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SOCIEDAD
En familia en la
playa
Lucas Garve, Fundación
por la Libertad de Expresión
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - En los
meses de julio y agosto las familias al completo
toman vacaciones. Hoy más que nunca, el
destino de una buena cantidad de habaneros no
es otro que las playas del este de la capital
cubana.
Los niños exigen a sus padres el chapuzón
dominical. Quienes residen en los municipios costeros
aprovechan para bañarse en las aguas del
litoral capitalino. Pero quienes viven en municipios
alejados prefieren trasladarse hacia el este habanero.
Tal fue el caso de Jacinto, un maestro en vacaciones,
a quien encontré al regreso de su excursión
a la playa. Con su esposa y dos hijos decidió
hace dos semanas pasar un domingo en Guanabo,
una de las playas del este.
Me contó que desde el sábado comenzaron
los preparativos. La esposa aseguró agua
y refrigerios suficientes, mientras los fiñes
se ocuparon de los implementos necesarios para
sus juegos. Jacinto cargó la billetera.
No pensaba en gastar mucho, pero un cabeza de
familia precavido garantiza el bienestar de todos.
Se levantaron a las cinco de la madrugada. Caminaron
hasta donde paran los ómnibus playeros
y tropezaron con una multitud que se les había
adelantado. Al rato, decidió guiar a sus
familiares hacia donde parquean los autos de alquiler.
Un hombre llamaba a voces por pasajeros para llenar
un carro. Se montaron los cuatro muy contentos.
El viaje de ida le costaría cien pesos.
Mas el bienestar de sus hijos y su esposa no tiene
precio para él. Llegaron temprano a la
playa y sus hijos gozaron de lo lindo con la tibieza
de las aguas.
Pasaron un día feliz, es cierto. Los muchachos
en sus juegos y retozos encontraron unos compañeros
de la escuela. Jacinto y su esposa los vigilaban
desde la arena, mientras aprovechaban para recordar
el noviazgo de su juventud primera. Almorzaron
sobre la arena. Hicieron una siesta envuelta en
arena y calor meridiano.
Tres horas después del mediodía
Jacinto se desperezó y comenzó a
tomar medidas para la retirada de la tropilla
hacia la ciudad. Bueno, pensó que en hora
temprana podría aspirar a tomar asiento
en un ómnibus.
Se equivocó, porque también pensaron
lo mismo otros como él. La cola era inmensa
y de las lomas de Jústiz unos nubarrones
color humo amenazaban con volver a bañarlos.
Tocó su billetera casi agotada, pero sin
remedio hizo un gesto de seguirlo hacia la carretera
a sus polluelos y a la gallina. Al cabo de una
buena media hora un chofer detuvo su auto, y por
30 pesos per cápita ofreció llevarlos
hasta cerca de su morada. Oferta cumplida y bien
pagada.
Ahora, lo que Jacinto se pregunta es si podrá
volver a llevar a sus hijos a la playa. Ya ese
viaje de excursión le costó más
de 200 pesos en transporte. En refrescos y helados
gastó unos 50 pesos. Sin contar el almuerzo
que llevó de su casa, los gastos ascienden
a poco menos que un salario mensual.
"La próxima vez que los niños
quieran ir a la playa los llevaré a la
costa de Miramar o a bañarse en el Malecón.
Las playas quedan al este, y si mi billetera no
se agota es porque me agoto yo en la fajazón
por montar en una guagua", me dijo como colofón
de la historia.
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