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SOCIEDAD
La chica hermosa
de mi barrio
Diolexis Rodríguez Hurtado, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, agosto (www.cubanet.org) - Es muy
común entre los jóvenes y también
entre los adultos conversar de lo que estamos
haciendo o sobre nuestros planes futuros; sin
embargo, cuando nos preguntan directamente a la
cara, para qué y por qué vivimos,
titubeamos por unos segundos ordenando nuestras
ideas, porque no tenemos una respuesta a esa interrogante.
Aunque cada persona es un mundo, como dice el
viejo refrán popular, no ocurre lo mismo
con nuestro desarrollo psicológico y social.
Respiramos por primera vez, casi completamente
limpios de sentimientos o pensamientos, porque
es una ley de la vida el tener que aprender a
razonar, odiar, caminar, amar, etc, en un largo
proceso de socialización. Con el tiempo
el hombre logra tener ciertos grados de independencia,
primero en habilidades físicas y más
tarde en los procesos internos del pensamiento.
En un diálogo con una joven de apenas
14 años de edad le pregunté por
qué ella había tomado el camino
de la prostitución. La muchacha me respondió
con mucha naturalidad, como una experimentada
mujer de la calle: "Por favor, yo no soy
una prostituta, jinetera suena mucho mejor en
nuestro diccionario, pero espera unos minutos,
que te contaré un poco más de mi".
Con aires de doncella, me invitó a sentarme
en un banco cercano, cruzó sus piernas
y encendió un cigarrillo como para poder
concentrarse mejor.
"Apenas cumplí los 14 años
de edad, tenía ideas de seguir estudiando
y llegar a hacer una buena profesional, tengo
algunas facilidades para las asignaturas, por
eso pensé poder ayudar a la humanidad en
el futuro y lo que es muy importante, no depender
nunca de nadie para ser capaz de enfrentar y resolver
mis problemas. Siempre soñé con
ser educadora, pero la situación económica
que atravesaba mi familia me obligó a abandonar
los estudios cundo iniciaba la enseñanza
media, para comenzar a vender mi cuerpo a todo
extranjero que se interesara por él".
En este punto la joven se detiene por unos segundos,
absorbe una bocanada de humo y mira hacia el azul
del cielo como pidiendo perdón por los
pecados cometidos, respira profundo y continúa.
"En realidad al principio todo era una odisea,
especialmente las primeras veces, cuando tenía
que dejarme pasar la mano de uno de mis clientes
y más tarde ir a la cama con ellos, pero
debía complacerlos para luego poder tener
el plato de comida, a la ropa o los zapatos, como
lo tienen otras personas decentes. Las reglas
de juego de mi trabajo incluyen hacer cosas inverosímiles
con estos viejitos que vienen a Cuba en busca
de ocio y placer.
"Pero a este mundillo, donde hay lucha por
la supervivencia, entré por la puerta ancha
con la ayuda de unas amigas. Como yo, miles de
jovencitas de mi edad buscan esta forma de vida
para sobre vivir. Ellos, los turistas, nos dicen
que las mujeres cubanas son las más baratas
del planeta, amén de que somos educadas
y complacientes. Dicen que no vienen porque les
guste Cuba, sino en busca de sexo, especialmente
con niñas bien jóvenes como yo".
El objetivo final de Maylín, residente
en uno de los barrios de mala muerte de la ciudad
de Santa Clara, es el de emigrar en el futuro
y así poder ayudar a su familia desde el
exterior, regresar a Cuba para que entonces la
traten como es debido, sin olvidar que la llamen
"señora" en los lugares dolarizados
de donde tantas veces la han echado mientras estaba
a la caza de algún turista de paso.
Las personas encuentran la felicidad de diferentes
maneras, aunque en el caso de Maylín, lo
primario es encontrar el placer de sus instintos
personales y deseos individuales, como la obtención
de objetos que le proporcionen comodidad y bienestar
familiar, no importa el precio que tenga que pagar.
Es fácil que estas personas en Cuba se
mezclen fácilmente con las drogas, especialmente
los psicotrópicos, así como con
el hábito del alcohol. Esta prostitución
infantil es debida a la agobiante situación
económico-social de las familias cubanas,
las que no encuentran una salida decente a la
crisis de más de 45 años de poder
totalitario, que a la postre, es la razón
y causa de todo el abanico de penurias del cubano.
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