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NOTICIAS
DE CUBA
El
Nuevo Herald
El éxodo de los balseros: una tragedia
que difícilmente se repetirá
Wilfredo Cancio Isla, El Nuevo
Herald. 9 de agosto de 2004.
El éxodo que en el verano de 1994 lanzó
a 36,000 cubanos al mar rumbo a Estados Unidos
tiene escasas posibilidades de repetirse y habría
marcado el fin de las crisis de emigración
desordenada desde la isla, al menos mientras Fidel
Castro permanezca en el poder.
A pesar de las recientes advertencias de Castro
sobre el peligro de una estampida masiva de cubanos
como consecuencia del reforzamiento del embargo
estadounidense, los analistas coinciden en que
el gobierno cubano lo impedirá a toda costa,
en virtud de los riesgos políticos y militares
de un caos migratorio que ponga en peligro la
seguridad nacional de su poderoso vecino.
Las reglas del juego están sobre la mesa.
El pasado año Washington envió una
nota diplomática a Cuba a raíz de
una escalada de fugas por mar y por tierra que
sonaron la alarma ante una potencial avalancha
migratoria. Los términos de la comunicación
fueron particularmente duros: una ola migratoria
desde la isla sería interpretada como un
acto de confrontación a EEUU.
''Al gobierno de Cuba se le habló claro
y duro respecto a un éxodo, que sería
considerado como una acción hostil a este
país'', recordó Mel Martínez,
quien formó parte de la administración
de George W. Bush y ahora aspira al Senado. "EEUU
no va a tolerarlo''.
Más allá de la retórica
política, las autoridades estadounidenses
tienen previsto un plan de emergencia naval. El
plan se actualiza sistemáticamente y se
ha visto reforzado después de los atentados
terroristas del 9/11.
''Definitivamente estamos preparados mejor que
nunca'', dijo Luis Díaz, portavoz del Servicio
Guardacostas en el distrito de Miami. "Tenemos
absoluta confianza que el plan será efectivo
en una situación de emergencia''.
Aunque los pormenores del plan no son públicos,
extraoficialmente se admite que ninguna estrategia
está descartada, incluyendo un bloqueo
naval a la isla, pues EEUU no está dispuesto
siquiera a permitir una concentración de
balseros en Guantánamo o en otra de sus
posesiones militares debido al alto costo económico
y a las implicaciones legales que estarían
en juego tras un reciente fallo de la Corte Suprema.
Los guardacostas se encuentran inmersos actualmente
en un multimillonario proyecto de renovación
tecnológica a largo plazo, que va desde
el reemplazo de sus embarcaciones hasta el mejoramiento
de los sistemas de comunicación y la introducción
de sofisticadas naves de rastreo. Díaz
admitió que tras el 9/11 ''se ha adelantado
mucho'', particularmente en el trabajo coordinado
de todas las agencias federales vinculadas al
control de fronteras.
''Es extraordinariamente difícil que se
repita otro tipo de emigración marítima
desordenada'', opino Guarioné Díaz,
quien fue el enlace civil designado por Washington
para atender los campamentos de balseros en la
base naval de Guantánamo. "Las condiciones
internacionales han cambiado drásticamente,
la seguridad nacional ha pasado a ser prioridad
de EEUU y Fidel Castro podrá ser temerario,
pero no es suicida''.
El sociólogo Ted Henken, profesor de Baruch
College en Nueva York, indica que en las actuales
condiciones "no hay una posibilidad real
de éxodo''.
Henken, quien ha investigado la emigración
en el Caribe y el caso cubano por más de
una década, sostiene la tesis de que la
preocupación actual acerca de un éxodo
como el de 1994 es desproporcionada. ''Una preocupación
potencialmente más significativa sería
la emigración después de la caída
de Castro, durante una ardua etapa de transición,
o bajo una diferente y menos autoritaria forma
de gobierno en Cuba'', apunto el académico.
Según Henken, el resultado más
significativo de la crisis de los balseros y de
los acuerdos migratorios de 1994-1995 es el hecho
de que el número legal de cubanos admitidos
en EEUU desde esa fecha --unos 200,000-- es mucho
mayor a la cifra de inmigrantes ilegales llegados
desde la isla en el mismo período: 10,000.
De hecho, la crisis de los balseros de 1994 marcó
el fin de una era por varias razones. Por primera
vez en tres décadas, la política
de fronteras abiertas para los cubanos que huían
del régimen comunista dio un giro radical
luego de que el entonces presidente Bill Clinton
anunciara que los balseros serían interceptados
en el mar y enviados a Guantánamo.
La decisión de Clinton, anunciada en medio
del incontrolable oleaje migratorio de agosto
de 1994, abrió el camino a los acuerdos
bilaterales y condicionó un nuevo tratamiento
para los cubanos en fuga, que a partir de entonces
fueron mencionados más como inmigrantes
y menos como refugiados políticos.
