PRENSA INDEPENDIENTE
Agosot 27, 2004
 

SOCIEDAD
Callada patria

Luis Cino

LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Hace unos quince años, desde su exilio caraqueño, José Suárez Núñez, ex vocero de la dictadura batistiana, confesó al periodista Luis Báez su admiración secreta por Fidel Castro y su Revolución.

Según él, no compartía su ideología, pero le halagaba que su país de nacimiento "es conocido en el mundo por el papel político que desempeña y no sólo por sus peloteros, sus músicos y sus mulatas, como era antes".

El alabardero del criminal régimen de Batista pasó por alto que otra de las cosas que hoy nos hace tan conocidos en el orbe es el éxodo que ha desperdigado cubanos por casi todo el mundo.

Mi patriotismo no necesita nirvanas. Me conformaría con que, además de por su música, sus deportistas y la belleza de sus playas y sus mujeres, mi país fuera conocido en el mundo también por la figura de José Martí, la obra de Lezama Lima y la poesía de Nicolás Guillén. Otros pueblos tienen mucho menos de qué enorgullecerse y viven prósperos y felices. No andan huyendo por el mundo ni se la pasan proclamando su decisión de inmolarse en un suicidio masivo nacional.

Honestamente, preferiría que mi patria se hubiera ahorrado tanta muerte y sufrimiento, aunque en la política internacional nos tuvieran un poco menos en cuenta. Luxemburgo no suele figurar en los titulares principales de la prensa mundial, pero sus habitantes no padecen de complejo de inferioridad.

Por decir cosas así, que muchos piensan pero no se atreven a decir, es probable que me tilden de antipatriota. Es lo usual en Cuba para el que ose apartarse un ápice de la línea oficial. Apelando al patriotismo y a la condición de plaza sitiada, el que dice su verdad es calificado, sin derecho a réplica, de "mercenario, anexionista, enemigo de la patria, asalariado del imperialismo" o cualquier otra sandez que se les antoje a los que se arrogan, intolerantes, el monopolio de la patria.

A pesar de ellos, no me atormenta el menor sentimiento de culpa, con la patria ni con mi conciencia.

Tengo el triste consuelo de que esos mismos insultos fueron derramados contra mi amigo Raúl Rivero, uno de los mejores cubanos que conozco. El poeta fue condenado a 20 años de prisión por escribir la realidad que vive su gente con todo el amor y la cubana de que es capaz. Rivero es un criollo de pura cepa, cuyo amor a Cuba, a prueba de miedo y dolor, se patentizó en su compromiso con otras agonías. Ese compromiso que lo hizo permanecer en su país, a pesar de los pesares, y enfrentar la ira del régimen.

Bertold Brecha hablaba de "las cinco dificultades para quien escribe la verdad". Pienso que son mucho más que cinco.

La gente tiende a trocar en verdades las mentiras de la historia oficial. A aceptar sin cuestionamiento la propaganda mil veces repetida. Es más fácil, más cómodo y menos peligroso creer en la mentira. La verdad asusta, ruboriza y perturba el sueño. Igual le pasa a los maridos carnudos.

Los que dicen la verdad, a contrapelo de la mayoría que calla o miente, son vistos con desconfianza. Muchos se preguntan por qué lo hacen, con qué fin, qué intereses sirven. Entonces, piden que calles por amor a la patria, por no hacer el juego al enemigo externo, como si el silencio, los elogios y los himnos solucionaran los males del país.

No creo en el amor patrio si usa en vano el nombre sagrado de la patria. Creo en la patria de la gente sencilla, trabajadora, honesta y generosa. No en la del silencio, la adulación y la mentira. Esa es la de los mandantes y sus servidores.

A inicios de los años 50, Curzio Malaparte escribía inflamados artículos periodísticos que denunciaban los males que aquejaban al estado italiano, heredero de las leyes borbónicas, la oligarquía y el fascismo. Malaparte fue tildado de "enemigo de la patria". El escritor ripostó:

"La Italia de los siervos y de los amos es una Italia despreciable que no merece piedad ni respeto. No tiene nada que ver con la Italia verdadera, humillada, encadenada, hambrienta y traicionada. Y no se diga que Italia está ahora ya hasta tal punto envilecida que no puede soportar la verdad y que necesita de la mentira para vivir y para sobrevivir. Si no soporta la verdad, que reviente. Yo no sé qué hacer con una Patria que no soporta la verdad".



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