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SOCIEDAD
Callada patria
Luis Cino
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Hace unos
quince años, desde su exilio caraqueño,
José Suárez Núñez,
ex vocero de la dictadura batistiana, confesó
al periodista Luis Báez su admiración
secreta por Fidel Castro y su Revolución.
Según él, no compartía su
ideología, pero le halagaba que su país
de nacimiento "es conocido en el mundo por
el papel político que desempeña
y no sólo por sus peloteros, sus músicos
y sus mulatas, como era antes".
El alabardero del criminal régimen de
Batista pasó por alto que otra de las cosas
que hoy nos hace tan conocidos en el orbe es el
éxodo que ha desperdigado cubanos por casi
todo el mundo.
Mi patriotismo no necesita nirvanas. Me conformaría
con que, además de por su música,
sus deportistas y la belleza de sus playas y sus
mujeres, mi país fuera conocido en el mundo
también por la figura de José Martí,
la obra de Lezama Lima y la poesía de Nicolás
Guillén. Otros pueblos tienen mucho menos
de qué enorgullecerse y viven prósperos
y felices. No andan huyendo por el mundo ni se
la pasan proclamando su decisión de inmolarse
en un suicidio masivo nacional.
Honestamente, preferiría que mi patria
se hubiera ahorrado tanta muerte y sufrimiento,
aunque en la política internacional nos
tuvieran un poco menos en cuenta. Luxemburgo no
suele figurar en los titulares principales de
la prensa mundial, pero sus habitantes no padecen
de complejo de inferioridad.
Por decir cosas así, que muchos piensan
pero no se atreven a decir, es probable que me
tilden de antipatriota. Es lo usual en Cuba para
el que ose apartarse un ápice de la línea
oficial. Apelando al patriotismo y a la condición
de plaza sitiada, el que dice su verdad es calificado,
sin derecho a réplica, de "mercenario,
anexionista, enemigo de la patria, asalariado
del imperialismo" o cualquier otra sandez
que se les antoje a los que se arrogan, intolerantes,
el monopolio de la patria.
A pesar de ellos, no me atormenta el menor sentimiento
de culpa, con la patria ni con mi conciencia.
Tengo el triste consuelo de que esos mismos insultos
fueron derramados contra mi amigo Raúl
Rivero, uno de los mejores cubanos que conozco.
El poeta fue condenado a 20 años de prisión
por escribir la realidad que vive su gente con
todo el amor y la cubana de que es capaz. Rivero
es un criollo de pura cepa, cuyo amor a Cuba,
a prueba de miedo y dolor, se patentizó
en su compromiso con otras agonías. Ese
compromiso que lo hizo permanecer en su país,
a pesar de los pesares, y enfrentar la ira del
régimen.
Bertold Brecha hablaba de "las cinco dificultades
para quien escribe la verdad". Pienso que
son mucho más que cinco.
La gente tiende a trocar en verdades las mentiras
de la historia oficial. A aceptar sin cuestionamiento
la propaganda mil veces repetida. Es más
fácil, más cómodo y menos
peligroso creer en la mentira. La verdad asusta,
ruboriza y perturba el sueño. Igual le
pasa a los maridos carnudos.
Los que dicen la verdad, a contrapelo de la mayoría
que calla o miente, son vistos con desconfianza.
Muchos se preguntan por qué lo hacen, con
qué fin, qué intereses sirven. Entonces,
piden que calles por amor a la patria, por no
hacer el juego al enemigo externo, como si el
silencio, los elogios y los himnos solucionaran
los males del país.
No creo en el amor patrio si usa en vano el nombre
sagrado de la patria. Creo en la patria de la
gente sencilla, trabajadora, honesta y generosa.
No en la del silencio, la adulación y la
mentira. Esa es la de los mandantes y sus servidores.
A inicios de los años 50, Curzio Malaparte
escribía inflamados artículos periodísticos
que denunciaban los males que aquejaban al estado
italiano, heredero de las leyes borbónicas,
la oligarquía y el fascismo. Malaparte
fue tildado de "enemigo de la patria".
El escritor ripostó:
"La Italia de los siervos y de los amos
es una Italia despreciable que no merece piedad
ni respeto. No tiene nada que ver con la Italia
verdadera, humillada, encadenada, hambrienta y
traicionada. Y no se diga que Italia está
ahora ya hasta tal punto envilecida que no puede
soportar la verdad y que necesita de la mentira
para vivir y para sobrevivir. Si no soporta la
verdad, que reviente. Yo no sé qué
hacer con una Patria que no soporta la verdad".
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