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RELIGION
Ortodoxos en La
Habana
Miguel Saludes
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - Han concluido
los cuarenta días de celebraciones continuas
que desde su inauguración, el 25 de enero,
se efectuaron cada mañana en la recién
estrenada Catedral Ortodoxa en La Habana.
Me había propuesto asistir a una de las
liturgias de este rito cristiano, que constituye
un enigma para la mayoría de los cubanos.
Me habían hablado del tiempo de duración
de las celebraciones en este rito y con la creencia
de que durante el mismo hay que estar completamente
de pie, asistí dispuesto a afrontar estas
dos primeras atípicas situaciones.
En el recinto coincidí con un joven católico
de la comunidad de Caimito, lejana localidad habanera,
quien venía igualmente interesado en conocer
las características del ritual ortodoxo.
Completaba la feligresía una muchacha de
apariencia eslava. Con la señal de la cruz
hecha en sentido inverso al que hacemos en la
tradición católica dio inicio lo
que hasta entonces pensaba era la liturgia, presidida
por el presbítero Cosme.
Cantos en griego antiguo y español se
alternaban con oraciones, lecturas y reiteradas
salidas del pope para venerar las represtaciones
pictóricas de Santa María, San Andrés
San Nicolás de Mira (a quien está
dedicado este templo), Juan Bautista y los Arcángeles
Gabriel y Miguel. Luego de inciensar toda la nave
y a cada uno de los iconos, el sacerdote recitó
de forma cantada la lectura del evangelio. Hizo
al menos en tres ocasiones las peticiones de la
Iglesia por las necesidades del pueblo de Dios
y por Cuba. Con las bendiciones finales se concluyó
la celebración.
Muchos de los aspectos que mi curiosidad buscaba
satisfacer fueron aclarados por el joven lector
y cantor nombrado Atanasio, quien es también
seminarista de esa iglesia. Proveniente de la
comunidad católica del Carmen, será
uno de los futuros sacerdotes ortodoxos en nuestro
país. El nombre griego con el que se presenta
es el que tiene que utilizar en el ámbito
eclesiástico. Nos dijo no ser el único
que se prepara para asumir responsabilidades ministeriales,
ya que en estos momentos hay varios hermanos preparándose
para la ordenación presbiterial. Además
existe en proyecto la construcción de un
seminario o instituto teológico de esta
iglesia. Pude conocer que la ceremonia que había
concluido tras poco más de una hora de
duración, era propiamente el orthros -ordo
en latín- que significa servicio matutino.
La liturgia normalmente se hace al término
del ordo y suele durar dos horas. Es por ello
la larga extensión de estas celebraciones,
inusual para los cubanos.
Pero para mi consuelo pude saber que se puede
permanecer sentado la mayor parte del tiempo,
a no ser cuando el pope requiera que los feligreses
se levanten. Es el rito ortodoxo de Rusia el que
proscribe las sillas del templo. Otro aspecto
curioso es que en esta liturgia no se admite el
uso de instrumentos musicales, contando sólo
con la utilización de las voces. Sobre
el edificio nos informó que la construcción
arquitectónica corrió completamente
por parte de obreros cubanos, mientras el resto
del habilitamiento vino desde la misma Grecia,
elaborado por artesanos y especialistas de la
mítica península helénica.
Las sillas, los tronos, el iconostasio que separa
el presbiterio del público y lo hace lugar
sumamente sagrado, los iconos, tanto en mosaico
como pintados en cubiertas de acrílico
y luego pegados a las paredes y techos, así
como la bella lámpara de bronce, fueron
traídos desde el lejano país. Solamente
las puertas forman parte de la obra en madera
hecha en Cuba y su estado no lo desmiente. Una
excepción lo constituye la puerta de acceso
principal que perteneció a un convento
español y tiene cerca de trescientos años,
obsequio de la Oficina del Historiador.
A la entrada del templo se halla una mesa cubierta
con arena y con velas a disposición de
los fieles, quienes las toman y las encienden
en el lugar. No pocas veces el encargado de cuidar
el recinto ha tenido que requerir a personas que
viendo la disponibilidad de los cirios aprovecha
la ocasión y los llevan a puñados.
Aledaño a este lugar está otro mueble
donde los creyentes escriben en modelos de papel
elaborados para este propósito sus peticiones,
rogatorias, etc. dejándolos sobre el mismo.
Hasta ahora el seminarista constata una buena
asistencia de público, pero reconoce que
la composición ha sido fundamentalmente
de griegos, rusos y nacionales de Canadá
y Estado Unidos, donde existen fuertes comunidades
ortodoxas debido a la emigración.
En una especie de plegable que reparten a los
que desean obtener mayor información pude
apreciar algunos detalles que además de
aclarar dudas no dejan de ser una observación
crítica hacia la Iglesia Católica
predominante en Cuba. Un elemento verdadero señalado,
es la remisión de la Iglesia ortodoxa al
mismo Jesús, quien la funda sobre los doce
apóstoles. Al referir el hecho histórico
como algo exclusivo de esta Iglesia puede pensarse
que la Católica no está recogida
en ese momento histórico. Más adelante
señala la unidad entre las iglesias cristianas
del rito ortodoxo, exceptuando la de Roma "que
se separó de las otras en 1054".
