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Análisis político: Caso Ahumada,
jaloneo entre Cuba y México
Alejandro Gutiérrez/ apro.
Proceso,
México, 01 de abril de 2004.
México, D.F., 30 de marzo (apro).- Lo
que faltaba: el caso Ahumada se internacionaliza.
Y, lo peor, este asunto de podredumbre doméstico,
parece que está a punto de convertirse
en un nuevo episodio de tensión de México
con La Habana, luego de la captura del empresario
de origen argentino en Varadero, Cuba, la mañana
de este martes.
Las relaciones entre México y Cuba transcurren
en su peor momento, por pasajes harto conocidos,
como es la distancia que nuestro país ha
tomado en materia de política internacional
frente a la isla.
Sólo como antecedentes están los
pasajes del "cenas y te vas", y el voto
de México en la cumbre de derechos humanos
de la Organización de Naciones Unidas en
2003, en Ginebra, que condenaba al gobierno de
Fidel Castro en ese rubro.
Ahora que con la captura se ha corroborado que
la isla era el refugio de Ahumada, el proceso
de su extradición podría tornarse
complicado para México o, por el contrario,
ser un mero trámite, debido a que no deja
de ser un asunto caliente para el gobierno de
Fidel Castro.
No obstante, todo indica que el caso pondrá
a ambos gobiernos en una mesa de negociación;
de eso, parece que no existe duda.
Es decir, la extradición del hábil
corruptor podría tener diversos escenarios,
pero todo indica que la isla no va a dejar pasar
este asunto para sacar algún tipo de provecho,
y así poner a México en una posición
de tener que ceder.
Sólo habría que estar muy atentos
en qué tan interesado estaría el
gobierno de Vicente Fox en ceder por un asunto
que, en primera instancia, no le ha pegado a su
gobierno, sino al del jefe del GDF, Andrés
Manuel López Obrador.
A propósito de derechos humanos, justamente
en unas semanas más el pleno de la ONU
en Ginebra emitirá su nueva resolución
en esta materia.
No se descarta que este pueda ser un tema de
negociación entre ambos países,
aunque tampoco se puede desconocer el papel que
juega Estados Unidos y su tradicional presión
a México para que se sume a la condena
a Cuba.
Habrá que estar muy pendientes del rumbo
que tome la negociación -que evidentemente
no será pública- y el trámite
que sigue la extradición de Ahumada.
Es importante precisar que la orden de aprehensión
contra Ahumada es por su presunta participación
en el delito de fraude en perjuicio de la delegación
Gustavo A. Madero -por 31 millones de pesos, según
han informado las autoridades-. Es decir, la Interpol
actuó con base en esa decisión.
Sin embargo, la misma Procuraduría General
de la República tiene en marcha una investigación
por el delito de lavado de dinero.
La pregunta es si la PGR incluiría esta
acusación en la petición de extradición
de Ahumada, ya que los juristas han exteriorizado
que el lavado de dinero es un ilícito difícil
de acreditar, pues el Ministerio Público
federal tiene la obligación de comprobar
que se registró un delito previo -narcotráfico,
secuestro, etcétera-, y que el acusado
estaba consciente que el dinero era producto de
una actividad ilícita.
Desde los noventa, la PGR sólo ha ganado
2 o 3 sentencias por el delito de lavado de dinero,
y son innumerables las que ha perdido; por ejemplo,
la de los líderes petroleros involucrados
en el desvío de los mil cien millones de
pesos -parte de los que fueron a parar a la campaña
del priista Francisco Labastida, según
las autoridades.
Lo que es un hecho es que la PGR deberá
formalizar alguna acusación, toda vez que
Ahumada no podría ser juzgado por un delito
adicional a los que se incluyan en la petición
de extradición.
Otro ingrediente que destaca es que la PGR se
adelanta a desmarcar la posible participación
del expresidente Carlos Salinas de Gortari en
la protección a Ahumada, que es uno de
los señalamientos que continuamente suelta
el jefe del GDF, López Obrador -aunque
éste, a decir verdad, no ha ofrecido una
sola prueba sobre ello. Pero el señalamiento
en sí demandaba una investigación
de parte del vetusto aparato de procuración
de justicia que dirige el general Rafael Macedo
de la Concha.
Ha sido un razonamiento harto socorrido reconocer
que el expresidente mexicano sí mantuvo
y mantiene relaciones tersas con la dirigencia
política de la isla, cosa que no puede
presumir Vicente Fox. Esto, en la misma lógica,
cuando menos abre la posibilidad de que, si es
cierto el razonamiento de López Obrador,
Salinas podría ser la mano que cobijó
a Ahumada en Varadero.
Otro elemento adicional a esta trama de verdadera
anti-ficción, es la especie --que se empezó
a difundir en cuanto el periódico Reforma
publicó el viaje que Rosario Robles hizo
a La Habana y luego a Michoacán, en los
días en que la exdirigente nacional del
PRD renunciaba a su pertenencia a esas siglas--
de que Carlos Ahumada pudo haber pisado la isla
en esos días.
Ya es un hecho público y reconocido que
Ahumada y Robles trabaron una relación
afectiva, que tuvo un proceso de contaminación
a asuntos públicos y de partido, que hoy
nos muestra una crisis en las filas del sol azteca.
Esto, sin duda alguna, como una jugada de pizarrón,
obliga a las procuradurías, la del DF y
la General de la República, a indagar si
Rosario Robles tuvo algún contacto con
Ahumada en la isla o si tenía conocimiento
de la estancia del mismo en la isla, sobre todo
porque ella viajó en el avión privado
del corruptor.
Es la misma aeronave Jet Star, matrícula
XA/TVK, en el que viajaba Luis Eduardo Zuno Chavira,
exjefe delegacional en Álvaro Obregón,
en julio pasado, cuando fue sorprendido con un
cargamento de decenas de armas y proyectiles en
el aeropuerto de Toluca, Estado de México.
No sólo eso, dos meses después,
en septiembre pasado, del mismo avión fueron
bajados Ahumada y Robles, cuando pretendían
realizar un viaje a Houston. La aeronave fue sujeta
a un exhaustivo chequeo por parte de la Agencia
Federal de Investigaciones (AFI).
Bueno, pues a partir de la mañana de este
martes, el caso Ahumada toma un nuevo giro y parece
que entra a un sendero de mayores complicaciones
y nuevas sorpresas.
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