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SOCIEDAD
El pollo de los
104 pesos
LA HABANA, 3 de agosto (Adrián
Leiva, Grupo Decoro / www.cubanet.org) - En la
pizarra donde se anunciaban los productos a la
venta se podía leer, entre varias ofertas,
pollo entero a 27 pesos la libra. Dos o tres clientes
nos encontrábamos en el establecimiento,
perteneciente a la cadena estatal Doña
Yuya, que comercializa una gama de productos que
van desde cigarrillos, arroz, frijoles, ron, cerveza
y paquetes de croquetas saborizadas, entre otros.
Una señora de mediana edad miraba hacia
los pollos en sus envolturas de nylon puestos
en exhibición sobre la nevera del establecimiento.
Mientras parecía indecisa sobre cuál
escoger, el dependiente se dirigió hacia
ella para ayudarla. Luego de preguntar si el precio
expuesto en la tabla era el correcto y de recibir
la respuesta afirmativa del empleado, la señora
señaló una de las muestras. Luego
de efectuarse el peso de la misma y del correspondiente
cálculo del precio, la respuesta dejó
pasmada a los presentes. "Son 104 pesos",
dijo el vendedor con voz normal.
La señora, sorprendida por el importe
de su elección, pidió que le fragmentaran
el pollo, pues al parecer el dinero no le alcanzaba.
Según las palabras del dependiente la solicitud
no podía ser complacida al estar prohibida
la venta parcial. La mujer le explicó que
solamente disponía del salario recibido
ese mismo día y que consistía en
125 pesos. Si pagaba la cantidad señalada
estaría dando casi la paga de su quincena
de trabajo. Ella tenía dos hijos y muchas
necesidades que cubrir con esa cantidad de dinero.
De manera conmiserativa el joven le dijo que no
se apenara, que él vendía muy pocos
pollos por esa misma razón. Y añadió
que esa hipotética venta, de efectuarse,
sería la primera en esa jornada.
Cabizbaja y contrariada la mujer miraba en forma
alternativa el sobre de su jornal y el pedazo
de pollo mientras comentaba: "Yo no sé
para qué trabajo, si el dinero que cobro
apenas me alcanza para las necesidades básicas.
Ni siquiera me sirve para comprar un pedazo de
pollo para la comida de mis hijos".
Mientras presenciaba esta situación tan
triste pensaba en las veces en que he deseado
comer una buena comida. Pero al igual que la señora
tenía que conformarme una vez más
con el paquete de croquetas de calidad bastante
dudosa, pero más acorde a mis posibilidades
monetarias. Al menos esta tarde podría
disponer de un extra que acompañara a los
frijoles y el arroz sobre mi mesa.
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