Esa separación, que dio origen al cisma
entre Oriente y Occidente, en mi opinión
tuvo más carácter político
que religioso y se debió a una mutua ruptura,
no a una de las partes en específico. Se
recoge en el escrito el aspecto fundamental esgrimido
desde el punto de vista doctrinal y que pone la
nota de discordia entre ambas iglesias históricas:
la cuestión del Filioque o procedencia
del Espíritu Santo. Los ortodoxos, a diferencia
de los católicos, afirman que la tercera
persona de La Trinidad procede del Padre mientras
los de Roma han hecho dogma de la afirmación
de que también procede del Hijo. Con este
hecho los de oriente acusan a la iglesia romana
de haber añadido nuevas formulas dogmáticas
que ellos no pueden aceptar. De ahí la
presunción de que ellos creen y enseñan
lo correcto, que se remite al mismo significado
de la palabra ortodoxo.
Otro aspecto es el de la inmaculada concepción,
que ellos colocan a partir de la encarnación
y no antes. La no imposición del celibato
sacerdotal, el cual ellos observan como una vocación
que no tiene por qué contradecir la existencia
de sacerdotes que elijan el tener vida conyugal,
es explicada en el contenido del plegable. También
el folleto se expresa sobre la cuestión
de dejar a la pareja la decisión de evitar
la concepción de hijos en casos previamente
consultados con el padre espiritual, siempre que
el aborto no sea el medio utilizado para impedirlo.
Según las palabras impresas en el escrito,
la Iglesia Ortodoxa es madre y no tirana. ¿Una
alusión? Finaliza con el emblema del credo:
Santa Católica, Apostólica a los
que añaden Ortodoxa. Esto último
me recuerda la costumbre omitida en la Iglesia
Católica que afirmaba de manera rotunda
el cuño de romana. Parece que las diferencias
no son mayores.
No creo que la presencia de esta nueva Iglesia
cristiana se revierta en una amenaza para la institución
católica que constituye parte esencial
y fundante de nuestra nacionalidad. Un rito extremadamente
largo, pronunciado en lengua extraña e
inteligible, que no se acopla a nuestra cultura,
realmente no resulta atractivo para la mayoría
de un pueblo en esencia sincrético y poco
dado a los dogmas rigurosos. No obstante ya en
este inicio los ortodoxos cuentan con unos 20
catecúmenos provenientes de diferentes
lugares de la ciudad. Pero el rechazo que ellos
parecen sentir hacia los que profesan religiones
de raíces afrocubanas, como los santeros,
quienes por otra parte se ven más identificados
con el culto católico, puede ser un escollo
que limite su crecimiento.
A esta posibilidad el joven Atanasio responde
que es preferible permanecer con creyentes auténticos
y preservar la sacralizad del rito cristiano,
que en su parecer el catolicismo ha descuidado
dentro de una propuesta de evangelización
en la que nadie se siente excluido. Con ello,
según su criterio, se han hecho permisivas
ciertas idolatrías de cosas y credos que
nadan tiene que ver con Jesús y el Evangelio.
Pudiera existir un reto en la presencia de la
Iglesia Ortodoxa en Cuba para el crecimiento vocacional
de la Iglesia Católica. Ello estribaría
en la cuestión del celibato, que en la
concepción de la iglesia griega pudiera
desviar hacia ella el interés de muchas
vocaciones, que sienten la necesidad de servir
a Dios desde el sacerdocio sin dejar de formar
una familia estable. A pesar de esto, en las condiciones
actuales de la sociedad cubana, puede convertirse
en un arma de doble filo para los ortodoxos, que
a su vez confrontarán el peligro de "vocaciones"
que además de conservar la posibilidad
de tener una pareja, podrán buscar en esta
opción la posibilidad de salir de Cuba.
Es una conjetura muy personal pero que no deja
de ser real.
Con estas ideas bullendo en la cabeza me alejé
esa mañana por las calles que conducen
al corazón de la parte vieja de mi ciudad.
Quiso la casualidad que tropezara en mi camino
con aquella muchacha de tipo eslavo, que en verdad
era de nacionalidad rusa y vive en Moscú.
Fervorosa creyente, me manifestó su alegría
por la presencia de la Iglesia Ortodoxa en Cuba.
Según su decir, el Espíritu Santo
está actuando en esta Isla y tal vez la
presencia de esta iglesia, que se remonta a los
orígenes del cristianismo, sea un signo
de que algo muy importante está ocurriendo
y que va a ayudar al cambio que tanto necesita
nuestra patria y nuestros corazones.
Sus ojos azules lanzaban reflejos de un Pentecostés
interior cuando decía estas cosas y me
quitó parte de mis recelos. Lo cierto es
que ahora Cuba cuenta con el patronazgo de la
Virgen de la Caridad al que se ha unido el de
San Nicolás de Mira, Santo de la Iglesia
Ortodoxa que comenzará a mirar por nosotros
desde este momento. Sólo el Señor
sabe sus caminos.
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