PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 27, 2004

DESDE LA CARCEL
Infierno en el paraíso

José Luis García Paneque, director de la agencia de prensa Libertad y prisionero de conciencia, condenado a 24 años, que cumple en Santa Clara. Reside en Las Tunas.

PRISION EL PRE, abril (www.cubanet.org) - Como cada año desde hace más de una década, en los meses de marzo-abril resurge el tema de las violaciones a los derechos humanos en el mundo, a propósito de las sesiones de debates que realiza la Comisión de la ONU en la ciudad suiza de Ginebra.

Los aludidos e interpelados como transgresores de los derechos fundamentales de sus pueblos, se vuelcan a tratar de justificar su posición y atacar con ferocidad a los que los señalan, apelando incluso a calamidades y atrocidades que en el pasado sufrió la humanidad. Y no es que se quiera olvidar la historia, ni el pasado lejano como el más cercano, que dieron lugar a que los pueblos proclamaran, aprobaran y ratificaran la Declaración Universal de los Derechos del Hombre hace más de 50 años, que con sus defectos y omisiones, significó uno de los acontecimientos más importantes para la humanidad.

El tema ha sido manejado por los gobiernos nacionales según sus intereses, para imponer la ideología, perpetuar formas de gobierno y gobernantes, supeditando obligaciones sociales inherentes a todo estado por encima de derechos políticos y civiles.

Es lamentable e indignante ver en la televisión, escuchar en la radio o leer en la prensa cómo se tergiversa la información, se oculta la realidad, se influye sobre las masas y se trata de justificar lo injustificable.

Nadie niega que todavía se violan derechos humanos elementales en distintas partes del mundo, pero no es justificación compararse en éstos o cubrir la realidad con beneficios sociales que son obligaciones de los gobiernos, para privar a sus pueblos del ejercicio, de forma libre, constructiva y sin censura, de los derechos políticos y civiles.

Que una persona disienta de la ideología oficial no es causa para que se considere un enemigo, se le tilde de apátrida, se le persiga por expresarlo, se le encarcele para amedrentar a otros que piensan igual y se mancille su persona para infundir miedo en el pueblo.

Se apela a distintas convenciones según convenga para hurgar en la paja del ojo ajeno, pero sería digno que se tuviera en cuenta la que se encuentra en el propio.

Por estos días es traída a colación de la Tercera Convención de Ginebra, las normativas para el trato a detenidos y presos, que entre sus diferentes artículos plantea:

- El aislamiento del preso sólo debe existir si fuera necesario para garantizar su vida y salud.

- El preso tiene derecho a tener sus objetos personales.

- Tiene derecho a fumar.

- Hacer su comida si es posible.

- Debe ser estimulado para acceder a estudios, deportes y actividades de socialización.

- Está prohibido interrogarlos.

Existen otras medidas que prohíben los tratos crueles y degradantes, así como la falta de respeto a su integridad física.

Sin apelar a viejas historias de atropellos, yo preguntaría: ¿Los 75 presos de conciencia que hace más de un año cumplimos altas condenas de prisión en diferentes cárceles de la isla por ejercer nuestros derechos políticos y civiles, cómo somos considerados en esta convención? Pero, ¿se respetan sus derechos? Veamos.

1ro.- Fuimos escogidos y detenidos para atemorizar a otros disidentes y opositores.

2do.- Confinados en pequeños calabozos húmedos, oscuros, con camas de hormigón armado, sin colchón y teniendo como ducha y servicio sanitario, un tubo en la pared y un orificio en el suelo.

3ro.- Un abogado defensor que sólo vimos escasos minutos un día antes del juicio y que apenas tuvo cuatro horas para preparar la defensa de un expediente de cientos de folios, sin dejar de tener en cuenta documentos considerados clasificados o secretos a los cuales no tuvo acceso.

4to.- Un juicio sumarísimo que nos dejó en total indefensión, realizado en apenas 16 días desde la detención.

5to.- Condenados a altas penas y encarcelados en pequeñas celdas donde apenas nos podíamos mover, con escasa iluminación, un baño-servicio sanitario del período paleolítico, con escasos minutos de agua al día.

6to.- Trasladados a cárceles distantes del lugar de residencia de nuestras familias, creándoles dificultades adicionales para las visitas y la atención familiar.

7mo.- Sometidos al aislamiento total de otros reclusos y de los de la misma causa.

8vo.- Visitas familiares cada tres meses, asistencia religiosa en igual período y no a todos, mientras que los encuentros conyugales ocurren cada cinco meses.

9no.- Correspondencia censurada y llamadas telefónicas escuchadas.

10mo.- El anuncio de ese régimen carcelario por dos años.

El rigor de los días de encierro ha provocado que muchos sufriéramos -no es para menos- descompensaciones psíquicas, trastornos cardiovasculares, hepáticos y renales, lo que ha motivado el ingreso en las salas de enfermerías y hospitales, después de semanas y meses de sufrimiento. Otros han tenido que ser intervenidos quirúrgicamente.

¿Cómo puede eludir responsabilidades el gobierno cubano de forma tan deliberada y pintar un paraíso, cuando se tiene el infierno dentro?



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