PRENSA INDEPENDIENTE
Agosot 13, 2004
 

SOCIEDAD
Los divorcios en Cuba

Ernesto Roque

LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La pérdida de valores en la sociedad cubana, se representa en diferentes aspectos de la vida. El concepto de que la familia es la columna vertebral de toda sociedad se resquebraja día a día. Los altos índices de divorcios en la isla son una muestra de ello. Cuba se encuentra entre los países que ostentan el más alto índice de divorcios en el mundo. Las cifras así lo demuestran.

En carta pastoral con motivo del 150 aniversario de la muerte del presbítero Félix Varela, el Cardenal Jaime Ortega señalaba que ya en los años veinte del siglo pasado comenzaron a aprobarse en nuestro país leyes de divorcio cada vez más concesivas, hasta hacer que el matrimonio hoy sea casi irrelevante, con el consiguiente debilitamiento de la familia y la pérdida progresiva de su función social. Es frecuente encontrar hombres y mujeres con dos o tres divorcios en su historia personal, señalaba el prelado.

En 1961, dos años después del triunfo revolucionario, por cada mil personas sólo 0,6 rompían vínculos matrimoniales. A partir de entonces la escala iría en forma ascendente hasta nuestros días. El gobierno revolucionario, que tanto le gusta hablar de otras cifras, apenas ha reflexionado sobre el tema. "No se ha realizado una investigación representativa sobre los motivos de las disoluciones matrimoniales", manifestó una fuente confiable.

Para que se tenga un ejemplo, en el año 1989 de cada mil parejas casadas 3,6 disolvían la relación. En 1993 la tasa de divorcialidad alcanzó la cifra de 6 por cada mil. En ese año se produjeron 64,900 divorcios.

En 1999 se registra otro récord en los divorcios, con una cifra promedio de 69 por cada cien matrimonios celebrados legalmente, y el pasado año 2003, la cifra alcanzó 35,851, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas.

Las cifras pudieran hablar por si solas, pero las causas que conllevan a estos divorcios son varias. Una de ellas es que las parejas han tenido una pérdida de opciones para disfrutar el tiempo libre, y esa parte del tiempo se la pasan meditando sobre lo poco que tienen para comer, de lo bajo que resulta el salario, del par de zapatos que le hace falta a los hijos para ir a la escuela, del trabajo que les cuesta coger un camello para llegar al trabajo.

"Las parejas se van ahogando en la subsistencia diaria y dejan poco espacio para el amor", me comentaba Facundo, mi vecino, quien se divorcio el pasado año.

Algo que muchos recordamos fue lo sucedido en la década del 90, donde un por ciento de matrimonios se debía en lo fundamental a un negocio lícito, donde un hombre y una mujer convenían en casarse con el objetivo de poder vender los "beneficios" que representaba por aquella época de periodo especial, contraer nupcias.

El objetivo de este matrimonio por acuerdo era poder adquirir los bonos que se entregan en el Palacio de los Matrimonios, que otorgaban el derecho a la adquisición de un cake, 5 cajas de cerveza, reservación en un hotel por tres días, entre otros "beneficios". Por supuesto, el dulce no sería consumido por ningún invitado, ya que se fraccionaba en pequeñas cuñas y se vendía luego por las calles a un precio de cinco pesos cada una. Las cervezas se ponían a enfriar y se expendían a 10 ó 20 pesos y la reservación del hotel se vendía entre 500 y 800 pesos.

Vendidos todos los beneficios del matrimonio y repartida las ganancias, llegaba el consabido divorcio. Un tiempo después esta misma pareja utilizaba el mismo método, volvían a contraer nupcias para luego vender el derecho a comerse un pedazo de dulce, o tomarse una cerveza fría, ya que exceptuando a los matrimoniados, ningún cubano tenia derecho a disfrutar de esos placeres.

Algo que llama la atención es que en este nuevo siglo se ha ido incrementando considerablemente los matrimonios por segunda y tercera ocasión. De las 57 mil bodas celebradas en el año 2000, más de 14 mil fueron por segunda ocasión.

Otras de las causas que propician los divorcios son los matrimonios entre jóvenes o adolescentes, quienes inician las relaciones sexuales antes de los 18 años de edad.

En la actualidad, en el 34 % de los divorcios que acontecen en el país está presente un adolescente.

Los conflictos en los más jóvenes comienzan desde horas tempranas, cuando deben afrontar problemas de vivienda, económicos, y compartir la responsabilidad en el cuidado de los hijos, legado muchas veces a los padres. La convivencia con los familiares del novio o la novia atentan contra el normal desarrollo de la pareja en sí misma. El viejo proverbio "el que casa, casa quiere" se hace presente, algo imposible debido a los problemas de vivienda que afronta la sociedad cubana.

En la actualidad muchas mujeres no andan en busca de una pareja que satisfaga sus necesidades de amar o de un hombre que las lleve al altar. Se busca en lo fundamental aquél que supla las necesidades económicas. "El matrimonio no ha muerto, lo estamos matando" concluía mi vecino Facundo.



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