Un abrupto cambio de actitud que acabó
con el tratamiento preferencial a los cubanos
y generó la polémica ''ley de pies
secos, pies mojados'', un nuevo muro de contención
para los que tratan de llegar ilegalmente a las
costas estadounidenses.
Pero también la ola migratoria de 1994
y la experiencia de los cubanos enviados entonces
a Guantánamo y a la base estadounidense
en Panamá, han dejado un importante arsenal
de lecciones legales y comunitarias para Washington.
''El reciente veredicto de la Corte Suprema de
la nación sobre los prisioneros de Al Qaida
en Guantánamo, ha demostrado que teníamos
absoluta claridad cuando reclamamos derechos constitucionales
para los balseros retenidos allí'', manifestó
María Domínguez, directora del Instituto
de Derechos Humanos de la Universidad de St. Thomas.
Domínguez figuró en el grupo de
23 abogados cubanoamericanos que en octubre de
1994 interpuso una demanda colectiva contra el
gobierno federal reclamando el derecho de los
21,000 balseros detenidos en Guantánamo
y los 8,000 llevados a Panamá a ser procesados
como refugiados políticos. La acción
legal se sustentaba en que ambos territorios eran
jurisdicción norteamericana y por lo tanto
merecían protección bajo las leyes
de este país.
''Como cubano exiliado, sentí que esa
política de exclusión iba contra
todo lo que Estados Unidos representa'', señaló
el abogado Frank Angones, quien integró
aquel equipo legal.
La demanda contó también con la
participación del abogado Harold Hongju
Koh, profesor de la Escuela de Leyes de la Universidad
de Yale y prominente defensor de los derechos
de los refugiados.
Pero en enero de 1995, el Tribunal de Apelaciones
de Atlanta dictaminó que los balseros carecían
de derechos constitucionales y su destino estaba
en manos de la rama ejecutiva del gobierno. La
Corte Suprema se negó entonces a escuchar
el caso y ratificó la decisión de
los jueces del Onceno Circuito de Atlanta.
Sin embargo, este año la máxima
instancia judicial de EEUU determinó que
al colocar a los prisioneros de Al Qaida en Guantánamo,
éstos tienen derecho a un debido proceso
legal de acuerdo con la constitución norteamericana.
El argumento sustentado por los letrados es el
mismo que esgrimía la demanda de los abogados
cubanoamericanos diez años atrás.
La suerte de los balseros se decidió en
mayo de 1995 por decisión ejecutiva, tras
la firma del segundo pacto migratorio bilateral.
Clinton anunció que serían recibidos
en EEUU y puso en vigor el programa de intercepción
en altamar.
''Desde el principio sabíamos que al final
habría una solución para los balseros'',
comentó Guarioné Díaz. "Era
imposible mantener allí a 30,000 personas
indefinidamente por el tremendo costo económico
y por lo que significaba para la imagen internacional
de EEUU''.
Se estima que el costo de los campamentos de
balseros en Guantánamo era superior a $1
millón diario.
Domínguez, que viajó 21 veces a
Guantánamo y Panamá, señaló
que Washington debía sacar una lección
trascendental de esa experiencia migratoria: si
llegara a producirse otro éxodo desde Cuba,
la reacción tiene que ser diferente.
El exilio cubano y las autoridades de Miami se
volcaron entonces a ayudar a los balseros con
donativos y programas de capacitación,
que incluían clases de inglés y
orientaciones vitales para el desenvolvimiento
en la sociedad estadounidense. Sólo en
donativos se transportaron por avión unas
100,000 libras para suplir las carencias materiales
de los campamentos.
''Pudimos demostrarle al gobierno que la comunidad
es imprescindible para garantizar el asentamiento
organizado de los inmigrantes'', manifestó
Domínguez. "Guantánamo fue
lo contrario al éxodo del Mariel [en 1980],
pues gracias a la ayuda de voluntarios los balseros
llegaron a este país con una orientación,
sin crear problemas mayores y con un mínimo
de gastos públicos''.
Los balseros, entonces y ahora
Holly Ackerman. 9 de agosto de
2004.
En lo fundamental, los balseros de los años
90 representaban aquellos cubanos que no tenían
medios legales de salida, pero que tenían
urgencia de marcharse en gran medida por razones
de libertad personal. La fuente fundamental de
su descontento era la generalizada intrusión
del gobierno cubano en sus vidas. La necesidad
económica era un estímulo efectivo
pero secundario. Estaban dispuestos a afrontar
un calvario para poder salir de su circunstancia
y empezaron a irse independientemente y en grandes
números, en condiciones física y
legalmente peligrosas a principios de esa década.
Sus acciones y creciente número llevó
al gobierno cubano a endurecer la vigilancia de
sus fronteras y luego, cuando se produjo un gran
descontento civil, a permitir una salida irrestricta.
