PRENSA INDEPENDIENTE
Agosot 12, 2004
 

CULTURA
Un programa sabatino

Emilio Rodríguez

SANTA CLARA, agosto (www.cubanet.org) - El verano pasado la televisión cubana sacó al aire, en el espacio del mediodía, el programa En familia con Alfredo, conducido por el cantante Alfredo Rodríguez. Sin lugar a dudas, el carisma del intérprete -venerado por gran cantidad de damas de la tercera edad- sumado a un arsenal extenso de piezas musicales que alcanzaron gran éxito en la llamada década prodigiosa, que no lucían muy bien en la voz del anfitrión pero hicieron recordar gratos momentos a muchos, lograron que el programa alcanzara un lugar privilegiado en el rating de la teleaudiencia.

La calamitosa voz del cantante devenido conductor de programa y sus excéntricas contorciones no se echaron a ver tanto en aquella oportunidad por lo ameno que resultó el espacio. Pero -y cuando la cosa depende de la subjetividad siempre hay un pero- a la división de musicales de la televisión cubana se le ocurrió la aciaga idea de "sorprender" al espectador, este verano, con una nueva versión de lo que fue En familia con Alfredo. Por supuesto, conducido por el propio intérprete.

Como resultado de la idea, se destinó el espacio que ocupaba el programa Para no salir de casa -un verdadero purgante- para instalar el de Alfredo Rodríguez, que en esta ocasión fue bautizado como Sábado Especial.

En esta versión ya casi no canta Alfredito, por suerte. Ahora la variedad es tan grande que llega incluso a saturar el paladar de los televidentes, a excepción, claro está, de la poco más de una decena de espectadoras que despeinan su blanca cabellera cuando se escuchan en el estudio los acordes de presentación y despedida del programa.

Imagínese un arroz con mango al que, además, se le agrega níspero. Eso es el sábado especial que nos propone Alfredo Rodríguez; a decir del conocido personaje humorístico Pantera, "un batido de mandarria".

Y eso no es nada. Al mal cantante y peor animador se le ha ocurrido, en un horario en que los niños aún no han ido a la cama, ofrecer una clase de orientación sexual que, a juzgar por la insistencia que mostró en la edición del 31 de julio, mejor parece que es él quien más la necesita. No es que los niños no tengan derecho a saber de sexo, es que existen frases y términos relacionados con el tema que resultan vulgaridades impropias para ser escuchadas por un infante.

Con ese objetivo fue invitado un especialista en sexología, que complació al presentador ofreciendo una disertación, algo apretada, de las disfunciones sexuales más frecuentes. Pero Alfredito se animó, y comenzó a preguntar cosas, cuyas respuestas obligadas no son aptas para menores, y que iban desde la importancia del tamaño del órgano reproductor masculino, hasta un marcado interés por observar una prótesis para hombres.

Dicho así no se puede entender la magnitud de la desfachatez. Para que se comprenda con exactitud reproduciré la pregunta textual que formuló Alfredo a su invitado: "¿Y el tamaño es importante?" El especialista parece haber comprendido la inquietud de su anfitrión y le respondió: "No importa que sea grande o chiquito, lo que importa es saberlo usar". Suerte que no se le ocurrió invitar a Juan Carlos, "el gordo", otro chispeante humorista que no hubiese vacilado en decir que la pregunta es propia de un "manco".

Del humor, ni hablar. No puedo asegurar que sea su actor favorito, o que es el único disponible cuando hace falta un humorista para su programa, lo cierto es que no utiliza otro que no sea Mario Aguirre. Y me disculpo con aquéllos que tienen el don de hacernos reír, porque el Mayito no es más que un bufón desprendido de un Atanasio Pinduele insoportable, para apoderarse -muy a gusto, parece- del personaje que encarna a la clásica chismosa.

Como colofón, a nuestro presentador se le ocurrió interpretar junto a Beatriz Márquez, nada menos que la Mazurca de la sombrilla. Había que ver aquello. A la pobre Beatriz no le quedarán más deseos de experimentar. La gritería de Alfredito no permitía distinguir si lo que estaba haciendo era un segundo, o pregonaba maní tostado una octava más alta ¡Vaya desastre!

Lo más llamativo del programa es la misteriosa mesa que el presentador ubica a la izquierda de su butaca, presidida por un formidable ramo de girasoles y varias velas encendidas, a pesar de la iluminación propia del estudio. Quizás eso explique las constantes contorsiones. No es de dudar que el hombre, como parece ser costumbre en ese medio, "camine por lo chapeao", para conseguir su espacio.



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