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Manto Negro: la gran mentira
Teresita Mayans, El
Nuevo Herald, 14 de abril de 2004.
''Cuba invita a prensa extranjera a visitar sus
cárceles''. Así reza el titular
que circula en los medios noticiosos en estos
días, pero hay que agregar: "para
enseñar lugares preparados para opiniones
de exportación''.
Esta vez los recipientes usados como vehículos
de esas opiniones de exportación fueron
los extranjeros que asistieron al Congreso de
Medicina Penitenciaria celebrado recientemente
en Cuba. Para la ocasión, para la gran
mentira, mostraron a los visitantes pequeños
pedazos de las cárceles Manto Negro y Combinado
del Este de La Habana. Soy ex prisionera de Manto
Negro, fui parte de la población penal
de esta tenebrosa cárcel, ahí también
estaban en distintas galeras la doctora Caridad
Govea, Rosa y Chelo López Cue, Estela Pérez
Pérez, arquitecta Isabel Pérez Santos,
Marta Fleitas, Nora Pastora Núñez,
todas prisioneras opositoras al régimen,
políticas. Y todas aquí en Miami
podrán dar fe de cuanto digo, que no puede
resumirse en un epistolario. El pedazo que enseñan
a los visitantes forma parte de la gran mentira.
En la televisión recientemente mostraron
algunas vistas de Manto Negro donde unas prisioneras
caminan por un pasillo sobre un piso brillante.
Esa no es la realidad, y pregunto: ¿por
qué no enseñan las galeras con todas
las excretas humanas pegadas en el piso, llenas
de moscas? Siguen las preguntas: ¿Por qué
no muestran las celdas de castigo, la ''fuente
de los moj....'' (la fosa de la cárcel),
una especie de laguna donde van a parar las aguas
de albañal de todo el penal, con una fetidez
terrible; las famosas literas con bastidores de
alambre que se marcan en el cuerpo de las prisioneras?
¿Por qué no les dan a probar el
desayuno preparado con un polvo llamado Vostok,
que era usado para alimentar a las vacas y los
residuos fermentados los enviaban a la cárcel
y, como si fuera poco, les adicionaban gotas de
kerosene? ¿Por qué no enseñaron
el espacio donde nos iban a quemar vivas, a las
presas políticas ''si nos invadían
los americanos'' cuando los sucesos de Granada?
¿Por qué no enseñaron la
ración pestilente y llena de pelos de saco
con gorgojos de comida diaria para una prisionera
que cabía en una mano, un puñado
de macarrones hervidos sin sal y un poco de sopa
de agua de comino y dos veces por semana un huevo
duro? ¿Por qué el capitán
Echazábal no hizo una exhibición
de cómo se patea a una mujer y se le fractura
la columna vertebral (hablo de mí y de
Susana Lopetegui)? ¿Por qué no les
dijeron a los visitantes cómo dejaron morir
a Caricucha con un ataque de asma? ¿Por
qué no explicaron las razones para tener
prisioneras a mujeres con tuberculosis, muchas
jóvenes con sífilis, con cáncer,
ciegas, con lupus, diabetes, bocio, sin tratamiento
médico y prisioneras por haber jugado a
la bolita, que se escuchaba por la radio de Venezuela
que entraba en Cuba, o acaparar botellas de cerveza,
o por dar un escándalo público,
o por tener dólares, a enajenadas mentales
como Ojitos, presa por bailar rumbitas en Cárdenas?
¿Por qué no les enseñaron
a los guardias violando a las jovencitas, sacándolas
de las galeras como lo hacían Echazábal
y el sargento Beto? ¿Por qué no
llevaron a los visitantes al famoso teatro de
la prisión para que vieran al teniente
Raúl, un cerdo de la peor especie que violaba,
obligaba y sometía a una enferma mental
a practicarle sexo oral y otras depravaciones
por la fuerza y... "¡Dios libre a la
que hable!''?
Esa sala de maternidad que se observa en el documental
en cuestión es otra gran mentira. Cunas,
juguetes, muñequitos en las paredes, madres
amorosas con sus niños en brazos forma
parte de la burla. La realidad es otra. Esas presas
comunes que aparecen en el documental hablando
maravillas del régimen penitenciario están
preparadas para ese momento. Los ofrecimientos
son varios: les otorgan la libertad o les rebajan
la condena si están dispuestas a mentir.
Y la advertencia, el discurso de despedida que
le exige la policía política a la
prisionera es: ''Recuerda, si hablas de cómo
es la cárcel procura no acordarte de nada
o te volvemos a meter pa'dentro''. Este es el
bocadillo que repite la teniente Regla Matamoros
cuando despide a una presa.
La famosa sala de maternidad es un lugar desierto.
A la prisionera se le presenta el parto dentro
de la galera. Ahí, la angustia se apodera
de las reclusas y empezamos a gritar: ''¡Guardia,
una de parto!''. Después de cierto tiempo
el guardia contesta: '¡Que cierre las patas,
que no hay carro pa' llevársela'' (quiere
decir llevarla al hospital de maternidad más
cercano). Puede dar a luz en la galera o tal vez
alcance el tiempo generoso para que aparezca transporte
y la traslade). Después que nace el bebé
la dejan unas dos semanas en la sala de maternidad
del hospital Manto Negro y si a las dos semanas
no aparece un familiar que se haga cargo de la
crianza del recién nacido, envían
a la criatura para un lugar que está en
la 5ta. Ave. y calle 30 en Miramar, a merced de
su suerte hasta que la madre cumpla el resto de
su condena.
Muchas prisioneras han muerto en Manto Negro,
sobre todo las que intentan suicidarse cortándose
las venas, tomando líquido para los piojos,
ahorcándose, ¡tragándose cucharas,
increíble! Las asmáticas, los sangramientos,
entre otras tantas emergencias que no pueden ser
atendidas porque no existen los medios... Muerte,
golpizas, hambre, sed, amenazas, trabajo forzado,
enfermedades como sida, tuberculosis y cuanto
pueda castigar y hacer padecer al ser humano están
presente en Manto Negro. Esto es parte de la verdad,
pero falta un mundo. Ojalá y Dante viviera
para que pudiera pintar el verdadero infierno
llamado Manto Negro.
Ex prisionera cubana de Manto Negro.
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