Para 1994, esto se había convertido en
un patrón normal para tratar con la acumulada
demanda para irse de Cuba pero cada vez menos
tolerable para Estados Unidos. El choque entre
estas dos necesidades resultaron en que, en 1994,
los balseros fueron internados en campamentos
de refugiados.
A un nivel individual, el doble trauma de una
peligrosa travesía marítima e inciertas
condiciones de internamiento siguen siendo recuerdos
vívidos y dolorosos para los balseros.
Estaban dispuestos a morir para escapar pero no
estaban preparados para vivir con el horror que
definía cada viaje. Como dijo un balsero:
''Hicimos algo loco, la forma en que nos fuimos.
Me duele pero estoy contento de haber hecho esa
locura''. En su primera década en Estados
Unidos se han mantenido firmes en su intención
de desembarazarse de la política. No participan
en actividades cívicas. Sus preocupaciones
son la familia, el entretenimiento y la lucha
contra las incertidumbres del desempleo y la vejez.
Están a favor de mejorar la ayuda humanitaria
y los viajes a Cuba pero también apoyan
endurecer las medidas contra el gobierno cubano,
que todavía temen y del que desconfían.
A diferencia de anteriores éxodos de Cuba,
los balseros no vienen en línea directa
a EEUU. Se dispersan por el Caribe, amenazando
la estabilidad de los gobiernos de Islas Caimán
y Bahamas, así como el orden público
en el sur de la Florida. Tras las negociaciones
conjuntas en Washington, los gobiernos caribeños
afectados firmaron similares Memorandos de Comprensión
con Cuba para prevenir futuros balseros mediante
su devolución. Para naciones pequeñas,
era importante que la repatriación ocurriera
sin garantías específicas de respeto
a las convenciones de derechos humanos o de prevenir
las subsiguientes repreasalias del gobierno cubano
contra los que fueran devueltos. Como aprendió
el gobierno de las Islas Caimán en 1994,
estas garantías resultan demasiados costosas
para una pequeña nación sin subsidios
de fuentes externas. Los acuerdos EEUU-Cuba de
devolución de balseros tenían estas
costosas protecciones.
Por el momento, los acuerdos migratorios EEUU-Cuba
de 1994 han controlado el flujo migratorio, pero
está creciendo una presión para
la salida entre los que carecen de canales legales.
Tanto a los niveles políticos como individuales
la cuestión es si los acuerdos podrán
seguir controlando el flujo migratorio con el
pasar del tiempo, especialmente porque las restricciones
norteamericanas a los viajes han hecho más
difícil ayudar a los parientes en Cuba.
Para los individuos, pese al creciente deseo de
irse, los acuerdos regionales de devolución,
las agresiva patrullas de la Guardia Costera y
el espectro de un prolongado internamiento han
dificultado el histórico canal de las balsas.
Será necesario inventar nueva formas de
salida individual y/o que se produzcan incidentes
de salidas masivas antes de que los cubanos ordinarios
puedan salir en cantidades importantes pese al
continuo goteo de los que llegan a través
del contrabando, los balseros de grandes distancias
y otras rutas a través de terceros países.
Queda por investigar donde está el equilibrio
de opiniones sociales y políticas dentro
de la población de balseros y, en realidad,
entre toda la generación cubanoamericana
posterior a 1990. Lo que queda claro según
los datos cuantitativos y cualitativos a mano,
es que la población es diversa y no tan
fácilmente categorizable como ha sido presentada
hasta ahora.
Holly Ackerman es profesora de la Universidad
de Miami. Reproducimos las conclusiones de su
estudio ''Los balseros, entonces y ahora'', sustentado
en entrevistas a cientos de balseros desde 1996
a la fecha.
Los fragmentos perdidos de una odisea
Wilfredo Cancio Isla, El Nuevo
Herald. 9 de agosto de 2004.
Por más de 15 años, Arturo Cobo
se esmeró en preservar los más increíbles
objetos, filmar testimonios y conservar imágenes
que con el tiempo se convirtieron en reliquias
históricas del éxodo cubano hacia
Estados Unidos.
Son 10,000 fotos, cientos de horas de grabaciones
y decenas de cajas con los nombres, la fecha de
salida y los teléfonos para localizar familiares
de balseros que nunca llegaron a tierra. Están
también las balsas rescatadas, las brújulas,
los compases de navegación y las linternas
que auxiliaron a muchos cubanos en la angustiosa
travesía en busca de una vida libre y mejor.
''Estos son los fragmentos dispersos de una tragedia
que debemos mostrarle al mundo como testimonio
de la agonía del pueblo cubano bajo el
régimen de Fidel Castro'', expresó
Cobo, veterano de Bahía de Cochinos y fundador
del desaparecido Hogar de Tránsito para
Refugiados Cubanos, en Cayo Hueso.
