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Progres
Juan Carlos Girauta. El
Nuevo Herald. 11 de abril de 2004.
M adrid -- Fidel Castro les cae simpatiquísimo
y cuando encarcela a poetas o firma sentencias
de muerte buscan dulces palabras de desaprobación,
una censura breve para salir del paso.
Nada que vaya a echar por tierra los mitos juveniles
con los que aprendieron a evitar la reflexión.
Nunca traicionarán el icono del Che. Ignorarán
las torturas y los fusilamientos, que habrán
de amontonarse en el olvido.
¿Cómo iban a seguir, si no, haciendo
de vez en cuando turismo caribeño? ¿Cómo
volver a convencerse de que pueden seducir a mujeres
menores que sus hijas?
De Irak nada sabían, más allá
de la guerra por Kuwait. Los kurdos gaseados,
sabe Dios. Un tirano demente y sanguinario, un
carnicero. Claro, a ver si cae. Si es que pasan
unas cosas en el mundo. Justo hasta que decide
derrocarlo el único que puede hacerlo.
Entonces vengan velitas encendidas, ira barata
y fragor de cacerolas.
Me dicen que se dice que los americanos les vendían
las armas. Y a gritar y a llorar por un pueblo
que no localizaban en el mapa. Precisamente cuando
va a ser liberado.
Si además es José María
Aznar el que se suma, los gritos de ''asesino''
retumbarán por siempre en sus oídos.
Cuando conste que el pueblo iraquí desea
la presencia americana, que la izquierda local
no entiende el pacifismo criminal de los camaradas
europeos, se hará el silencio.
No es plan de fastidiar la propaganda.
Que la antuviada en Mesopotamia haya surtido
benéficos efectos en Libia, mejor no comentarlo.
Que se detenga en Siria la ayuda al terrorismo,
que Irán se lo haya de pensar antes de
hacer una tontería, son opiniones. Todo
esto es demasiado complicado.
Lo mejor es recurrir a lo de siempre. Pero siempre,
siempre: la culpa de todo la tienen los judíos,
que manejan la banca, que controlan la Casa Blanca.
¿Sabías que en las torres gemelas
no había ni un judío? Una kefiya
al cuello y a revolcarse sobre el atavismo.
Caiga toda la culpa sobre Israel. No sobre su
gobierno, no sobre una política concreta.
Sobre Israel, como siempre. Su visión selectiva
borrará las explosiones en autobuses y
restaurantes. Su afición a lo falso inventará
un holocausto inverso en Jenín. ¿No
lo ha dicho Saramago, que es premio Nobel? Pues
será que es verdad.
Las brigadas de los mártires de Arafat
se esfumarán por inoportunas. Como la apropiación
de los solidarios fondos europeos. Eso sí,
antisemitas hasta la médula, acusarán
de antisemita a Mel Gibson. A veces se hacen un
lío.
La realidad es violentada sin descanso para que
quepa en la estrechez de sus prejuicios u ocupe
sin lagunas su vasta ignorancia.
El progre es un sujeto satisfecho con su ideología
de pacotilla, sus lecturas que decrecen con los
años (de la escasez a la nada), su paranoia
conspiratoria, su anomia, su alegre convicción
de estar siempre más legitimado que el
contrario. Proceden de donde procedemos casi todos,
de la comodidad de las doctrinas omniexplicativas,
sólo que ellos las suscribieron de por
vida. Y a esa renuncia al pensamiento libre y
crítico le llaman compromiso.
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