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CULTURA
Un programa sabatino
Emilio Rodríguez
SANTA CLARA, agosto (www.cubanet.org) - El verano
pasado la televisión cubana sacó
al aire, en el espacio del mediodía, el
programa En familia con Alfredo, conducido por
el cantante Alfredo Rodríguez. Sin lugar
a dudas, el carisma del intérprete -venerado
por gran cantidad de damas de la tercera edad-
sumado a un arsenal extenso de piezas musicales
que alcanzaron gran éxito en la llamada
década prodigiosa, que no lucían
muy bien en la voz del anfitrión pero hicieron
recordar gratos momentos a muchos, lograron que
el programa alcanzara un lugar privilegiado en
el rating de la teleaudiencia.
La calamitosa voz del cantante devenido conductor
de programa y sus excéntricas contorciones
no se echaron a ver tanto en aquella oportunidad
por lo ameno que resultó el espacio. Pero
-y cuando la cosa depende de la subjetividad siempre
hay un pero- a la división de musicales
de la televisión cubana se le ocurrió
la aciaga idea de "sorprender" al espectador,
este verano, con una nueva versión de lo
que fue En familia con Alfredo. Por supuesto,
conducido por el propio intérprete.
Como resultado de la idea, se destinó
el espacio que ocupaba el programa Para no salir
de casa -un verdadero purgante- para instalar
el de Alfredo Rodríguez, que en esta ocasión
fue bautizado como Sábado Especial.
En esta versión ya casi no canta Alfredito,
por suerte. Ahora la variedad es tan grande que
llega incluso a saturar el paladar de los televidentes,
a excepción, claro está, de la poco
más de una decena de espectadoras que despeinan
su blanca cabellera cuando se escuchan en el estudio
los acordes de presentación y despedida
del programa.
Imagínese un arroz con mango al que, además,
se le agrega níspero. Eso es el sábado
especial que nos propone Alfredo Rodríguez;
a decir del conocido personaje humorístico
Pantera, "un batido de mandarria".
Y eso no es nada. Al mal cantante y peor animador
se le ha ocurrido, en un horario en que los niños
aún no han ido a la cama, ofrecer una clase
de orientación sexual que, a juzgar por
la insistencia que mostró en la edición
del 31 de julio, mejor parece que es él
quien más la necesita. No es que los niños
no tengan derecho a saber de sexo, es que existen
frases y términos relacionados con el tema
que resultan vulgaridades impropias para ser escuchadas
por un infante.
Con ese objetivo fue invitado un especialista
en sexología, que complació al presentador
ofreciendo una disertación, algo apretada,
de las disfunciones sexuales más frecuentes.
Pero Alfredito se animó, y comenzó
a preguntar cosas, cuyas respuestas obligadas
no son aptas para menores, y que iban desde la
importancia del tamaño del órgano
reproductor masculino, hasta un marcado interés
por observar una prótesis para hombres.
Dicho así no se puede entender la magnitud
de la desfachatez. Para que se comprenda con exactitud
reproduciré la pregunta textual que formuló
Alfredo a su invitado: "¿Y el tamaño
es importante?" El especialista parece haber
comprendido la inquietud de su anfitrión
y le respondió: "No importa que sea
grande o chiquito, lo que importa es saberlo usar".
Suerte que no se le ocurrió invitar a Juan
Carlos, "el gordo", otro chispeante
humorista que no hubiese vacilado en decir que
la pregunta es propia de un "manco".
Del humor, ni hablar. No puedo asegurar que sea
su actor favorito, o que es el único disponible
cuando hace falta un humorista para su programa,
lo cierto es que no utiliza otro que no sea Mario
Aguirre. Y me disculpo con aquéllos que
tienen el don de hacernos reír, porque
el Mayito no es más que un bufón
desprendido de un Atanasio Pinduele insoportable,
para apoderarse -muy a gusto, parece- del personaje
que encarna a la clásica chismosa.
Como colofón, a nuestro presentador se
le ocurrió interpretar junto a Beatriz
Márquez, nada menos que la Mazurca de la
sombrilla. Había que ver aquello. A la
pobre Beatriz no le quedarán más
deseos de experimentar. La gritería de
Alfredito no permitía distinguir si lo
que estaba haciendo era un segundo, o pregonaba
maní tostado una octava más alta
¡Vaya desastre!
Lo más llamativo del programa es la misteriosa
mesa que el presentador ubica a la izquierda de
su butaca, presidida por un formidable ramo de
girasoles y varias velas encendidas, a pesar de
la iluminación propia del estudio. Quizás
eso explique las constantes contorsiones. No es
de dudar que el hombre, como parece ser costumbre
en ese medio, "camine por lo chapeao",
para conseguir su espacio.
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