Con ese arsenal de historia reciente en su poder,
Cobo planea inaugurar a fines de este año
el Museo del Exodo Cubano en un local de Miami
donde radicó en el pasado una estación
de bomberos. El lugar, ubicado en la avenida 27
y la calle 3ra. del NW, es propiedad de la Ciudad,
y ya se han iniciado los trámites legales
para que pueda ser utilizado con fines culturales
en beneficio de la comunidad.
''Va a ser maravilloso poder tener allí
este museo, que se convertirá en orgullo
de la comunidad'', dijo el comisionado de Miami,
Joe Sánchez. "Esta es parte de nuestra
historia''.
La ordenanza para la concesión del local
será considerada por la Comisión
de Miami el próximo octubre. Sánchez
vaticinó que la propuesta será aprobada
sin dificultad, pues representa un proyecto modesto
en comparación con otras iniciativas para
museos que demandan gastos millonarios.
Por lo pronto, Cobo está en gestiones
con congresistas y personalidades locales en la
búsqueda de fondos suficientes para el
acondicionamiento del museo. No descarta la realización
de un radiomaratón para recabar el apoyo
de la comunidad exiliada.
Cobo abrió el Hogar de Tránsito
en septiembre de 1992 con apenas $6,000, en momentos
en que comenzaron a dispararse las llegadas de
balseros a las costas de la Florida. La institución
ofreció alojamiento, ropa, comida y ayuda
para localizar familiares a unas 15,000 personas
en los cuatro años que estuvo abierta.
''Decidimos abrir el Hogar para impedir que la
gente que venía buscando libertad tuviera
que ir a parar a una cárcel de inmigración'',
recordó el activista, que participó
también como voluntario en el recibimiento
de miles de cubanos durante el éxodo del
Mariel, en 1980.
El Hogar se mantenía en servicio las 24
horas. Dos operadoras telefónicas recibían
la información de personas que trataban
de ubicar a sus familiares a partir de su presunta
fecha de salida de Cuba.
''Fue algo tremendo, con gente llegando a las
3 y a las 4 de la madrugada'', relató Cobo.
"Hubo un día en la espiral del éxodo
[de 1994] que recibimos a 535 refugiados''.
Los activistas del Hogar también realizaron
en esos años operaciones itinerantes de
ayuda a cubanos detenidos en Guantánamo,
Panamá, Bahamas y Port Isabel en Texas.
La singular colección del futuro museo
incluirá piezas como la única tabla
rescatada del remolcador 13 de Marzo, hundido
frente a las costas de La Habana en el verano
de 1994, así como casquillos y esquirlas
de balas sacados de los cuerpos de balseros que
trataban de escapar de la isla.
Están documentados los casos de Andrés
Sánchez, Antonio Fernández y Elio
Díaz, quienes fueron tiroteados por las
Tropas Guardafronteras cuando escapaban junto
a otros 58 cubanos en un barco arenero el 6 de
junio de 1994, y el de Ivette Molina, quien recibió
impactos de bala estando embarazada.
''Son historias que no deben olvidarse'', dijo
Cobo. "A veces me levanto de madrugada recordando
alguno de esos casos y no puedo seguir durmiendo''.
wcancio@herald.com
Testimonios de la búsqueda de un sueño
9 de agosto de 2004.
JORGE DEL RIO, 39 años. Geógrafo
de profesión. Salió de Cuba el 19
de agosto de 1994, estuvo en los campamentos de
Guantánamo y llegó a EEUU en agosto
de 1995. Actualmente es dueño de la firma
Walsh Environmental, una consultoría ambiental,
en South Miami.
Aunque yo estaba decidido a irme desde finales
de los años 80, cuando ocurrió la
explosión del Maleconazo, el 5 de agosto,
lo tomé en serio. Había dejado el
trabajo y me dedicaba a negocios ilegales para
sobrevivir. Mi situación económica
estaba por encima del resto de la población,
pero me sentía ahogado en la isla, limitado
por un sistema anticuado, donde no podía
desarrollar mis capacidades.
Me tiré, con mi hermano menor y otros
tres amigos, en una balsa de poliespuma, tela
y madera, por la zona del teatro Carlos Marx,
en La Habana, el mismo día que Clinton
anunció que los balseros iban a ser interceptados.
Lo vi como mi ultima oportunidad. Para mí
quedó claro que todo iba a cambiar y que
a partir de ese día empezaban los procesos
de desajuste en la política migratoria
de EEUU hacia Cuba. Me parece mentira que hayan
pasado 10 años. Al principio me sentí
algo extraño, pero en poco tiempo la ciudad
se hizo mía, al punto que a veces tengo
la confusión sobre mis recuerdos infantiles,
trastocados entre Hialeah, Coconut Grove y la
playa de Santa Fe.
En el Miami Dade College estudié inglés
y computación, con la idea de tener más
posibilidades en el mercado de trabajo. Empecé
como handyman, reparando casas y trasladándome
en bicicleta. Luego me especialicé en sistemas
de información geográfica y comencé
a diseñar mapas, hasta que en el 2000 fundé
la compañía, junto a una amiga,
para realizar auditorías ambientales.
