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SOCIEDAD
Los divorcios
en Cuba
Ernesto Roque
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La pérdida
de valores en la sociedad cubana, se representa
en diferentes aspectos de la vida. El concepto
de que la familia es la columna vertebral de toda
sociedad se resquebraja día a día.
Los altos índices de divorcios en la isla
son una muestra de ello. Cuba se encuentra entre
los países que ostentan el más alto
índice de divorcios en el mundo. Las cifras
así lo demuestran.
En carta pastoral con motivo del 150 aniversario
de la muerte del presbítero Félix
Varela, el Cardenal Jaime Ortega señalaba
que ya en los años veinte del siglo pasado
comenzaron a aprobarse en nuestro país
leyes de divorcio cada vez más concesivas,
hasta hacer que el matrimonio hoy sea casi irrelevante,
con el consiguiente debilitamiento de la familia
y la pérdida progresiva de su función
social. Es frecuente encontrar hombres y mujeres
con dos o tres divorcios en su historia personal,
señalaba el prelado.
En 1961, dos años después del triunfo
revolucionario, por cada mil personas sólo
0,6 rompían vínculos matrimoniales.
A partir de entonces la escala iría en
forma ascendente hasta nuestros días. El
gobierno revolucionario, que tanto le gusta hablar
de otras cifras, apenas ha reflexionado sobre
el tema. "No se ha realizado una investigación
representativa sobre los motivos de las disoluciones
matrimoniales", manifestó una fuente
confiable.
Para que se tenga un ejemplo, en el año
1989 de cada mil parejas casadas 3,6 disolvían
la relación. En 1993 la tasa de divorcialidad
alcanzó la cifra de 6 por cada mil. En
ese año se produjeron 64,900 divorcios.
En 1999 se registra otro récord en los
divorcios, con una cifra promedio de 69 por cada
cien matrimonios celebrados legalmente, y el pasado
año 2003, la cifra alcanzó 35,851,
según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas.
Las cifras pudieran hablar por si solas, pero
las causas que conllevan a estos divorcios son
varias. Una de ellas es que las parejas han tenido
una pérdida de opciones para disfrutar
el tiempo libre, y esa parte del tiempo se la
pasan meditando sobre lo poco que tienen para
comer, de lo bajo que resulta el salario, del
par de zapatos que le hace falta a los hijos para
ir a la escuela, del trabajo que les cuesta coger
un camello para llegar al trabajo.
"Las parejas se van ahogando en la subsistencia
diaria y dejan poco espacio para el amor",
me comentaba Facundo, mi vecino, quien se divorcio
el pasado año.
Algo que muchos recordamos fue lo sucedido en
la década del 90, donde un por ciento de
matrimonios se debía en lo fundamental
a un negocio lícito, donde un hombre y
una mujer convenían en casarse con el objetivo
de poder vender los "beneficios" que
representaba por aquella época de periodo
especial, contraer nupcias.
El objetivo de este matrimonio por acuerdo era
poder adquirir los bonos que se entregan en el
Palacio de los Matrimonios, que otorgaban el derecho
a la adquisición de un cake, 5 cajas de
cerveza, reservación en un hotel por tres
días, entre otros "beneficios".
Por supuesto, el dulce no sería consumido
por ningún invitado, ya que se fraccionaba
en pequeñas cuñas y se vendía
luego por las calles a un precio de cinco pesos
cada una. Las cervezas se ponían a enfriar
y se expendían a 10 ó 20 pesos y
la reservación del hotel se vendía
entre 500 y 800 pesos.
Vendidos todos los beneficios del matrimonio
y repartida las ganancias, llegaba el consabido
divorcio. Un tiempo después esta misma
pareja utilizaba el mismo método, volvían
a contraer nupcias para luego vender el derecho
a comerse un pedazo de dulce, o tomarse una cerveza
fría, ya que exceptuando a los matrimoniados,
ningún cubano tenia derecho a disfrutar
de esos placeres.
Algo que llama la atención es que en este
nuevo siglo se ha ido incrementando considerablemente
los matrimonios por segunda y tercera ocasión.
De las 57 mil bodas celebradas en el año
2000, más de 14 mil fueron por segunda
ocasión.
Otras de las causas que propician los divorcios
son los matrimonios entre jóvenes o adolescentes,
quienes inician las relaciones sexuales antes
de los 18 años de edad.
En la actualidad, en el 34 % de los divorcios
que acontecen en el país está presente
un adolescente.
Los conflictos en los más jóvenes
comienzan desde horas tempranas, cuando deben
afrontar problemas de vivienda, económicos,
y compartir la responsabilidad en el cuidado de
los hijos, legado muchas veces a los padres. La
convivencia con los familiares del novio o la
novia atentan contra el normal desarrollo de la
pareja en sí misma. El viejo proverbio
"el que casa, casa quiere" se hace presente,
algo imposible debido a los problemas de vivienda
que afronta la sociedad cubana.
En la actualidad muchas mujeres no andan en busca
de una pareja que satisfaga sus necesidades de
amar o de un hombre que las lleve al altar. Se
busca en lo fundamental aquél que supla
las necesidades económicas. "El matrimonio
no ha muerto, lo estamos matando" concluía
mi vecino Facundo.
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