PRENSA INDEPENDIENTE
Agosot 10, 2004
 

SOCIEDAD
La partida de Strauss

Luis Cino

LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Donada por el ayuntamiento de Viena, violín en mano, esbelta, dorada, austriaca y plástica, la figura de Johan Strauss se erquía en el parque donde se intersectan las calles Línea y 11 en el Vedado.

Junto a ella, la nota discordante la ofrecía una casucha de madera y otros materiales, sucesivamente multidividida, entre gritos y martillazos, por sus muy humildes moradores, todos parientes.

En dicha esquina habanera, el autor de los valses inmortales no tenía la paz de los bosques vieneses y las orillas del azul Danubio. El sonido del tránsito era de pesadilla. Servía de fondo ambiental a los diálogos de los borrachos del Bar Cristal, las prostitutas, los freakies, los policías orientales y los Cisneros y vendedores de toda laya.

Las conversaciones del parque eran una jerga ininteligible para alguien adaptado a los usos galantes de la corte del imperio austro-húngaro. Pero a todo se adaptan los humanos y sus estatuas, incluso los compositores austriacos.

Permaneció más de dos años en el parque, hasta una de esas madrugadas de La Habana en las que casi cualquier cosa puede suceder. Hasta que defenestren a Johan Strauss o a cualquier ser viviente.

La estatua apareció partida. Sólo quedaron los zapatos, atornillados al pedestal. Nadie supo quiénes fueron los autores del vandálico hecho. Muchos pensaban que era una estatua metálica revestida con un baño áureo. La codicia de algunos desaprensivos estaba despierta. Otros culpan a los freakies, no es la primera vez que pagan los platos rotos.

Las autoridades policiales continúan las investigaciones pertinentes. Si el hecho no está vinculado con actividades de la disidencia, "financiada por el imperialismo y la mafia anexionista de Miami", es poco probable que tengan éxito las pesquisas.

La estatua la retiraron. También los zapatos. Dicen que para restaurarla. Se espera que regrese a su pedestal, como volvieron las gafas de John Lennon a la nariz de su monumento del Vedado. Ojalá.

Recientemente, en Caracas, también se partió de forma misteriosa la estatua de la milagrera María Lienza. Temerosos espiritistas caraqueños atribuyen ominosos presagios a la rotura de la estatua de la diosa indígena del agua y la floresta. Tal vez no se dieron cuenta de que la fatalidad llegó varios años antes del hecho, en forma de caudillo. Ellos, al menos, aún tienen esperanzas.

En Cuba, aunque se partan las estatuas, los malos augurios ya no son noticia. Son cotidianos. Están entre nosotros, asentados firmes, desde hace varias décadas.



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