Lo más importante ha sido sentirme útil,
asumir que el trabajo que estaba haciendo, fuera
donde fuera, era el más importante del
mundo. Esa filosofía del trabajo me ha
funcionado siempre. En Cuba vendí maní
para que mi familia tuviera un plato de comida
sobre la mesa y porque prefería hacer eso
a trabajar como geógrafo, enfrentado a
la ineficiencia de la burocracia y la hipocresía
del gobierno. Así entré allá
en un ciclo sicológico que empieza por
el rechazo a los discursos de Fidel Castro y la
propaganda oficial, y sigue en las borracheras
con los socios, en el desinterés por todo
lo que te rodea. Un desamor por todo y para todo.
Cuando miro hacia atrás me asombro de
lo que he podido hacer aquí. Siento que
en este país he podido hacer más
por la sociedad y el prójimo que en Cuba.
La casa que compré en 1999, está
siempre abierta para acoger a un recién
llegado; desde el punto de vista social me he
comprometido e integrado más aquí
que en Cuba.
Pude traer a toda mi familia, mis padres, mi
abuela, mi hermana, que llegaron hace siete meses.
El pasado mayo fui a Cuba e intervine en un evento
sobre el medio ambiente. Fue interesantísimo,
porque compartí mi experiencia con muchos
de mis ex colegas y les respondí sus inquietudes.
La gente comienza a ver el mundo diferente, porque
se le derrumban muchos mitos inculcados sobre
la vida norteamericana, más allá
de los asuntos políticos. Creo que nosotros
que hemos vivido en las ''dos mitades'' de la
isla, tenemos la tarea de reconciliar una cultura,
juntar a los de allá y de acá, porque
hay muchos problemas de exclusión a ambos
lados.
No tengo dudas de que si volviera a estar en
las mismas circunstancias de 1994, me tiraría
nuevamente al mar. Aunque tuviera 60 años.
LUIS SOLER, 43 años. Diseñador
gráfico. Salió de Cuba el 15 de
agosto de 1994 y llegó a Cayo Hueso tres
días después, con una severa infección
en una pierna. Fue el último balsero que
pudo entrar a territorio de EEUU y ser procesado
antes de la decisión de Clinton de enviar
a los cubanos a Guantánamo. Dirige desde
1999 Graphísima, compañía
de publicidad y diseño gráfico.
Hace dos años fundó Passenger Care,
firma de protección de equipajes que opera
a nivel nacional.
Nunca había querido irme de Cuba hasta
1994. Tenía una situación económica
aceptable, había viajado al extranjero,
pero me percaté que allí no nos
iba a tocar la utopía de la glasnost y
la perestroika soviéticas, y que en la
isla no habría espacio para cambios y sueños.
Mi hija crecía y yo no tenía nada
que prometerle para su futuro.
Las únicas noticias de esos días
eran sobre los que se iban y llegaban a Miami.
Entonces comenzamos a hacer la balsa en casa de
un babalawo, padrino de uno que hizo la travesía.
Cuando la terminaron y el babalawo la bendijo,
no cabía por la puerta de la cocina, y
hubo que abrir la pared a mandarriazos. Nos tiramos
por la Playita 16 de noche. Durante los tres días
estuvo lloviendo y la balsa se destruyó,
quedando sólo las gomas.
Cuando el buque madre de los Guardacostas nos
rescató, yo estoy en estado de delirio,
con más de 40 grados de fiebre y una infección
en la pierna, desgarrada por picadas de peces.
Me envuelven en una manta, me recoge un helicóptero
y luego una lancha rápida con destino al
hospital de Cayo Hueso.
Una vez recuperado, las autoridades pretendían
llevarme a Guantánamo, pero le debo haberme
quedado aquí a la gente del Hogar de Tránsito,
que me trasladaron a su sede y me tuvieron allí
hasta que Inmigración optó por procesarme.
Yo digo que mi experiencia no es la común,
pues no pasé por lo que regularmente pasaron
los demás balseros. Sí, extrañaba
mucho a mi hija, a mi madre, pero entablé
una relación amorosa que aún perdura,
pude encontrar trabajo en mi profesión
y pronto me identifiqué con esta sociedad,
el sistema de créditos, las costumbres,
las direcciones de la ciudad...
Comparándome ahora con la persona que
era en Cuba, te diré que he cambiado mucho.
Aquí soy más el hombre nuevo que
se quería formar allá, comprometido
con la sociedad civil, con el trabajo, con los
valores humanos. Creo en el sentido social de
este país como no lo hacía en el
mío propio. Una serie de metas que tenía
como sueños en Cuba aquí he podido
convertirlas en verdades palpables.
