PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 2, 2004

SOCIEDAD
Los niños pioneros

Oscar Mario González, Grupo Decoro

LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - Para algunos, los niños perdieron su inocencia con la creación de la Unión de Pioneros de Cuba (UPC); para otros, la perdieron con la aparición de la consigna "Seremos como el Che". Para muchos, desde el propio año 1959. Pero todos coinciden en que los muchachos de ahora nacen sabiendo.

Precisamente, dentro de unos días, el próximo 4 de abril, tendrá lugar el aniversario 43 de la fundación de la Unión de Pioneros de Cuba, y su tutora, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Tutora dije porque como sabemos madre hay una sola, que en nuestro caso es la revolución, que se identifica con la patria, que a su vez tiene un padrecito el cual ya es abuelo de la nación.

De aquel tiempo a acá, todo ha cambiado drásticamente. Para ser más exactos, todo se ha transformado. Con ello diferenciamos el fenómeno del cambio que es universal, natural y beneficioso de la transformación, que en nuestro caso es propia, antinatural y perjudicial.

En tal contexto, los niños, quienes nos ocupan, no se parecen apenas a lo que siempre fueron.

Con el triunfo revolucionario los niños no sólo perdieron a Gaspar, Melchor y Baltasar, sino a toda la legión de héroes y personajes de la imaginación de Walt Disney. Ambos habían acompañado a los infantes insulares desde siempre.

La revolución cultural arremetió contra todo aquello que consideraba como símbolos de la ideología burguesa, incompatibles con el propósito del hombre nuevo, cuya simiente era toda la muchachada para la cual se roturaban los campos de la nación.

Pero como el niño que crece desvinculado de toda fantasía es un árbol de raíces enfermas, se importaron quimeras extrañas representadas por los muñequitos rusos, húngaros y polacos; ajenos al clima tropical, que no lograban aplatanarse. Y así estuvieron los muchachos, mirando al televisor por obediencia, hasta que apareció Elpidio Valdés como el tipo duro que no llora, ni se disculpa, ni ríe frecuentemente, ni siente temor, o celos, o envidia o cualquiera de esas cosas claras y oscuras con cuyos hilos se teje la figura humana, y cuya esencia conforma el alma humana.

La pañoleta se impuso, y con ella la consigna de ser como aquél que en su carta a la Tricontinental, en 1966 pugnaba por el hombre nuevo saturado de odio hacia el enemigo de clases y verdadera máquina de matar.

La secular autoridad del abuelo socavada, la ausencia frecuente del padre miliciano e internacionalista, o de la madre federada, serían la antesala de la escuela al campo, y después en el campo.

Así se llega a los días presentes, en que las niñas no son niñas, pues nunca juegan a las casitas, ya que desde los 8 años piensan en otras cosas que empiezan a poner en práctica a los 11 y 12 años.

Y al no haber niñas ya no se juega el "pon", que no necesita de otra cosa como no sea una piedra caliza para enumerar la acera, una lata escachada o un pedacito de madera. Tampoco al "yaki", que puede jugarse con una pelota y unas piedrecitas, o la "suiza", que únicamente recaba un pedazo de soga vieja. Tampoco se entretienen con la rueda rueda de pan y canela, ni con la viudita hija del rey que quiere casarse y no encuentra con quién. Tampoco con la fuente de Al ánimo, la que se rompió.

Los niños no conocen siquiera la "quimbumbia" o el juego de bolas, y cuando montan chivichanas lo hacen enganchados o colgados de las guaguas con inminente peligro para sus vidas. No admiten el regaño de los mayores a los que suelen responder con las palabras más feas y más humillantes. A veces las madres les ordenan salir de la casa para ir a molestar al vecino, y si trae algo mal habido a la casa la madre acepta y acoge placentera al hijo hacendoso y diligente.

Al no haber niños y abundar la miseria, tampoco hay parques infantiles y los que aún existen están desmantelados. Del "cachumbambé" sólo quedan los restos oxidados del tubo central; del "tiovivo" y la canal ni las huellas, y del columpio unos pedazos de cadenas colgantes.

Pero eso sí, los niños pioneros de 7 años se saben las consignas de memoria, y saben recitar perfectamente una poesía de Guillén contra los yanquis, o del Indio Naborí contra los explotadores. Los de 10 años en adelante son capaces de improvisar un discurso maldiciendo al presidente americano, acusando a un embajador o a un ministro extranjero, pidiendo paredón para la "mafia de Miami", para el presidente de España o para el primer ministro italiano. Es el "niño nuevo", embrión del hombre nuevo. Disciplinado y obediente frente a las tareas de la revolución, alegre y risueño frente a las cámaras de la pantalla chica.

Dichoso de haber nacido en un país donde se puede ser lo que se quiera, menos opositor o disidente. Mecánico, científico, abogado, desmochador de palmas, arriero, ordeñador de vacas o fumigador; con la garantía de las 6 libras de arroz y las tres de azúcar mensuales y la posibilidad de comprar una camiseta reciclads por 30 pesos; con el deber ineludible de una consigna a repetir y un abuelito común a quien amar y obedecer.



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