PRENSA INDEPENDIENTE
Agosot 17, 2004
 

DESDE LA CARCEL
La paja en el ojo ajeno

Omar Ruiz Hernández, Grupo Decoro. Condenado a 18 años de prisión.

Si los periodistas oficialistas cubanos conocieran mejor a su país, tal vez se abstendrían de escribir ciertos artículos ateniéndose a aquel viejo refrán que dice que quien tiene techo de vidrio no debe tirar piedras a su vecino.

Leyendo en mi celda el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, único medio de prensa al que tengo acceso, me ha llamado la atención en esta oportunidad el artículo que bajo la firma de la periodista Mariela Pérez Valenzuela apareció el pasado sábado 31 de julio. El trabajo en cuestión está dedicado a criticar la política represiva de la presidenta Mireya Moscoso contra la delincuencia juvenil en su país, y en el mismo se hace algunas preguntas que muy bien pudieran servir para analizar el mismo problema en Cuba, pero que por falta de honestidad y libertad no pueden aparecer en la prensa cubana, toda vez que ésta es totalitariamente oficialista.

Vale destacar que lo que se lee en cualquiera de nuestros periódicos, revistas o se dice en los espacios noticiosos de la radio y la televisión bien puede interpretarse como la opinión gubernamental, ya que pocas cosas pueden publicarse sin la debida aprobación de los censores.

El susodicho artículo, que critica acerbamente al gobierno panameño por endurecer las medidas represivas contra la delincuencia juvenil, se pregunta si no sería mejor prevenir que reprimir, cosa que por supuesto siempre es mejor, pero que es una receta buena para todo el mundo, y no sólo para aquellos países donde el sistema político es diferente al nuestro. Es curioso que nuestra prensa utilice el "doble rasero", método que tanto critica nuestro gobierno, a la hora de evaluar un problema que no es exclusivo de Panamá u otro país latinoamericano, sino que también es un flagelo que golpea a nuestro país desde hace años, pero que nunca aparece reflejado en nuestros noticieros ni es analizado críticamente por especialista o comentaristas de la única prensa permitida en Cuba.

De acuerdo con el artículo de Granma, la culpa de la delincuencia en Panamá la tiene los que ellos califican como "políticas neoliberales" y se pregunta si sería útil para estos jóvenes permanecer durante años en una oscura celda, y si en realidad la presidente Moscoso cree que con el aumento de las penas disminuya el índice de delitos.

¿Es que la periodista que escribió este artículo y quien autorizó su publicación no recuerdan que en el año 1999 nuestro Parlamento, guiado por el máximo líder, aprobó severas condenas para delitos como el robo, el hurto y otros? ¿Pensó acaso en ese momento el gobernante Fidel Castro como se pretende que piense hoy la presidenta de Panamá, en el sentido que es mejor prevenir que reprimir?

Para quienes se embelesan escuchando al presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba en sus interminables discursos pletóricos de estadísticas y comparaciones, que hacen pensar a muchos incautos que vivimos en el "paraíso terrenal", quiero decirles que uno de los logros de esta Revolución que nunca ha figurado en ningún discurso del Comandante, es el haber construido en sus 45 años de poder omnímodo más cárceles que ningún otro gobierno o que todos los gobiernos juntos que le precedieron desde 1902.

Es cierto que en Cuba la población se ha duplicado bajo su mandato, pero las prisiones se han multiplicado varias veces. Nos preguntamos que si en Cuba no se practica la política neoliberal, si en Cuba no existe la pobreza extrema, ¿por qué hay miles de jóvenes en las cárceles? ¿Por qué van a parar a una prisión personas que en más de un 95 % -según he podido apreciar en la cárcel donde me encuentro- nacieron después de 1959 o eran menores de 10 años en esa fecha y por ende fueron educados bajo el régimen rigurosamente marxista leninista? ¿Por qué en la Cuba de hoy la delincuencia es mayor que hace 45 años, cuando según el Sr. Fidel Castro, había en el país más pobreza que en la actualidad?

A quienes hemos tenido que convivir con estos delincuentes de Castro por más de un año, no nos es difícil contestar estas preguntas. Muchos de estos jóvenes me han dicho: "Si yo hubiera tenido un trabajo donde ganarme un salario con el cual vivir decorosamente y mantener una familia, nunca hubiera robado". Otros manifiestan: "Tengo un niño que me pidió una mochila para la escuela y para adquirirla necesitaba unos dólares y soy pobre".

El régimen que pretendió terminar con las diferencias sociales en Cuba, ha creado un mal peor. Hoy en día los nuevos ricos que poseen dólares comparten en centros de trabajo y escuelas con aquéllos que se mantienen con la moneda nacional, lo que incentiva al delito en muchos casos. En Cuba el salario devengado por la familia promedio no alcanza ni para comer como Dios manda, y con la moneda nacional no se puede adquirir ningún artículo de primera necesidad, ni algo tan simple, pero necesario, como una pastilla de jabón.

No, la Cuba de hoy no está en condiciones para dar lecciones de cómo lograr la tranquilidad ciudadana y la prevención del delito. Basta sólo con recorrer las calles de pueblos y ciudades para observar las casas enrejadas de puertas y ventanas y aún así quienes las habitan no se atreven dejarlas solas por varios días, temiendo que sean saqueadas.; basta con visitar las grandes ciudades y observar la cantidad de policías que hay en las calles; basta con venir a una prisión y constatar cuántos jóvenes cumplen hoy largas condenas por el delito de robo (desde un bombillo eléctrico hasta una bicicleta o algún ganado).

La única diferencia existente entre un país como Panamá y Cuba, en el tema que nos ocupa, es que en un país libre y democrático como Panamá se pueden publicar las estadísticas que reflejan sus males; sin embargo, en el nuestro eso es un tabú.

Sólo me resta recordar a quienes gustan de escribir sobre los pecados de otros, que en el libro más leído del mundo hay una enseñanza muy sabia que dice: "Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo. ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano".



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