|
DESDE
LA CARCEL
Infierno en el paraíso
José
Luis García Paneque, director de la
agencia de prensa Libertad y prisionero de conciencia,
condenado a 24 años, que cumple en Santa
Clara. Reside en Las Tunas.
PRISION EL PRE, abril (www.cubanet.org) - Como
cada año desde hace más de una década,
en los meses de marzo-abril resurge el tema de
las violaciones a los derechos humanos en el mundo,
a propósito de las sesiones de debates
que realiza la Comisión de la ONU en la
ciudad suiza de Ginebra.
Los aludidos e interpelados como transgresores
de los derechos fundamentales de sus pueblos,
se vuelcan a tratar de justificar su posición
y atacar con ferocidad a los que los señalan,
apelando incluso a calamidades y atrocidades que
en el pasado sufrió la humanidad. Y no
es que se quiera olvidar la historia, ni el pasado
lejano como el más cercano, que dieron
lugar a que los pueblos proclamaran, aprobaran
y ratificaran la Declaración Universal
de los Derechos del Hombre hace más de
50 años, que con sus defectos y omisiones,
significó uno de los acontecimientos más
importantes para la humanidad.
El tema ha sido manejado por los gobiernos nacionales
según sus intereses, para imponer la ideología,
perpetuar formas de gobierno y gobernantes, supeditando
obligaciones sociales inherentes a todo estado
por encima de derechos políticos y civiles.
Es lamentable e indignante ver en la televisión,
escuchar en la radio o leer en la prensa cómo
se tergiversa la información, se oculta
la realidad, se influye sobre las masas y se trata
de justificar lo injustificable.
Nadie niega que todavía se violan derechos
humanos elementales en distintas partes del mundo,
pero no es justificación compararse en
éstos o cubrir la realidad con beneficios
sociales que son obligaciones de los gobiernos,
para privar a sus pueblos del ejercicio, de forma
libre, constructiva y sin censura, de los derechos
políticos y civiles.
Que una persona disienta de la ideología
oficial no es causa para que se considere un enemigo,
se le tilde de apátrida, se le persiga
por expresarlo, se le encarcele para amedrentar
a otros que piensan igual y se mancille su persona
para infundir miedo en el pueblo.
Se apela a distintas convenciones según
convenga para hurgar en la paja del ojo ajeno,
pero sería digno que se tuviera en cuenta
la que se encuentra en el propio.
Por estos días es traída a colación
de la Tercera Convención de Ginebra, las
normativas para el trato a detenidos y presos,
que entre sus diferentes artículos plantea:
- El aislamiento del preso sólo debe existir
si fuera necesario para garantizar su vida y salud.
- El preso tiene derecho a tener sus objetos
personales.
- Tiene derecho a fumar.
- Hacer su comida si es posible.
- Debe ser estimulado para acceder a estudios,
deportes y actividades de socialización.
- Está prohibido interrogarlos.
Existen otras medidas que prohíben los
tratos crueles y degradantes, así como
la falta de respeto a su integridad física.
Sin apelar a viejas historias de atropellos,
yo preguntaría: ¿Los 75 presos de
conciencia que hace más de un año
cumplimos altas condenas de prisión en
diferentes cárceles de la isla por ejercer
nuestros derechos políticos y civiles,
cómo somos considerados en esta convención?
Pero, ¿se respetan sus derechos? Veamos.
1ro.- Fuimos escogidos y detenidos para atemorizar
a otros disidentes y opositores.
2do.- Confinados en pequeños calabozos
húmedos, oscuros, con camas de hormigón
armado, sin colchón y teniendo como ducha
y servicio sanitario, un tubo en la pared y un
orificio en el suelo.
3ro.- Un abogado defensor que sólo vimos
escasos minutos un día antes del juicio
y que apenas tuvo cuatro horas para preparar la
defensa de un expediente de cientos de folios,
sin dejar de tener en cuenta documentos considerados
clasificados o secretos a los cuales no tuvo acceso.
4to.- Un juicio sumarísimo que nos dejó
en total indefensión, realizado en apenas
16 días desde la detención.
5to.- Condenados a altas penas y encarcelados
en pequeñas celdas donde apenas nos podíamos
mover, con escasa iluminación, un baño-servicio
sanitario del período paleolítico,
con escasos minutos de agua al día.
6to.- Trasladados a cárceles distantes
del lugar de residencia de nuestras familias,
creándoles dificultades adicionales para
las visitas y la atención familiar.
7mo.- Sometidos al aislamiento total de otros
reclusos y de los de la misma causa.
8vo.- Visitas familiares cada tres meses, asistencia
religiosa en igual período y no a todos,
mientras que los encuentros conyugales ocurren
cada cinco meses.
9no.- Correspondencia censurada y llamadas telefónicas
escuchadas.
10mo.- El anuncio de ese régimen carcelario
por dos años.
El rigor de los días de encierro ha provocado
que muchos sufriéramos -no es para menos-
descompensaciones psíquicas, trastornos
cardiovasculares, hepáticos y renales,
lo que ha motivado el ingreso en las salas de
enfermerías y hospitales, después
de semanas y meses de sufrimiento. Otros han tenido
que ser intervenidos quirúrgicamente.
¿Cómo puede eludir responsabilidades
el gobierno cubano de forma tan deliberada y pintar
un paraíso, cuando se tiene el infierno
dentro?
|