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REPRESION
Cárcel para los
derechos
Marvin Hernández Monzón,
Cuba Press
CIENFUEGOS, agosto (www.cubanet.org) - "Tómese
el tiempo que necesite, le daremos desayuno, almuerzo
y comida, pero no saldrá de aquí
hasta que haga compromiso escrito de dejar la
prensa", dijo el capitán del Departamento
de Seguridad del Estado (DSE) Vladimir Méndez
a la periodista independiente Isabel Rey Rodríguez.
Ese fue el clímax y punto central del
citatorio a la reportera para comparecer el miércoles
4 de agosto a las dependencias de la policía
política en Santa Clara, ciudad capital
de la provincia Villa Clara, en la región
central de Cuba.
La cita oficial comenzó con un mayor del
Departamento de Seguridad del Estado, de apellido
Castro, quien dijo ser instructor en el caso de
Rafael García, residente, igual que Isabel
Rey, en Esperanza, localidad de Villa Clara, donde
se rumora entre los habitantes que el joven está
acusado por supuestos planes de atentar contra
lugares como la plaza Ernesto Che Guevara y el
frigorífico del pueblo.
El mayor Castro intentó establecer nexos
entre el detenido y la periodista, e indagó
la respuesta de ella a una proposición
de actos violentos, como poner bombas u otros
tipos de atentados contra el régimen.
Rey Rodríguez debió nombrar a los
familiares que residen en Estados Unidos y las
vías por las que salieron de Cuba.
Todo ello se plasmó en un documento que
se agregó al expediente del acusado Rafael
García, al que Isabel prestó una
revista Hispano-Cubana en una ocasión -única-
en que García la visitó; gesto que
según señaló el militar cuesta
de 7 a 15 años de cárcel de acuerdo
a la Ley 88.
En el capítulo II, artículo 5.1
de la citada regulación se refiere tal
condena para el caso de "suministro de información
al gobierno de Estados Unidos por cualquier vía
que pueda ser utilizada en la aplicación
de la Ley Helm-Burton, el bloqueo, la guerra económica,
la subversión y otras medidas similares".
La arbitrariedad del gobierno cubano en aplicar
sus propias leyes y de modo tan escandaloso con
los 75 de marzo de 2003, mostrada recientemente,
no deja espacio para la duda con Isabel Rey, quien
a partir de 1993 cumplió tres años
de privación de libertad por motivos políticos.
La segunda parte de la arremetida contra la comunicadora
de la agencia independiente Cuba Press fue violenta
en alto grado, por lo que calificó al policía
político Méndez Mawatt de "perfecto
protervo", quien acusó de informes
falsos los reportes enviados por los colegas en
prisión, con tono y gesto agresivo y golpes
sobre la mesa.
Cada glorificación del gobierno de Cuba
e injuria contra los que procuran el espacio natural
como ser humano en esta Isla, y que constituyó
el discurso del capitán Vladimir, los rebatió
la reportera, la que, además, aseveró
al dúo de amenazadores oficiales que ella
no puede ser agente de la Seguridad del Estado
"por principio y por moral, porque con esa
condición se nace y que ella no podría
ser jamás tan servil".
Este policía del pensamiento afirmó
a Isabel que ella era uno de los 75, pero que
su edad y salud influyeron entonces para que no
la procesaran, y que a partir de ese momento "le
hemos puesto obstáculos para que usted
tomara una vía lateral; pero no, ha seguido
y seguido y seguido. Y ya su tiempo se acabó,
llegó a la meta y sólo le queda
el precipicio".
Para esta mujer de 64 años y una cadena
de padecimientos que van desde los circulatorios
hasta los artríticos, llegó el ultimátum
oficial; de la oficina del DSE saldría
para su casa si firmaba el compromiso de dejar
la prensa independiente, o hacia la prisión
en caso contrario.
Tras un tiempo de reflexión, escribió:
"Yo, Isabel Rey Rodríguez decido,
obligada por las circunstancias de encarcelamiento
y procesamiento, cesar mis actividades en la prensa
sin que esto haya de significar un cambio en mis
ideas".
El documento fue archivado en el expediente que
el DSE tiene de la comunicadora, luego de la firma
como testigo del mayor Castro, quien apuntó
que constituirá un agravante en caso de
que Isabel Rodríguez vaya a juicio.
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