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Derechos humanos en Cuba
ProCubaLibre,
Argentina. Infoabe, 31 de marzo de 2004.
El voto de la Argentina en la Comisión
de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra vuelve
a colocar a nuestro país ante grandes desafíos.
Uno en el ámbito político interno
y otro en materia de política exterior.
En efecto, el voto de nuestro país frente
a la situación de los DD.HH. en Cuba nos
enfrenta a la necesidad de concretar definitivamente
una política exterior consensuada entre
los diversos actores sociales involucrados en
el tema.
Muy alarmantes fueron las declaraciones del canciller
Bielsa al principio de su gestión, cuando
dijo que "no me consta que en Cuba se violen
los derechos humanos", pero nos dejó
más tranquilo cuando agregó que
iba a "pedir un estudio muy minucioso para,
a partir de allí, tener elementos para
tomar la decisión sobre el voto en la ONU
sobre Cuba".
La última manifestación sobre este
tema se conoció hace algunos días
cuando Bielsa y el presidente Kirchner sostuvieron
que la Argentina se abstendría de votar
en la resolución que insta a Cuba a permitir
el ingreso de la Representante Especial del Alto
Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.
El argumento para la abstención fueron
los avances en la isla en materia de derechos
sociales y educacionales, el embargo y las sanciones
económicas aplicadas por los Estados Unidos.
Vale aclarar que la votación no se refiere
a evaluar la medida norteamericana. Se trata de
invitar al gobierno de Castro a que permita el
ingreso de un funcionario de la ONU para analizar
la situación de los derechos humanos. El
sostén del voto de nuestro país
debería basarse en una acción firme
v decidida pensando en la defensa de la democracia
v los derechos humanos en la región.
El gran desafío en el plano internacional
es entender que la cuestión de los derechos
humanos forma parte de la agenda de los Estados
civilizados y es un pilar central de la vida democrática
de las naciones. No se trata de una política
dictada por los países más poderosos
(como algunos quieren hacer creer), sino que debe
ser entendida como la esencia de la universalización
y defensa de valores favorables al respeto de
la dignidad humana, independientemente del país
en cuestión.
No basta con declamar que uno de los pilares
del gobierno son los derechos humanos -donde la
ESMA pasa a ser monumento nacional y se declaró
la inconstitucionalidad de los indultos-. Debemos
comprometernos a reaccionar y tomar medidas con
respecto a los gobiernos -no a los pueblos-, cuando
éstos violen sistemáticamente los
derechos esenciales del individuo.
Por todo esto, la Argentina debería promover
los derechos humanos en dos dimensiones básicas:
1) Apoyo y participación en la actividad
de la ONU y la OEA en la promoción y protección
de los derechos humanos.
2) Acción firme y decidida en la defensa
de la democracia y los derechos humanos en la
región americana, sin distinciones fundadas
en solidaridades políticas o ideológicas.
La incoherencia de la posición que mantuviera
el presidente Duhalde durante su gestión
causó graves daños a la imagen de
seriedad y previsibilidad que debe tener un Estado
que aspira a jugar algún rol en el concierto
de las naciones.
Más que una política exterior de
Estado tenemos un conjunto de ideas o proyectos
que cada uno de los protagonistas defiende y promueve
como puede y quiere, sin importarle que lo que
está por encima de todos esos anuncios
no es ni más ni menos que el destino de
un país.
Justo cuando la sociedad internacional está
poniendo el acento en los temas de los derechos
humanos v busca que se promuevan v se defiendan
los derechos civiles y políticos en nuestro
país, el gobierno de Kirchner ha decidido
darle la espalda al pueblo cubano y abstenerse
en la votación. Lo hace sosteniendo que
el régimen cubano dio muestras de avanzar
en la defensa de los derechos cívicos y
políticos mínimos y se basa para
afirmarlo en un informe que todos desconocemos.
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