Estuve ya dos veces en Cuba agilizando los trámites
para traer a mi madre y mi hija de 19 años,
que ya están acá. La experiencia
fue chocante. La policía pensó que
mi hija me estaba ''jineteando'' y le pidió
identificación. También fue un golpe
en lo que respecta a los sentidos. Sentí
una gran distancia de aquel lugar, me molestaron
cosas que antes aceptaba como comunes; salí
asqueado. Hasta perdí el apetito en esos
días.
SERGIO LASTRE Y ELSA DE LARA salieron de Cuba
el 22 de agosto de 1994. Fueron rescatados en
el mar dos días después y trasladados
a Guantánamo, donde permanecieron por ocho
meses. En Cuba, Sergio integró la preselección
nacional de taekwondo y Elsa estudió magisterio.
El trabaja como decorador de casas y está
dedicado al arte. Ella está desempleada.
Están casados hace 23 años y residen
en Hialeah.
SERGIO: En abril de ese año nos arrestan
tratando de abandonar el país y nos abren
una causa. Estábamos esperando el juicio
cuando se desata la crisis, así que viajamos
de La Habana a Aguada de Pasajeros y luego a Corralillo,
desde donde salimos en una balsa construida con
tubos de regadío y piezas de tractor. Me
voy por una mezcla de factores. No resistía
aquello, que es como un cajón alambrado
de dogmas ideológicos, y en los últimos
años me vinculé al grupo disidente
de Oswaldo Payá Sardiñas.
A Miami llegamos sin familia y hemos pasado momentos
difíciles, sin empleo, a punto de irnos
a dormir a la calle. Ahora trabajo para una compañía
de decoración de viviendas y dedico todo
mi tiempo libre a la creación artística.
En Cuba pintaba como hobby; aquí he logrado
afianzarme en el arte, mostrando mis pinturas,
esculturas y cerámicas en más de
40 exposiciones en EEUU y el extranjero.
Este país me ha dado la posibilidad de
soñar. Tengo planes y aspiraciones que
en Cuba no tenía, atrapado en la rutina
diaria. Cuando regrese a Cuba, hace dos años,
lo peor fue ver a la gente enterrada en vida,
sin ningún proyecto de futuro.
Siento nostalgia por Cuba todos los días.
No sé si es bueno o malo, pero vivo aquí
con un sentido de provisionalidad que me impide
echar raíces. Es un sentimiento que persiste
a pesar de que han pasado diez años.
ELSA: Aquí me gradué de asistente
médico en 1997, pero he trabajado en los
más variados lugares: limpiando casas,
en una bakery, en una escuela hebrea, en una clínica
y en factorías. Hace un año tuve
un accidente y no he podido trabajar más.
Pero estoy acostumbrada a los retos desde muy
joven.
Mi primer esposo murió en una misión
internacionalista en Angola con 18 años,
quedándome sola con dos hijos y embarazada
de la menor. Mi sueño era venir y tener
una vida mejor. Sí, la hemos pasado dura
y estamos tratando de ver adonde llegamos. El
principal eslabón que me falta es la familia.
Pudimos traer a Jorge Luis, mi hijo mayor, pero
allá quedan mis dos hijas. Mi madre murió
sin que pudiera volver a verla, pues la visa cubana
me llegó un mes después de su fallecimiento.
Añoro reunirme con todos mis hijos y caminar
por las calles de Cuba. No soy totalmente feliz,
pero no estoy frustrada ni arrepentida. Si hubiera
un cambio en Cuba, regresaría si mis hijas
no han podido venir. Pero lo pensaría detenidamente,
porque ahora mismo no sé cómo podría
adaptarme nuevamente a vivir allí.
ISABEL MARTINEZ, 38 años. Obrera. Salió
de Cuba con su hijo menor Lázaro y su actual
compañero, Francisco Meireles, el 22 de
agosto de 1994. Fue llevada a Guantánamo
y luego al campamento de Panamá antes de
permitírsele la entrada a EEUU, por motivo
de su embarazo, el 16 de diciembre de ese año.
Actualmente no tiene empleo fijo.
Me fui de allá con una causa pendiente,
porque en 1992 el padre de mi hijo mayor, Edgar,
me denunció por preparar una salida ilegal.
Me pedían cuatro años pero el niño
tenía entonces cuatro años y me
soltaron bajo fianza. Estuve escondida como seis
meses en Campo Florido, en las afueras de La Habana,
en 1994, hasta que finalmente me fugué
con mi hijo menor, Lázaro, que vino en
el barco de tres años.
No he tenido miedo a enfrentarme a las dificultades,
porque vine a luchar. He hecho de todo, desde
limpiar casas hasta vender cantinas. Lo más
difícil ha sido la lejanía de Edgar,
que se ha hecho un hombre sin tenerme a su lado.
El padre nunca autorizó su salida y murió
hace cuatro años, afectado por la bebida.
El niño está retenido allá
porque tiene edad militar, mientras que a mí
no me han dado el pasaporte cubano para poder
visitarlo. Las únicas llamadas telefónicas
que hago a Cuba son a mi hijo, todos los meses.
