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SOCIEDAD
Ferias agropecuarias
(II)
Oscar Mario González,
Grupo Decoro
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - Las ferias
agropecuarias, como siempre sucede en el comunismo,
empezaron bien y después se descompusieron
o se echaron a perder.
Ciertamente el comunismo es como un matrimonio
mal llevado, o como el flamboyán, que al
inicio todo es flor y después todo se vuelve
vaina y basura.
Actualmente han dejado de ser una opción
atractiva y de beneficio significativo para el
hombre de pueblo, para el cubano de a pie, no
sólo porque los precios en poco difieren
de los del resto de los mercados estatales y cuentapropistas,
sino por la calidad y variedad.
Hay poca variedad en la oferta, lo que, unido
a la escasez de dinero, hace de la cebolla, el
plátano burro y la calabaza, los renglones
más requeridos. Buena parte de los que
salen de las ferias lo hacen con un racimo al
hombro, o con una ristra en la mano.
La calidad es otro distintivo entre la mercancía
del cuentapropista y la de la feria. Definitivamente,
las viandas y los frijoles son mejores cuando
se adquieren del primero. El plátano macho
o burro o el frijol cremoso no son frecuentes
en estos últimos lugares.
Otro aspecto que limita el beneficio social de
las ferias es el deterioro progresivo del transporte
público que dificulta el acceso de la población.
Es casi una odisea trasladar un racimo de plátanos
en una guagua.
Pero en los primeros tiempos muchos pensaron
que sería una buena opción para
proveer al hogar de aquellos productos agrícolas
que conforman una buena parte de las necesidades
alimenticias. Entonces con 20 pesos cambiaba el
aspecto del viandero, y se alegraban las cazuelas.
Hoy, esa cantidad de dinero es muy poca cosa.
Las ferias se han ido depauperando como parte
de un agotamiento general que llena todos los
intersticios, agrietamientos y recovecos de la
vida material y espiritual de este pueblo. El
gobierno vio en ellas, además de una alternativa
económica para la población, una
forma de neutralizar y obstaculizar el posible
enriquecimiento de los particulares. En esto aplicaba
la experiencia de los años ochenta del
siglo pasado, cuando el poder político
borró de un plumazo a los particulares,
a los que peyorativamente nombraba "bandidos
de Río Frío", ante el temor
de que el auge económico alcanzado pudiera
convertirlos en un peligro para el régimen.
De cualquier manera, yo le aconsejo que si vive
cerca de una feria, se llegue a ella por unos
minutos, o tal vez unas horas. Algo ahorrará,
aplicando una técnica especial, mezcla
de magia y espiritismo.
También ha de ser cauteloso y condescendiente
con las colas y los tumultos, y tener presente
que la calle está muy mala y que la agresividad
y la chabacanería son cosas cotidianas
en la Cuba de hoy. Que aunque ya no se forman
grandes colas como cuando vendían carnes,
embutidos, aves y hasta pescado, a veces las querellas
son propiciadas por una simple oferta de malanga
o boniato a buen precio. Estar claro de que es
mejor perder una calabaza que por adquirirlas
salir con la cabeza rota como una calabaza.
Tratar de salir comido de la casa y habiendo
hecho todas las necesidades porque en la feria
no hay letrinas ni urinarios. Evitar el mendrugo
con una lasca transparente de jamón. Es
preferible que opte por el pan de flauta de mejor
calidad con aceptable contenido de jamón,
aunque le cueste diez pesos. De lo contrario,
ayunar es lo más aconsejable antes de comerse
el pan con la falsa salsa mayonesa o el de cinco
pesos donde los pedacitos de puerco asado son
casi todos gordo, pellejo, cartílago y
hasta testículos cuando se trata de un
berraco.
Vaya pues a la feria sin reparar en los probables
riesgos, incomodidades y malestares, pues ella
está, como, toda la sociedad, de patas
para arriba. Pero es lo que tenemos, y por muy
mala que puedan ser hay que conocerlas como requisito
imprescindible para comprender la urgente necesidad
de su transformación o sustitución.
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