede defender intentando indulto o repatriación por el solo delito de ocupar oquedades en una ciudad no muy limpia, ni porque alguien proclame en su defensa que la abeja es el ser viviente más útil y laborioso de todo el planeta.

No las salva de la muerte siquiera repetir que muchos de sus productos, además de su miel, ayudan a mantener la salud humana. Paradójicamente, el ministerio de la Agricultura ha expuesto que esas abejas de "mal linaje" son potenciales vectores de enfermedades.

No es amenaza del ministerio, ni palabras hueras. El pasado año 80 colmenas de propietarios particulares y 620 enjambres silvestres fueron pasados por las armas químicas por el cuerpo de bomberos de la capital y un equipo de fumigadores del propio ministerio, en un programa que es parte del saneamiento agrícola, según el decreto 176 de 1992 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

Exterminadores de abejas de la capital dan el dato cierto de personas que tuvieron que ser hospitalizadas después de sufrir el ataque de hambrientas abejas. Se sabe que estas abejas atacan si son molestadas o atacadas.

El ministerio de la Agricultura explica que las colonias sin control de estas abejas Apis Melifera Ligusta, una variedad europea, pueden llegar a ser reservorio de microbios y parásitos que afectan colonias sanas bajo control epidemiológico, empleadas en la polinización agrícola y en la obtención de miel certificada.

También expone el ministerio de la Agricultura que la eliminación de enjambres silvestres tiene el propósito de proteger las especies y sus colonias en centros estatales de crianza de abejas reinas, y la introducción y generalización de abejas meliponas, que no pican, y son genéticamente más resistentes al clima. De no combatirse las silvestres, pudieran entrecruzarse con la Apis Melipona (cerfificada).

Un aspecto más en detrimento de la Melifera Ligusta -dice el ministerio- es que están dañadas por la alta polución de la capital. También dijeron las autoridades que su miel es de dudosa calidad, y es comercializada por particulares ilegalmente; miel a la que muchas persones acuden por razones alimenticias, médicas, o sencillamente gustosas de miel.

El Estado, que ha tomado el control de la casi totalidad de las colmenas instaladas por el ministerio de Agricultura o particulares, no comercializa la miel, ni la jalea real, ni otros productos de las abejas, a no ser en tiendas donde se vende en divisas; pero no se encuentran siempre en venta ni en todas las tiendas, a precios demasiados elevados. Hace décadas que de la dieta del cubano ha desaparecido la miel, uno de los principales alimentos de los insurrectos en nuestras guerras de independencia, y en general, del cubano.

Los apicultores cubanos acopiaron el pasado año -según información pública de Israel Lozada, director nacional de Apicultura del ministerio de Agricultura- 7,200 toneladas de buena miel de abeja, la cifra más alta de los últimos doce años, casi toda destinada al mercado externo donde la tonelada se cotiza a más de dos mil dólares.

 


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