Tengo padre y diez hermanos allá, pero
el dinero no alcanza. La división familiar
es algo muy duro, sobre todo cuando no tienes
seguridad de que vas a volver a verlos. He sufrido
mucho, esa es mi historia. Pero no quisiera volver
a vivir en Cuba. Me he adaptado a la vida en este
país, donde he tenido libertad para expresarme
y me siento valorada como persona. Mi anhelo es
poder ver a mi padre y reunirme con mi hijo mayor.
Sueño con tener un restaurante y ser chef
de cocina.
Disidente preso está 'estable' luego
de infarto
Efe, LA HABANA. 8 de agosto de
2004.
El disidente cubano Margarito Broche Espinosa,
uno de los 75 opositores condenados en la primavera
del 2003, se encuentra ''estable'', tras el infarto
de miocardio que sufrió en la cárcel,
dijo ayer a EFE su esposa, María Caridad
Noa.
''Su salud está delicada aunque en este
momento está estable, tiene la presión
arterial controlada y el ritmo cardiaco'', declaró.
Broche, de 47 años, fue trasladado el
miércoles desde la prisión de la
localidad habanera de Guanajay e internado en
la sala de terapia intensiva del hospital ''Salvador
Allende'' (antiguo ''La Covadonga'') de La Habana.
El opositor, que es miembro del grupo gestor
del Proyecto Varela que encabeza el disidente
Oswaldo Payá y líder de la Asociación
de Balseros de Cuba, Margarito fue condenado a
25 años de cárcel en los juicios
sumarísimos contra 75 opositores acusados
de conspirar con Estados Unidos y socavar los
principios de la revolución.
Noa indicó que los médicos que
atienden a Broche le explicaron que las 72 horas
posteriores al infarto ''son las más peligrosas''
y este mediodía le comunicaron que el jueves
había presentado "un bloqueo transitorio''.
No obstante, le dijeron que ''está evolucionando
bastante bien'' y que de continuar así,
el próximo sábado podría
ser transferido a la sala de terapia intermedia.
Noa dijo que pudo ver anoche a su esposo a través
de un cristal y que él se esforzó
por levantar la voz para decirle "hoy me
siento mejor, con un poco dolor en el brazo derecho''.
La mujer dijo que esperaba poderlo ver nuevamente
ayer junto a los demás familiares allegados,
su hijo Osmany Broche Noa, y la madre y hermanas,
que permanecen desde ayer a las puertas de la
sala hospitalaria.
La esposa de Noa refirió que con él
está permanentemente dos oficiales de la
cárcel de alta seguridad de Guanajay y
se quejó de que las enfermedades que hoy
presenta su esposo se deben a "los tratos
crueles y degradantes, la falta de medicamentos
y despreocupación de quienes lo atienden
en la prisión''.
Respecto a que su marido pueda acceder a una
licencia extra-penal como la que han recibido
otros siete disidentes del ''Grupo de los 75'',
dijo que "no puedo afirmar nada porque este
gobierno es impredecible, pero me dijeron que
para la prisión de Guanajay no va más''.
Recordó que en julio pasado envió
una carta al ministro del Interior, Abelardo Colomé
Ibarra, en la que ''solicitamos una licencia extra-penal''
atendiendo a su delicado estado de salud.
''Lleva casi 17 meses preso, ha presentado frecuentes
hipoglicemias, tiene problemas circulatorios y
hemorroides y presión arterial descompensada'',
señaló.
Dijo también que padece de broncoestasia
y enfisema pulmonar, úlcera duodenal y
hernia discal.
La opositora Marta Beatriz Roque Cabello, única
mujer del ''Grupo de los 75'' que cumplía
una condena de 20 años, fue la última
excarcelada el pasado 23 de julio.
La Fundación critica al cineasta Moore
EFE. 8 de agosto de 2004.
La influyente Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA) rechazó ayer los comentarios
''racistas e intolerantes'' del cineasta estadounidense
Michael Moore, director del filme Fahrenheit 9/11,
contra la comunidad cubanoamericana.
''La FNCA rechaza totalmente los comentarios
intolerantes y racistas del señor Moore
contra los cubano americanos y en particular contra
esta organización'', expresó el
grupo en un comunicado divulgado ayer en Miami.
La organización reconoció el derecho
del cineasta a expresar sus opiniones, pero criticó
que haya elegido como objetivo a una minoría,
que en muchos aspectos es la ''encarnación''
del sueño americano.
''Como tonto útil, el señor Moore
pasará a la historia como un defensor de
la dictadura más brutal en la historia
de las Américas'', afirmó la FNCA
refiriéndose al régimen de Fidel
Castro.
Sugirió a Moore visitar Cuba, en particular
a las esposas de 75 disidentes, muchos de los
cuales están encarcelados por expresar
su desacuerdo con el gobierno cubano.
