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SOCIEDAD
La partida de Strauss
Luis Cino
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Donada
por el ayuntamiento de Viena, violín en
mano, esbelta, dorada, austriaca y plástica,
la figura de Johan Strauss se erquía en
el parque donde se intersectan las calles Línea
y 11 en el Vedado.
Junto a ella, la nota discordante la ofrecía
una casucha de madera y otros materiales, sucesivamente
multidividida, entre gritos y martillazos, por
sus muy humildes moradores, todos parientes.
En dicha esquina habanera, el autor de los valses
inmortales no tenía la paz de los bosques
vieneses y las orillas del azul Danubio. El sonido
del tránsito era de pesadilla. Servía
de fondo ambiental a los diálogos de los
borrachos del Bar Cristal, las prostitutas, los
freakies, los policías orientales y los
Cisneros y vendedores de toda laya.
Las conversaciones del parque eran una jerga
ininteligible para alguien adaptado a los usos
galantes de la corte del imperio austro-húngaro.
Pero a todo se adaptan los humanos y sus estatuas,
incluso los compositores austriacos.
Permaneció más de dos años
en el parque, hasta una de esas madrugadas de
La Habana en las que casi cualquier cosa puede
suceder. Hasta que defenestren a Johan Strauss
o a cualquier ser viviente.
La estatua apareció partida. Sólo
quedaron los zapatos, atornillados al pedestal.
Nadie supo quiénes fueron los autores del
vandálico hecho. Muchos pensaban que era
una estatua metálica revestida con un baño
áureo. La codicia de algunos desaprensivos
estaba despierta. Otros culpan a los freakies,
no es la primera vez que pagan los platos rotos.
Las autoridades policiales continúan las
investigaciones pertinentes. Si el hecho no está
vinculado con actividades de la disidencia, "financiada
por el imperialismo y la mafia anexionista de
Miami", es poco probable que tengan éxito
las pesquisas.
La estatua la retiraron. También los zapatos.
Dicen que para restaurarla. Se espera que regrese
a su pedestal, como volvieron las gafas de John
Lennon a la nariz de su monumento del Vedado.
Ojalá.
Recientemente, en Caracas, también se
partió de forma misteriosa la estatua de
la milagrera María Lienza. Temerosos espiritistas
caraqueños atribuyen ominosos presagios
a la rotura de la estatua de la diosa indígena
del agua y la floresta. Tal vez no se dieron cuenta
de que la fatalidad llegó varios años
antes del hecho, en forma de caudillo. Ellos,
al menos, aún tienen esperanzas.
En Cuba, aunque se partan las estatuas, los malos
augurios ya no son noticia. Son cotidianos. Están
entre nosotros, asentados firmes, desde hace varias
décadas.
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