El exilio ha reaccionado con indignación
a algunos comentarios del cineasta emitidos en
artículos de opinión y en su libro
Downsize This! .
Moore calificó a los exiliados cubanos
de ''peleles'', de presionar presuntamente la
política de EEUU hacia Cuba y de abandonar
la isla en vez de pelear contra Castro.
Pelotero cubano ya es residente dominicano
Enrique Rojas / Ap, SANTO DOMINGO.
6 de agosto de 2004.
El pelotero cubano Kendry Morales obtuvo la residencia
dominicana y está listo para comenzar a
negociar un posible contrato con las organizaciones
de Grandes Ligas, dijeron ayer el jugador y sus
representantes.
''Estoy feliz por haber terminado este paso en
el proceso de intentar llegar a las Grandes Ligas
de Estados Unidos. Ahora que tengo la residencia
dominicana, comenzaré a escuchar ofertas'',
dijo Morales a The Associated Press.
''Solamente quiero jugar béisbol, algo
que me estaban impidiendo en Cuba en los últimos
tiempos'', agregó Morales, quien estuvo
acompañado por John D. Mano y David Valdés,
sus actuales representantes.
Valdés, por su parte, dijo que esperan
recibir en los próximos días la
aprobación de la oficina del comisionado
de Grandes Ligas para comenzar a negociar.
A principios de junio pasado, Morales y otras
18 personas partieron de Cuba hacia Estados Unidos
en una balsa. Luego de ser admitido como refugiado
político, Morales se trasladó a
República Dominicana.
De acuerdo con las reglas vigentes, los peloteros
cubanos que salgan de su país tienen que
someterse a un sorteo especial para ser contratados
por las organizaciones de las Ligas Mayores.
Sin embargo, cuando un jugador cubano adquiere
residencia en un tercer país, se convierte
en agente libre, y puede elegir la mejor oferta
económica que reciba.
Morales, un poderoso bateador ambidiestro con
envidiable talento, se convirtió en la
sensación del béisbol cubano en
el 2002, cuando tenía 19 años de
edad.
Jugando para el popular equipo habanero Industriales,
Morales se estableció como el mejor limpiabases
del torneo, bateando .324 con 21 jonrones, 82
carreras impulsadas y 60 anotadas.
Inmediatamente fue incluido en la selección
nacional que estuvo en la Copa Mundial del 2000.
Sin embargo, las autoridades cubanas separaron
a Morales del equipo nacional y posteriormente
de Industriales por sospechas de que quería
desertar durante el torneo preolímpico
del 2003 en Panamá.
El jugador tampoco fue invitado a participar
en los Juegos Panamericanos, que se celebraron
en Santo Domingo el año pasado.
''Nunca tuve contacto con buscatalentos o algo
parecido, pero ellos (las autoridades) dijeron
eso. Solamente quería jugar béisbol
y no me dejaban'', dijo Morales.
Ahora el pelotero se prepara en Santo Domingo
para volver al terreno de juego, posiblemente
en el mejor nivel del mundo: las Ligas Mayores.
''En Cuba nunca soñé con las Grandes
Ligas como una posibilidad. Mis sueños
eran jugar en la serie nacional y ser integrado
a la selección del país. Justamente
cuando había logrado cumplir esos sueños,
me los truncaron'', dijo Morales, quien se desempeñó
en los jardines, primera base y hasta lanzó
en la pelota cubana.
Valdés, en tanto, alabó las cualidades
del pelotero cubano.
''Kendry tiene un talento fuera de lo común
y estoy seguro de que puede brillar en cualquier
nivel. Tiene poder [para batear] a las dos manos,
puede jugar varias posiciones y es muy joven'',
expresó.
Adoptan más medidas para el ahorro
de electricidad
Efe, LA HABANA. 6 de agosto de
2004.
Cuba anunció ayer la adopción de
nuevas medidas para reducir el consumo de electricidad
a causa de un déficit de generación
provocado por averías en el sistema.
El jefe del Programa de Ahorro de Electricidad
en la isla, Víctor Puentes Monto, dijo
a la televisión local que el déficit
se estima en unos 200 megavatios, debido principalmente
a una avería en la Central Antonio Guiteras
de Matanzas
Esa central eléctrica está considerada
el bloque energético más grande
de la isla con una capacidad de 330 megavatios.
Según el regulador nacional de la energía,
a esta situación se han sumado la salida
de otros bloques generadores debido a mantenimientos
ya planificados.
Entre las regulaciones para disminuir la demanda,
el gobierno de la isla ha indicado a los organismos
estatales paralizar sus actividades productivas
no vitales y trabajar en las sedes de los aparatos
administrativos con el personal imprescindible
y otorgar vacaciones al resto.
También se ha dispuesto apagar los aires
acondicionados en las instituciones estatales
durante los horarios de mayor demanda, limitar
la iluminación y el uso de equipos eléctricos
y realizar el riego agrícola electrificado
en horas de la madrugada.
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